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ABC SÁBADO 14 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA TATUAJES E COMO LEÓN RUGIENTE EHMET Alí Agca recupera la libertad. Nunca sabremos cuáles fueron las desquiciadas razones íntimas que lo impulsaron a tirotear, aquel 13 de mayo de 1981, a Juan Pablo II; sí sabemos, en cambio, que, como Lee Harvey Oswald y tantos otros ejecutores pánfilos de designios que ni siquiera llegaron a vislumbrar, Alí Agca era en realidad un hombre de paja al servicio de fuerzas tenebrosas. La prensa lo presentó en su día como un fanático religioso; pero lo cierto es que su biografía no registra episodios de devoción islámica. Por lo demás, ¿cómo un simple fanático sin recursos económicos se las habría arreglado para viajar con pasaportes falsos e identidades apócrifas por los parajes más diversos del atlas (Irán, Bulgaria, Alemania, Suiza, Austria, Túnez, España y la URSS fueron algunas de las escalas de su itinerario prófugo) después de asesinar en febrero de 1979 JUAN MANUEL al director del diario turco Milliyet y DE PRADA escapar de una prisión de máxima seguridad disfrazado de soldado? Su primera reacción cuando fue aprehendido en Roma fue de perplejidad; como Oswald, quizá pensaba ilusamente que quienes le habían ordenado disparar habrían dispuesto su plan de huida. Unos meses más tarde, cuando el juez Santipiachi lo condenó a cadena perpetua, Alí Agca renunció a ejercer su derecho a la apelación. ¿No pensaría, el pobre diablo, que los mismos que lo habían liberado en Estambul actuarían también en Roma? La sentencia del juez Santipiachi, por cierto, consideraba demostrado que Alí Agca no había actuado solo, sino que había ejecutado con frialdad casi burocrática una tarea que le había sido confiada por otras personas, dentro de una conspiración oscurecida por el odio si bien reconocía que no había sido posible desvelar la identidad ni probar los motivos de los conspiradores Durante el juicio, Alí Agca reconoció haber ad- M quirido la pistola con la que había atentado contra el Papa en Bulgaria; también que, durante su breve estancia en Roma, había mantenido contacto con funcionarios búlgaros. Dada la férrea sumisión que la Unión Soviética imponía a los países satélites del Pacto de Varsovia, resulta inverosímil pensar que un funcionario búlgaro pudiera actuar en asuntos tan delicados sin la anuencia de Moscú. Desde su primera visita a Polonia, en el verano de 1979, la prensa soviética se había encargado de señalar a Juan Pablo II como un enemigo ideológico astuto y sumamente peligroso El pueblo polaco, reducido a la más cabizbaja esclavitud, había hallado en la figura blanca y robusta de Wojtyla el emblema de una nueva era. El comunismo, esa burocracia de la muerte, se había topado, en la figura de Juan Pablo II, con un enemigo mucho más acérrimo que las divisiones militares. Naturalmente, los burócratas de la muerte se revolvieron con furia contra la amenaza vaticana: el KGB de Yuri Andropov urdió a buen seguro la conspiración; y los servicios de inteligencia búlgaros se habrían encargado de atraer al testaferro turco. Pero las balas no pudieron con el Espíritu. La noche anterior al atentado, en su oración de completas, Juan Pablo II leyó un versículo de la primera epístola de San Pedro: Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar Ya sabíamos, por el Deuteronomio, que el nombre del Diablo es legión; aquella tarde del 13 de mayo de 1981 supimos también que la legión infernal no podría vencer jamás al Espíritu. El Papa Wojtyla viviría para celebrar el naufragio de una ideología que seguramente hoy seguiría apacentando sombras de no haber mediado su intervención. Aquella pregunta jocosa de Stalin ¿Cuántas legiones tiene el Papa? había obtenido al fin respuesta. En el infierno se escuchó su rugido de león agonizante. STA ministra tan moderna, Trujillo, tan neohippie con sus tatuajes de henna, tan luminosa con su brillante en la dentadura, tan funcional con su despacho zen, es un prodigio de eficacia, una maravilla de empuje, un portento de vigor. Nada menos que 195 viviendas (ciento noventa y cinco, no hay erratas) ha alquilado su Ministerio en cuatro meses que lleva funcionando la agencia pública creada para abaratar los arrendamientos, que se van a desplomar de un momento a otro ante la energía y el brío de la oferta gubernamental. Y sólo se ha gastado seis millones de euros en esta friolera de contratos, que tiene temblando a las agencias de propiedad inmobiliaria, horrorizadas ante el coraje y la agresividad de tan inIGNACIO esperada competencia. CAMACHO Ante esta evidencia manifiesta se va a acabar la flagrante injusticia de que María Antonia Trujillo sea con terca recurrencia la ministra peor valorada del Gabinete Zapatero. ¿Cuándo se ha visto en España un Ministerio capaz de poner en alquiler 195 viviendas en cuatro meses? Algunos puristas liberales sostienen que en realidad nunca se había visto, desde los tiempos de Franco, un Gobierno que considerase propio de su actividad el arrendamiento urbano, y que para estimular los alquileres sería mucho más efectivo rebajarles los impuestos y agilizar las ejecuciones de impagados. También aseveran que cualquier agencia privada puede despedir por falta de productividad a un vendedor que logre menos de doscientos contratos en un cuatrimestre. Tonterías. Ganas de negarle méritos a los socialistas, que en su afán de servicio público son capaces de invertir, sin escatimar gastos, mil millones de pesetas en una agencia inmobiliaria para atender cinco mil demandas y resolver menos de doscientas. Esto sí que es una ratio estajanovista. Cada uno de esos 195 contratos le han costado al Estado 30.679 euros, algo más de cinco millones de las extintas pesetas. Un poco caros, sí, pero la cuestión es que el Ministerio de la Vivienda, contra el pronóstico de los agoreros y las críticas de los profesionales del pesimismo, ha puesto en marcha al cabo de dos años su maquinaria contra los excesos del mercado. Y eso ya va a ser imparable. Por eso la ministra se ha tatuado henna en las manos y se ha injertado un seductor brillante en medio de la sonrisa de vender triunfalismos. Una imagen seductora, fresca, renovada, para una gestión competente y de avasalladora pujanza. Aún no ha construido micropisos, pero ya tiene la SPA, que no es un balneario- -aunque lo parezca por su nivel de actividad- sino una Sociedad Pública de Alquiler. Que tiemblen los especuladores, que se les viene encima la apisonadora del Estado. Si le gustan los tatuajes, Trujillo podría pintarse, como Rimbaud, una leyenda de impacto: He nacido para revolucionar el infierno Eso sí, poquito a poco. Que las prisas son malas consejeras.