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56 Espectáculos VIERNES 13 1 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO (Viene de la página anterior) cho, la película se ha llevado un buen número de nominaciones en los premios de la Academia alemana. El problema es que duele, porque hoy día la gente aún se cuestiona cómo se podría haber evitado todo aquello, cómo haber actuado de la forma correcta. Y eso sigue torturando al pueblo alemán. Pero el cine no debe responder ni servir de psicoanálisis social. Al revés, tiene que sembrar la duda. -Más polémica fue Amén de su colega Costa- Gravas. ¿Siempre es peliagudo topar con la Iglesia en este contexto histórico? -Forzosamente. Hay que considerar que la Iglesia es una gran casa con muchas habitaciones, aunque el Papa ocupe el salón principal. Es muy difícil andarse con generalidades. Sin ir más lejos, yo aún no he resuelto mi problema personal con la religión: soy creyente y una persona espiritual, aunque también creo en Darwin. Pero, sin la perspectiva de un ser superior, todo carecería de sentido. (Que se lo digan a Butragueño) Cambiando de tercio, ¿cómo valora su etapa en el cine americano? ¿Se sentía a gusto en Hollywood? -No del todo. Los americanos están especializados en melodramas con bueno y malo, blanco y negro. A mí me interesa la ambigüedad y los conflictos humanos, mostrar al individuo en situación de decidir qué hacer en un momento límite. Valoro a los superhéroes reales, no a los extraordinarios de tebeo. De hecho, mis dos siguientes proyectos, sobre la Papisa Juana y sobre el movimiento poEl cine no laco Solidaridad esdebe tán llenos de esto. responder ni- -Así que seguirá afincado en el cine servir de europeo. ¿En qué sipsicoanálisis tuación cree que se social. Al encuentra? revés, tiene- -Desesperada (en que sembrar perfecto castellano) En los últimos cuala duda renta años he asistido al proceso de erosión, retroceso y finalmente defunción. Ahora ya es absurdo pensar en un círculo cinematográfico europeo con identidades comunes: sólo hay un amasijo de nacionalidades tirando por su lado, siempre con la mitad del pastel devorado por el mercado americano. Por lo que a mí respecta, intento mantenerme y mejorar un poco la situación. Acabo de ser elegido vicepresidente de la Academia Europea, lo cual es un trabajo de Sísifo: por mucho que llegues a la cumbre, la roca seguirá cayendo. -Por cierto, ¿qué cree que haría Oskar, el niño de El tambor de hojalata si aterrizara en estos tiempos? -Pobrecillo. Se pondría a aporrear en un centro comercial, pero no le harían ni caso (risas) ¿Sabe que he intentado rodar la secuela más de una y dos veces? Incluso me he sentado con Günter Grass para escribir el guión, pero nada. El problema es que, en la novela original, el niño tenía un rival claro: los adultos. Pero ahora, ¿quién sería? Ni siquiera tenemos enemigos decentes a los que enfrentarnos. Así es nuestro mundo. Ulrich Matthes interpreta a un sacerdote prisionero en el campo de Dachau El noveno día El triunfo de la buena voluntad Alemania, 98 min. Director: Volker Schlöndorff Intérpretes: Ulrich Matthes, August Diehl, Hilmar Thate JAVIER CORTIJO Hace escasas semanas Cacitel editaba un libro sobre películas relacionadas con el nazismo (desde biopics marciales a porno- Gestapos, pasando por mil y un clásicos que le rozaron las fauces al lobo) que demuestra un secreto a voces: la sombra de la esvástica es y sigue siendo alargada. Incluso en el cine. Tanto que hasta el reacio Schlöndorff ha picado el anzuelo con este potente relato del luxemburgués Jean Bernard, sacerdote prisionero en Dachau desde mayo de 1941, al que le abrieron la jaula durante nueve días para asistir al entierro de su madre. Una engañi- fa que ocultaba el verdadero propósito de la tregua: forzar un pacto entre la Iglesia y el régimen nazi, cargando hacia este último lado, naturalmente. Sostiene el cineasta, de estilo legendariamente árido y sobrio en contraste con su coetáneo y compatriota Fassbinder, que su propósito era que los nazis hablasen por fin alemán y no inglés autoconcediéndose