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ABC VIERNES 13 1 2006 Espectáculos 57 Crash el nuevo trabajo de Paul Haggis, el guionista de Million Dollar Baby retrata una sociedad norteamericana presa de la paranoia en la que lo mismo se puede perder la vida por un mal guiño que por un paso de más en una esquina de dudosa confluencia Cuba libre Algarada en la embajada ocupada España, 85 m. Dir. Raimundo García Int. José Luis López Vázquez, Sergio Villoldo, Kira Miró ANTONIO WEINRICHTER Un nuevo mundo perfilado entre bocetos de miedo, angustia y terror TEXTO: JOSÉ MANUEL CUÉLLAR MADRID. Ya saben que hoy en día el cine en sí apenas existe. Existen las historias mejor o peor contadas, pero lo que permanece es la esencia. Es por eso que lo que se valora como puro oro son los guionistas. Pues bien, la gente acude a ver los trabajos de Paul Haggis, un tipo que empezó haciendo un capítulo de Vacaciones en el mar y acabó escribiendo Million Dollar Baby Vamos, que no era de extrañar que se juntara con Clint Eastwood, que vio en él a su alma gemela. Pues el alma gemela del héroe del siglo XXI dio un paso hacia la dirección en este Crash que es terrible. Un dibujo en el que se observa un panorama desolador de lo que se supone es el país más adelantado y moderno del mundo. Cuenta Haggis una serie de relatos individualizados en la que las historias cortas se van cruzando, haciendo de una misma persona un villano un día y un héroe al siguiente, en una especie de esquizofrenia pura, que es en lo que se han convertido los ciudadanos de Los Ángeles, azuzados por una sociedad violenta y cruel, metida en un túnel del tiempo en el que impera la bala sobre el raciocinio, donde la paranoia es tal y el miedo está tan presente que todo, la vida, el alma, la mujer y la familia, se puede perder en un mal paso, en una palabra a destiempo o, simplemente, por pasar una esquina y meterte en el barrio equivocado o en una zona mortal. Así de fácil y así de terrible. Lo bueno de Crash no es la atmósfera, cargante en sí, el terror latente que desprende cada escena, sino la sensación, asumida por todos, de que viven de continuo al borde del abismo, de que están encerrados en una espiral del tiempo que les ha llevado a sus orígenes, al western más puro, donde una vida no vale ni lo que cuesta una bala. Puros despojos en medio de una sociedad en la que es mucho más fácil perder la cabeza que el alma, hundida en el fango hace ya demasiado tiempo. Esta curiosa película tiene la peculiaridad de plantear desde su modestia de medios una prolija situación límite: la involuntaria pero efectiva ocupación de una embajada por parte de un grupo de okupas madrileños, acompañados también sin querer por una trepa reportera televisiva que servirá para retransmitir en vivo y en directo la agitada peripecia. Como la embajada es la cubana y coincide que en ésas llegó el comandante Fidel y... convocó elecciones, la cosa da para mucho bullicio colorista. Orquestar todos estos hilos sin que la película degenere, como la situación que presenta, en una astracanada sin sentido, requeriría un control maestro que no alcanza a ejercer ni el debutante realizador Rai (mundo) García ni su nutrido reparto. El caso es que no pecan por exceso, como sería de esperar, sino por defecto. El elenco joven vocaliza con soltura sus coloquiales diálogos y la labor de composición y de sobreactuación queda reservada a los más veteranos. Layer Lake El nuevo hampa EEUU. 110 m. Dir. Matthew Vaughn Int. Daniel Craig, Tom Hardy, Colm Meaney Thandie Newton y Matt Dillon, en una escena de Crash J. M. C. Parece que ya nada es lo que era, y los delincuentes menos. Funcionan con tapaderas, lavadoras de dinero y bufetes respetables, pero cuando las cosas se tuercen es lo de siempre: cañones recortadas y cabezas rotas. Eso no cambia. Lo que varía es la forma de contarlo y aquí el novel Matthew Vaughn (productor de las celebradas Lock Stock y Snatch, cerdos y diamantes se muestra fiel a ese estilo que hicieron célebres él y Guy Ritchie. Ritmo trepidante para desvelar las capas de cebolla por las que se rige la sociedad londinense, ya sea del hampa o no. En realidad, más que de gangsters, se habla de negocios en un mundo en el que la droga, la prostitución o el atraco es un escalón más en el Himalaya de la sociedad. Al frente del reparto, un Daniel Craig camino de su 007 (incluso le rinde un breve homenaje) en una cinta de gran factura. CRASH La cinta se perfila como una de las contendientes para los Oscar de este año y ya está nominada a los Globos de Oro como mejor guión y mejor actor secundario. Buen elenco de actores con el excelente Don Cheadle Hotel Rwanda a la cabeza pero donde, sobre todo, se puede ver la brillante recuperación del mejor Matt Dillon de los últimos tiempos, con una impecable variedad de registros. La narración se desenvuelve en sólo 36 horas en las que los personajes van saliendo y entrando en la vida de los demás cruzando sus destinos a velocidad de vértigo. Sandra Bullock, Brendan Fraser, Thandie Newton y William Fichtner también tienen sus personajes en la historia. Invisible nexo de unión Todo está presente en la cinta: odio racial, vida entrelazadas, comportamientos inesperados que dependen, según te mire mejor o peor tu interlocutor (así de cogido con alfileres está todo por allí) Cada detalle parece accidental y causal, pero hay un invisible nexo de unión que es la virulenta sociedad, que desquicia poco a poco a la gente. Ora es la administración, ora los problemas personales, en otro momento un gesto mal entendido o una palabra a destiempo, y la discriminación, todo sirve para desencadenar la tormenta. Dibuja pues Haggis, con un trazo tan exacto y brutal como lo que describe, un nuevo mundo en el que el miedo es el principal protagonista. Se sirve para ello de una serie de cruces improbables (sus detractores han hablado de que los encuentros y desencuentros se producen como si en la ciudad sólo existiesen ese grupo de diez o doce personas) pero resulta evidente que es una metáfora utilizada por el director para explicar la historia, unos medios imposibles para justificar el fin. Al servicio de la narración, un buen elenco de actores, con el siempre excelente Don Cheadle Hotel Rwanda pero sobre todo con un recuperado Matt Dillon, salido de las cenizas de no se sabe dónde pero que aquí realiza un trabajo brillante donde los haya, sobrio y contenido, con una vena cruenta un día y salvadora al siguiente, en toda una desmostración de registros sacados de a la madurez viruelas En suma, historia de una ciudad que en el caminar arrastra a sus habitantes a un infierno soterrado, casi imperceptible, pero real como la vida misma.