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ABC SÁBADO 14 1 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR CARLOS ALBERTO MONTANER CASTRO, LA MUERTE DE KENNEDY Y EL SILENCIO CÓMPLICE El documentalista alemán Wilfried Huismann ha atribuido a Fidel Castro la responsabilidad del asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy ESPRECIO las teorías conspirativas de la historia, pero a veces hay que rendirse ante la evidencia. Con abundantes pruebas en la mano, el documentalista alemán Wilfried Huismann ha atribuido a Fidel Castro la responsabilidad del asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963. El documental, titulado Cita con la muerte. Castro y Kennedy, estrenado en la televisión pública alemana, aporta diversos documentos y algunos testimonios novedosos, pero los elementos más contundente son un informe de la inteligencia mexicana, clasificado como Oswaldo- Kennedy en el que se afirma que en septiembre del año 1963 Lee Harvey Oswald recibió en México seis mil quinientos dólares de los servicios secretos cubanos como ayuda para que llevara a cabo el crimen proyectado. Por su parte, Óscar Marino, ex oficial del G- 2 cubano, ya anciano y exiliado, corroboró la pesquisa del cineasta alemán: Se ofreció para ejecutarlo, y nosotros lo utilizamos No es la primera vez que se maneja esa hipótesis. Jacquie Kennedy y Lyndon Johnson, sin duda dos de las personas más cercanas al presidente, lo creían firmemente, pero ocultaron esa certeza para no provocar otro incidente con la Unión Soviética. Si en ese momento revelaban sus fundadas sospechas, dada la indignación de la sociedad norteamericana, era inevitable invadir Cuba y castigar al culpable, pero la estremecida Casa Blanca no quería otra peligrosa confrontación con el Kremlin semejante a la que en octubre de 1962 había puesto al planeta al borde mismo de una guerra nuclear. Bobby Kennedy, entonces fiscal general de Estados Unidos, seguramente también compartía la misma sospecha, pero tampoco le convenía acusar a Castro. A fin de cuentas, parece que el dictador cubano, como le advirtió al embajador brasileño en La Habana pocos días antes del crimen, estaba respondiendo de esa manera a los intentos de asesinato organizados por el hermano del presidente con la ayuda de la mafia. A partir de esta censurable ocultación de información a la sociedad norteamericana, tanto en Washington como en La Habana se desarrollan dos estrategias para manipular a la opinión pública. En Washington se frena y desvía de las pistas adecuadas a los investigadores del FBI, especialmente de las fuentes mexicanas, y se crea la Comisión Warren para persuadir al mundo de que la muerte del presidente de Estados Unidos había sido la obra aislada y solitaria de un loco peculiar e incontrolable. En La Habana, Fabián Escalante, precisamente el oficial de inteligencia que viajó a Dallas el día del asesinato de Kennedy, acaso para monitorear la operación, hoy general y ex jefe de Inteligencia, D para borrar sus propias huellas elabora la teoría de que hay otros tiradores que le disparan a Kennedy. Escalante imputa el crimen a Herminio Díaz, un exiliado con antecedentes violentos, ex compañero y amigo de Fidel Castro en la Unión Insurreccional Cubana (UIR) a fines de los años cuarenta, supuestamente acompañado en el magnicidio por Eladio del Valle, otro exiliado también de inquietantes antecedentes. Naturalmente, cuando apareció la coartada de Escalante, tanto Díaz como Del Valle habían sido convenientemente liquidados por los servicios cubanos, de manera que no podían defenderse de la acusación. Queda suelto, sin embargo, el cabo de Jack Ruby, asesino de Oswald. ¿Por qué una persona de la baja catadura moral de Ruby, que no es un fanático ni un patriota, pero sí parece ser un mafioso disciplinado, se sacrifica y ajusticia a Oswald ante las cámaras de la televisión norteamericana? Para tratar de contestar a esta cuestión es de rigor hacerse la clásica pregunta policiaca: ¡quién se beneficiaba directamente de la muerte de Oswald? Sin duda, los mafiosos, Bobby Kennedy y Fidel Castro, personas que hubieran debido enfrentarse a graves problemas si se descubrían sus oscuras maquinaciones. En todo caso, lo que resulta extraordinariamente vergonzoso es que, primero, el gobierno de Bush, ante las nuevas evidencias aportadas por los alemanes, no reabra las investigaciones para darle a la sociedad estadounidense la verdad definitiva que se le ha escamoteado durante tantos años; y, segundo, que el senador Ted Kennedy y el resto de esa poderosa familia no digan de una vez por todas lo que saben, creen o sospechan de la muerte de John, el miembro más ilustre de la familia y el más admirado de los presidentes norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Ese silencio por parte de los Kennedy, a lo que se suma la amistosa visita a Fidel Castro de algún miembro del clan de Boston es casi tan inexplicable y repugnante como esta vieja y cansada historia de mentiras, ocultamientos y desinformación. Periodista, escritor y presidente de la Unión Liberal Cubana REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO APAÑOS VASCO- CATALANES La gestión gubernamental de los problemas vascos, catalanes, europeos y americanos es percibida en Londres, París, Berlín, Moscú y Santiago de Chile en términos harto confusos. El Economist publica un editorial benevolente y una crónica agridulce sobre los zigzags del presidente Zapatero, estimando que, finalmente, su capacidad de decir a todo el mundo lo que cada cual desea oír, para colarse él entre esas maniobras, está llegando al límite de lo razonable, a la luz de la gravedad de los problemas pendientes. El Economist estima que los nacionalistas nunca estarán satisfechos con las posibles concesiones pero considera plausible, por razones tácticas, dialogar con ellos, para intentar diluir sus demandas de independencia. Sin embargo, en definitiva, concluye, en el caso de Cataluña no cabrán apaños ni chapuzas. Menos irónico y más solemne, en el fondo, Le Monde titula: Tempestad en torno al congreso de Batasuna Y describe por lo menudo la complejidad inflamable del problema vasco, con su largo rosario de incertidumbres judiciales, agravadas por la ligereza política de fondo, que, a su modo de ver, pudiera precipitar problemas inéditos, si, por ejemplo, comenta, el Foro de Ermua decidise abrir un nuevo frente judicial contra los responsables del congreso de Batasuna, comenzando por el presidente Zapatero. Esa marea negra de fondo está matizada con rachas graneadas de granizo diplomático. En Viena, Die Presse publica unas declaraciones de Liese Prokop, la ministra austríaca de Interior, comentando los problemas de inmigración, en Europa, con pocas concesiones a la política española. En Múnich, Süddeutsche Zeitung glosa la visita a Washington de Angela Merkel dejando caer, de pasada, las inexistentes relaciones Bush Zapatero. Por el contrario, la edición online de Pravda, en Moscú, se regodea en la crisis hispano- norteamericana por la venta de armas a Hugo Chávez. En ese terreno, desde Santiago de Chile, Felipe González tampoco está en una sintonía absoluta con Zapatero, declarando a El Mercurio: La verdad es que no me siento identificado con la izquierda del Chávez Aportando este matiz sobre Irak: Seguramente, yo habría retirado las tropas. Pero lo más probable es que no de la misma forma. Creo que lo hubiera hecho con más consultas, más precauciones