el sello de autenticidad para un subgénero que ha resultado ser un filón (melo) dramático para Hollywood y aledaños, incluso continentales. Así, el tono elegido es el marcado por un cierto escepticismo humanitario dentro del neurasténico e iluminado fanatismo SS, que tan de los nervios puso a algunos sectores en El hundimiento otro de los rebrotes de este filón dentro de la propia Alemania. Aquí, las fronteras entre héroe y villano siguen marcadas a fuego, aunque este último rol se suavice gracias al discurso teológico pro- Judas del feroz teniente de la Gestapo encarnado por August Diehl, que está a punto de zamparse el plano si no fuera por la magistral interpretación de su oponente: Ulrich Matthes, que para más inri venía de encarnar al mismísimo Goebbles en la cinta de Oliver Hirschbiegel. Significativo que las autoridades eclesiásticas germanas, empezando por el arzopispo de Berlín, hayan recibido con laureles y bendiciones a la película. Aparte de este mano a mano contenido pero nitroglicerínico (a años- luz de los brotes sensacionalistas de, por ejemplo, Costa- Gavras) destacan las imágenes de interior noche del campo de concentración, en las que Schlöndorff demuestra haber aprendido bien la lección de su antiguo maestro Resnais y su espeluznante Night and Fog filme- ensayo con no pocas ramificaciones en éste. En definitiva, una lección histórica sólida y nada gaseosa (menos gaseada) donde sólo la descripción del entorno familiar del sacerdote se licúa y evapora, pese al memorable personaje de la hermana. Algo se mueve en el tocho del cine alemán, aunque sea con piezas del pasado. Sud Express Líneas férreas y cruces narrativos España 2005 Director: Chema de la Peña, Gabriel Velázquez Intérpretes: Gerald Morales E. RODRIGUEZ MARCHANTE La ventana en panavisión de un tren es la aguja que hilvana los hilos de este lienzo, media docena de hilos narrativos que se cruzan, que van, están y vienen entre dos puntos de salida, o tal vez de destino: Lisboa y París. Película férrea, firmada por el sorprendente Chema de la Peña y por Gabriel Velázquez, que entrelaza vidas, paisajes y lenguas en un meticuloso y apesadumbrado elogio del viaje: el viaje como fin. Los raíles y la dirección son inamovibles, pero las historias se bifurcan y estallan emo- cionalmente aún dentro de la quietud (insólito modo el de estos dos directores de llevar siempre muy embridado el tren de la narración) y tienen sentido pleno en ellas mismas, pero también en su leve roce entre sí: un hombre va al encuentro con la mujer de su vida, que se fue a París cuarenta años atrás y se casó con un taxista; un joven anclado a su silla de ruedas y a su pequeño pueblo mesetario ve cómo la chica que le da alas a él ha de quitárselas para volar ella de allí en ese tren, rumbo al norte de sus ilusiones; inmigrantes, paisanos, personajes fijos contra el paisaje móvil... El viaje como fin, pero también el viaje como solución, como bálsamo de esperanza. Se entiende que la historia tenga sus paradas en Portugal, en la meseta castellana, en París... que tenga actores también de aquí y allá en respuesta a la lógica cinematográfica de la coproducción, lo que resulta chocante y hasta tal vez admirable es que el estilo narrativo de los cineastas consiga adecuarse al lugar en el que se desarrollan las historias; o dicho de otro modo, que sepa ser portuguesa y tener un aire de lamento triste en lo que cuenta allí (la historia de los dos hermanos) que sea absolutamente árida y marrón en su tramo mesetario, con una gélida historia de campo y caza, y otra hirviente de pueblo con la relación amistosa entre los dos jóvenes, él en su silla de ruedas y ella en su línea de fuga... y que sea tan francesa, incluso parisina, cuando la cámara se para allí con ánimo narrativo... Y Sud Express es, también, un recorrido por la miscelánea en diversos frentes, desde el cultural o sentimental hasta el geográfico o ideológico. Ninguna de las historias que cuenta empieza y termina: son simples pinceladas para dejar algo así como un retrato de esa amalgama de raíles que es el sur de Europa.