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96 VIERNES 13 1 2006 ABC Gente El fantasma carnal de Cecilia Sarkozy La esposa del polémico ministro del Interior francés ha vuelto al hogar tras varios meses de turbulentas desavenencias conyugales TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO FOTO: AP Brigitte Bardot, contra la caza de lobos. La actriz francesa, célebre activista en favor de los derechos de los animales, ha manifestado sentirse asqueada porque continúe la cacería aérea de lobos en Alaska. ¿Cómo pueden legitimar una masacre tan degradante y que deshonra a la especie humana? se pregunta. cilia María Sara Isabel Ciganer Albéniz, esposa de Nicolas Sarkozy, habla un castellano perfecto y podía parecer tímida, hace meses, cuando todavía recibía en la residencia personal del ministro francés del Interior, su marido, en la plaza Beauveau, a unos metros de la antigua peletería de su padre, André Ciganer, ruso huido del comunismo, que se casó con Diana Albéniz, nieta de Isaac Albéniz, uno de los patriarcas de la música española contemporánea. En verdad, tras la timidez y un ligerísimo maquillaje, perfecto, a las nueve de la mañana, muy deportiva, Cecilia Sarkozy podía imponer el ritmo de su conversación, tranquila, sin prisa, matizando cada palabra, con la precisión de una antigua estudiante de piano, casada en segundas nupcias con el político más ambicioso de Francia, tras un primer matrimonio con un animador de radio y televisión muy famoso, en su tiempo, padre de dos de su tres hijos. Ayer mañana, Cecilia era el fantasma invisible pero bien presente en la gran ceremonia audiovisual de su esposo, tras seis meses de una loca aventura sin precedentes en la vida pública francesa, con jalones siempre al borde de un precipicio escandaloso: rumores de infidelidades de Nicolas; ru- Ce mores de reconciliación; fotos de Cecilia en compañía nocturna de un consejero de su esposo; abandono del domicilio conyugal; huida a Nueva York con Richard Attias, que fue el publicitario de Sarkozy; rumores de divorcio; y... vuelta inesperada y espectacular al domicilio conyugal, para rehacer una familia cuyo destino se confunde con la larga marcha hacia el palacio del Elíseo, donde su esposo recobrado espera instalarla, a ella y a sus hijos, si gana las presidenciales del 2007. Entre la nube de moscones, periodistas, políticos y trepadores de la más diversa obediencia, ayer estaba ausente en el palacio de la plaza Beauveau una conocida periodista de Le Figaro biógrafa de Chirac- -el más íntimo de los enemigos de Sarkozy- -que fue la amante de su esposo mientras ella estuvo en Nueva York con Richard Attias. Eclipsada en la tradicional ceremonia de principios de año, Cecilia vagaba, como un fantasma, bien real y carnal, en la imaginación y suputaciones de los centenares de presentes, persiguiendo en el rostro y las maneras del ministro del Interior la huella de un reencuentro amoroso; mientras él sonreía como un felino, con la energía del samurai solitario, curtido en incontables batallas nocturnas, no solo políticas. Cecilia y Nicolas Sarkozy, en las celebraciones del 14 de julio, la fiesta nacional francesa