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28 Internacional JUEVES 12 1 2006 ABC La Fiscalía pide 17.000 años de cárcel para el ex militar argentino Cavallo, acusado de genocidio Tras la condena a Scilingo, España juzga a otro responsable de los crímenes de la dictadura b El ex teniente de fragata lleva en prisión preventiva en España desde junio de 2003, cuando ingresó por orden del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón NATI VILLANUEVA MADRID. El ex militar Ricardo Miguel Cavallo aceptó el plan ideado y ejecutado por las Fuerzas Armadas argentinas para el establecimiento de un determinado sistema político e ideológico, previa eliminación de aquella parte de la población nacional que pudiese representar un obstáculo para alcanzar tales objetivos. Cavallo se involucró en las actividades y participó directamente en el secuestro y torturas que se llevaron a cabo en la Escuela de Mecánica de la Armada Argentina (ESMA) Estas afirmaciones llevan a la Fiscalía de la Audiencia Nacional a solicitar para el ex militar penas que van desde los 13.000 a los 17.000 años de cárcel (en función de que se le condene- -en su caso- -por delitos de lesa humanidad o por genocidio y de que esos delitos sean o no puestos en relación con otros de terrorismo organizado) En caso de ser condenado, no estaría encarcelado más de 30, el máximo de cumplimiento previsto en el Código Penal de 1973. Cavallo, quien se encuentra en prisión preventiva desde junio de 2003 por orden del juez Baltasar Garzón, es el segundo ex militar que será juzgado en España por los crímenes de la dictadura argentina (1976- 1983) El primero fue Scilingo, quien el pasado 19 de abril fue condenado a 640 años de prisión al quedar probada su participación en dos de los llamados vuelos de la muerte Según el escrito de acusación, Cavallo, teniente de fragata en 1976 (año en el que se produjo el golpe de Estado) formó parte de los grupos operativos de la ESMA, uno de los 340 centros clandestinos de detenciones que las Fuerzas Armadas argentinas habilitaron para practicar las detenciones y torturas de los rebeldes Desde el puesto de responsabilidad que ostentaba, el ex militar llevó a cabo allanamientos, ejecuciones, muertes, detenciones, secuestros y apropiaciones de bienes de las víctimas elegidas por el sector de inteligencia grupo del que Cavallo, conocido también con los apodos de Marcelo y Sérpico también formó parte desde enero de 1979. La fiscal asegura que durante su estancia en la ESMA, Cavallo participó en los interrogatorios y torturas a los disidentes del régimen y tenía plena capacidad para decidir el destino de los detenidos que dependían de él: Si eran liberados o si, por el contrario, debían ser trasladados es decir, asesinados Cavallo, durante su estancia en una prisión mexicana, donde estuvo cuatro años AP Del campo de exterminio al campo empresarial N. V. MADRID. Cuando, tras la caída del régimen golpista argentino, Ricardo Cavallo se trasladó a México para empezar una nueva vida, probablemente ni se le pasó por la cabeza que alguna de sus víctimas pudiera identificarle. El ex militar quiso dedicar su segunda vida al mundo empresarial y cometió el error de convertirse en director del Registro Nacional de Vehículos de México. Error, porque en plena renovación del parque móvil, su imagen empezó a salir en los medios de comunicación mexicanos y la cara del terror y de la muerte no se olvida. Fue un artículo en el diario Reforma el que en 1999 desveló que la identidad de este hombre correspondía a la de uno de los responsables de las torturas de la ESMA. En noviembre de ese mismo año, Garzón dictaba una orden de busca y captura contra él por crímenes contra la humanidad. En agosto de 2000 era detenido en el aeropuerto de Cancún, desde donde tenía previsto huir por segunda vez. En junio de 2003, las autoridades mexicanas entregaron al ex militar a España. Desde entonces está en la cárcel de Soto del Real. Ahora, y como si quisiera volver a su primera vida, ha pedido su traslado a una prisión militar. Testigos y víctimas de las torturas En el amplio periodo de tiempo que Ricardo Miguel Cavallo permaneció en la ESMA- -hasta el mes de marzo de 1980- se ha podido determinar que de las aproximadamente 30.000 personas desaparecidas durante la dictadura militar, unas 5.000 estuvieron detenidas, al menos en algún momento, en la Escuela Mecánica de la Armada relata el escrito de acusación. Además, y a pesar de la magnitud de esas cifras y de la incertidumbre que implica trabajar sobre un número tan importante de desaparecidos, se ha podido acreditar que 255 personas secuestradas permanecen desaparecidas o fueron ejecu- tadas por el grupo de tareas del que formaba parte Cavallo. De todas las víctimas, 610 son de nacionalidad española, y de ellas, 12 son niños. Más allá de la frialdad de estas cifras se esconden las historias de todas y cada una de las víctimas de la dictadura militar. Una veintena de ellas, supervivientes del centro clandestino de la ESMA, testificarán en este juicio (cuya celebración no está prevista antes del verano) bien en persona bien a través de videoconferencia. Al igual que el escrito de acusación contra Adolfo Scilingo, en este caso también la fiscal hace una relación detallada de las torturas que se practicaban en este centro. La más habitual era la picana o descargas eléctricas en distintas partes del cuerpo de los detenidos, siendo de especial crueldad cuando se aplicaban en los genitales de los secuestrados Nacidos en cautiverio Los rebeldes eran introducidos en cubículos divididos entre sí por planchas de madera de dos metros de largo por setenta centímetros de alto. En el suelo del habitáculo debían permanecer sin moverse, sin hablar, con las esposas en las manos, grilletes en los pies y la capucha sobre la cabeza Algunos de los detenidos permanecieron en estas condiciones durante dos o tres años reza el escrito. Especialmente triste también es la situación de los niños que nacieron en cautiverio y fueron entregados a familias de militares para evitar su intoxicación Los más afortunados han recuperado su identidad 25 años después, como es el caso de Juan Cabandíe, despojado de su madre, una de las trasladadas con veinte días de vida. Nunca más la ha vuelto a ver. Algunos de los detenidos estuvieron durante tres años atados en cubículos de dos metros de largo