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ABC VIERNES 13 1 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PEPINOS ABÍAMOS quedado en que fue Aznar, el escudero de Bush, el de los pies encima de la mesa, quien nos metió en la guerra de Irak, y que Zapatero no- nos- fa- lles, en su ansia infinita de paz, nos sacó de ella nada más llegar al poder. Esta es la historia oficial, esculpida en la conciencia colectiva a base de consignas, eslóganes y demás retórica de agit- prop. Pero he aquí que llega este chico americano, Bremer, el antiguo procónsul del César en Mesopotamia, y en unos párrafos de memorial exculpatorio suelta para justificarse que los soldados españoles no querían pelear, que tenían órdenes de no meterse en fregados y que con aliados así no había manera de ganar una guerra. Que mira tú por dónde, ahora va a resultar que los ameIGNACIO ricanos se empantanaCAMACHO ron en Irak porque los muchachos de la Brigada Plus Ultra y sus colegas polacos y salvadoreños no les echaron una mano a los fieros marines de la Aerotransportada. Este Bremer, tan arrogante, tan chulo, es lo que los americanos llaman un hots shoes, un tipo de esos que van tan deprisa por la vida que les queman los zapatos, aunque él gustaba calzar botas de Coronel Tapiocca en las audiencias con Bush, como si acabara de bajarse del avión del desierto. Entre otras ideas luminosas tuvo la de desmantelar el ejército iraquí para que sus miembros más aguerridos se pudiesen pasar más cómodamente a la resistencia. En el libro que ha escrito para ganarse una pasta después de su fracaso ha tenido a bien cachondearse de unos aliados que asumieron un riesgo físico y político notable para echarles una mano en aquella necia aventura. Pero quizás involuntariamente ha rebatido algunas falacias que empezaban a quedar como verdades inamovibles y marmóreas. En Nayaf, en la célebre zona hortofrutícola que decía Trillo, se criaban unos raros pepinos en forma de obuses y unas calabazas rellenas de metralla. La misión era la de mantener a la población en calma, y todo iba razonablemente bien cuando los amigos de Bremer encendieron la mecha de la tensión buscando a sangre y fuego a cierto rebelde clérigo chií. En esa búsqueda alborotada metieron a los soldados españoles en más de un lío, del que hubieron de salir a tiros, pero la orden general se cumplió hasta irritar al mando norteamericano. Acaso sea bastante absurdo- -e inútil, como se vio después- -enviar a una guerra tropas con la estricta orden de no disparar, pero es lo que pasó exactamente. Como ocurrió asimismo que, ya bajo Gobierno socialista, la fragata Álvaro de Bazán participó en acciones de guerra dando cobertura a buques de la US Navy que bombardeaban Irak. O sea, que sorpresas te da la vida: ni con Aznar hubo misión de guerra, ni con Zapatero hubo misión de paz, ni los pepinos eran pepinos, ni Bremer era un tipo serio, ni la historia era tampoco esta vez como nos la habían contado. Merecemos, antes y ahora, un Gobierno que no nos mienta. H COBARDES, HASTA QUE DEMUESTREN LO CONTRARIO A ley es inobjetable cuando está confeccionada por legisladores elegidos libremente y resulta aplicada bajo la estricta vigilancia de poderes equilibrados. Véase España, por ejemplo. Un individuo tiene, en cambio, licencia moral para ignorarla en aquellas sociedades totalitarias en las cuales la ley es un mero instrumento de represión. Véase Cuba, sin ir más lejos. Del segundo escenario no hablemos hoy, pero del primero convengamos que resulta indebido ignorar la ley y debe ser penado consecuentemente ese acto de irresponsabilidad, sea esquivar impuestos o sea fumar en lugares prohibidos. O sea convocar congresos por parte de asociaciones prohibidas o deslegalizadas y declaradas como terroristas. Sencillamente, la ley no lo permite. El anuncio de Batasuna convocando a sus seguidores a la celebración de un encuentro orgánico en BaCARLOS racaldo es, por sí mismo, un desafío a HERRERA la ley y, en consecuencia, el Estado debe actuar con toda su contundencia para evitar cualquier escarnio. Supongo que en eso estamos todos de acuerdo. Pero, en cambio, a siete días del hecho anunciado, sólo un juez con arrestos- -Grande Marlaska- -ha mostrado inquietud profesional y ha excitado su celo reclamando la documentación que le permita declarar fuera de la ley dicha convocatoria. Los demás miran al tendido. Cándido Conde Pumpido, fiscal general del Estado, se ha limitado a nombrar no sé qué general de la ley- El fiscal vela por que todo esté dentro de la ley -y se ha puesto a silbar inmediatamente, como teniendo miedo de meter la pata y fastidiarle los planes al presidente. El PSE, ilusionado con la posibilidad de pactar algún día con Batasuna y sustituir al PNV en el trono perpetuo de la política vasca, considera que oponerse a ese congreso de terroristas es obstaculizar el proceso de paz El máximo responsable del Gobierno cen- L tral- -y perdón por lo de responsable- -se ha encogido de hombros y ha derivado la responsabilidad al ámbito del Gobierno vasco, el cual ni se ha inmutado con la pelota recibida y simplemente se ha dedicado a reflejar el ánimo de la sociedad vasca por encontrar la paz El desafío, entretanto, continúa su curso. El grotesco espectáculo que supone que el brazo supuestamente político de una organización terrorista celebre un congreso como el que celebran los hematólogos en Torremolinos pasma a una Europa que incluyó por fin en sus listas a dichos sujetos después de no pocos tira y afloja: nadie en su sano juicio puede entender que todos miren hacia otra parte y que, además, Batasuna actúe como si fuera legal, con toda normalidad administrativa. Han olisqueado la debilidad del Estado de Derecho, la cobardía de alguno de sus miembros y la complicidad de un buen puñado de ambiciosos sin escrúpulos: el anagrama del cartel de convocatoria es el hacha y la serpiente, el gran símbolo de ETA, y eso no basta para que se despierten las mínimas iras exigibles de aquellos que han visto morir a no pocos compañeros de partido a manos de los socios de los convocantes. El descaro con el que la organización terrorista convoca actos, realiza declaraciones, acude a entrevistas con el resto de partidos políticos y, finalmente, organiza macroencuentros sólo puede entenderse desde el abandono de la decencia por parte de quienes tienen la obligación de vigilar el cumplimiento de las leyes. Ante este hecho absolutamente obsceno, sólo cabe concluir que el Gobierno de España ha dado su consentimiento tácito al objeto de no estorbar sus proyectos políticos: cuando las burras del PCTV accedieron al Parlamento vasco, el fiscal general no se opuso y su proceder de ahora se asemeja enormemente al toreo perfilero exhibido en aquel momento. Entonces supusimos lo que ahora ya confirmamos. Mientras no demuestren lo contrario, podemos estar ante un hatajo de cobardes. O, quizá, ante algo peor. www. carlosherrera. com