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ABC VIERNES 13 1 2006 Cultura 53 TEMPLOS DE LA CULTURA MANUEL VALDÉS Pintor y escultor Los museos sirven para proteger las grandes obras y para orientar y educar al público NUEVA YORK. Dos inmensos conos de helado concentran la atención del pintor Manuel Valdés desde hace varios días. El helado de Thiebaud llevaba en su cabeza dos o tres años sin encontrar la inspiración para jugar con él hasta que, de pronto, se le encendió la bombilla al ver en un escaparate dos vasijas gemelas. Siempre estoy mirando, el oficio te da esa deformación reconoce. Siempre buscando cosas que pueda usar para mí Desde entonces sonríe complacido cada vez que ve posar dos abanicos o un par de gafas. Sobre esa estela de inspiración han surgido en el loft de Union Square, que le hace de estudio, gigantescos helados de colores. Gris y negro, azul y marrón, blanco y negro... Es como si cada color le sugiriera un sabor y no fuese capaz de decidirse por uno. Se entusiasma con las posibilidades de la pareja de conos y va surgiendo, ante sí, una más de sus conocidas series, mientras coteja diligente y silenciosa las cuentas del banco su mujer, Rosa, compañera fiel que desde hace treinta años parece caminar de puntillas por su vida para que todo gire a su alrededor sin perturbar su inspiración artística. ¿Hay un voyerista en cada artista? -Yo soy un mirón, incluso a mi pesar. Nueva York ofrece tantas y tan distintas imágenes, muchas de las cuales se han convertido en estereotipos que todo el mundo conoce... Pero después de 16 años aquí me siguen inspirando una mirada nueva. Es un paisaje urbano cambiante que nunca se agota. ¿No hay ninguna otra ciudad que le estimule? (Duda, mira al techo) Madrid, Venecia, París, pero como paisaje urbano, ninguna como Nueva York. Incluso el perfil cortado entre dos ríos, los contrastes entre edificios altos y casas bajas, que provocan esos reflejos de luces y de sombras... (Se entusiasma. Está claro que su mente de artista ha empezado a sobrevolar el laberinto de estímulos neoyorquinos que le permite crear) ¿Entonces no podemos contar con que vuelva a instalarse en España? -Sí, sí, voy constantemente, tengo mi estudio de escultura en Madrid, voy y vengo, pero si la pregunta es si voy a dejar esta ciudad, la respuesta es no, por el momento. Cuando uno vive en una ciudad donde tiene la impresión de que aprende, no lo quiere dejar. A veces me hago la pregunta de qué hago yo en Nueva York, siempre a mitad de camino entre un turista y un emigrante, pero entonces recuerdo un artículo de Mario Vargas Llosa, en el que hablaba de la composición de la ciudad, y me doy cuenta de que la gente como yo Con motivo del lanzamiento de la colección Museos del mundo Manuel Valdés nos habla en esta entrevista sobre su creación artística y lo que significan para él las grandes pinacotecas TEXTO: MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL FOTO: CORINA ARRANZ también hace que esta ciudad tenga las características que tiene. ¿Se ha quedado España estancada en el arte? -No lo creo, veo que hay muy buenos artistas y una gran actividad. Cuando miro a mi país en retrospectiva veo a mi Valencia, que cuando yo empecé sólo tenía una pequeña galería casi sin actividad, y ahora veo ese Palacio de la Música, el IVAM, con su enorme trayectoria, y los muchos artistas que se ganan la vida pintando. Los museos han proliferado por todas partes. En Málaga se ha abierto un Museo Picasso, en León un museo de arte contemporáneo, en Galicia hay otro... Ya no hablamos de Madrid o Barcelona, sino de que en Bilbao hay un museo como el Guggenheim. ¿Cuál es su museo favorito en el mundo? -El Metropolitan, junto con el Prado, el MoMA y el Louvre. No podría decantarme por uno, pero para mí el Metropolitan es un museo muy próximo. Vivo a diez calles, y durante tres años viví justo enfrente de sus escaleras. Forma parte de mi biografía cotidiana. Además de ver los cuadros iba a relajarme, a leer el periódico en sus bancos, y observaba a la gente que entraba al levantarme por la mañana. ¿Cree que los museos están perdiendo visitantes? -No, al contrario, creo que los están ganando. Hay una gran demanda cultural, y no sólo en los museos. Cuando vas a la ópera no encuentras entradas. Cuando hay exposiciones importantes en el MoMA las colas llegan a la Quinta Avenida. En el Metropolitan a veces resulta difícil ver una exposición, porque tienes que compartirla con mucha gente. También he visto colas impresionantes en el Prado, y he tenido que prescindir de ver algo que me apetecía porque no tenía tiempo de hacer esas colas. Cuando hay una exposición temporal, la gente sabe que si no la ve en ese momento puede no volver a verla nunca. -La aparición de los museos es relativamente moderna. ¿Qué hemos ganado respecto a nuestros antepasados, además de universalizar el acceso al arte? -Que las obras están bien protegidas, porque los museos está muy bien acondicionados y cuidan de ellas. Yo mismo me he encontrado ya con muchas negativas de museos a los que he pedido mis propias obras para la exposición que preparo en el Reina Sofía para el 27 de junio, porque los museos sienten que su deber sagrado es la protección de las obras, incluso frente a su propio autor. Además, las exposiciones temporales que organizan los museos tienen la cualidad de orientar al público, que también es una función muy importante. ¿No ha disminuido con ello la proliferación de mecenas? -No, al menos en los museos americanos, más conectados con la sociedad. Los museos europeos dependen más de los gobiernos. En Estados Unidos sólo reciben del Gobierno una parte pequeña, creo que en el Metropolitan es el 18 por ciento. Si no conectaran con los mecenas, no tendrían cuadros. Aquí los directores siempre están buscando donaciones y esta sociedad está más preparada para hacerlas que la nuestra. En España ahora el Estado lo está favoreciendo al permitir que las empresas desgraven en sus impuestos el valor de las obras que donan.