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ABC JUEVES 12 1 2006 23 Kadima, el partido de Sharón, sube en los sondeos aupado por la enfermedad del primer ministro israelí Israel advierte de que no ve una salida diplomática a la crisis nuclear provocada por Irán Diplomático y halcón Paul Bremer no logró nada en claro de una misión envuelta en la trifulca entre Powell y Rumsfeld El ex administrador de EE. UU. para Irak denigra a los militares españoles por adoptar la actitud de que, a menos que sean específicamente atacados, no van a intervenir, pese al hecho de que soldados estadounidenses e iraquíes están muriendo ante sus ojos Bajo el signo del fracaso A. S. No quieren cooperar; dicen que la misión va contra sus propias reglas PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL MADRID. Bremer llegó a Irak en mayo de 2003, cuando este país era un infierno hundido en el caos y el desgobierno, y se marchó de Irak en junio de 2004 dejando atrás un país caótico y desgobernado. Llegó acompañado de la esperanza de que él sería el diplomático que haría olvidar la guerra para encauzar la reconstrucción de Irak. Pero, desde el primer día, se vio envuelto en una ácida pugna entre el Departamento de Estado y el de Defensa. Vino bajo la protección del ex secretario de Estado, Colin Powell, que intentaba desmilitarizar la gestión de la posguerra iraquí, pero se le obligó a someterse jerárquicamente al jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld. Y en mitad de ese rifirrafe, Bremer, tan diplomático como halcón gobernaba Irak como un virrey con plenos poderes administrativos, pero bajo instrucciones contradictorias. Sus sempiternas botas de explorador eran el sello casual y personal en mitad de aquel barullo. Sus educadas maneras le hacían parecer un personaje simpático. Pero, más allá de su profesional cortesía, la eficacia de su labor fue nula. la zona bajo su responsabilidad estuvo en paz hasta que los norteamericanos declararon la guerra a ese religioso a quien jamás pudieron echar el guante. Fuentes diplomáticas implicadas en la reconstrucción de Irak subrayan asimismo la flexibilidad en el trato y el sentido diplomático de unas tropas que vivieron sin tensiones con la población local hasta que el mando norteamericano incendió todo aquello. Fue un factor positivo que no actuasen como Bremer hubiese querido Ese entramado de diplomáticas alianzas y complicidades que las tropas habían tejido en Nayaf y Diwaniya es el que hoy querrían tener los actuales representantes norteamericanos en todo el territorio de Irak. Demasiado tarde, tal vez, para corregir la soberbia con la que se actuó tras la guerra, cuando los representantes de EE. UU. alardeaban de que aquel Irak tenía más que ver con el Japón al que arrojaron una bomba atómica que con la España de la transición. WASHINGTON. Desde la transitoria alianza española con EE. UU. durante la saga de Irak, nuestro país viene acumulando menciones en algunos de los libros más leídos y comentados en Washington. Un filón abierto por el Plan de ataque del legendario periodista Bob Woodward en el que, a 48 horas de la invasión, se describe a José María Aznar animando al presidente Bush con la celebre promesa solidaria de vas a poder ver siempre un bigote junto a ti Unas buenas vibraciones que contrastan con las brutales críticas recién publicadas por Paul Bremer, máximo responsable sobre el terreno durante el primer año de la ocupación de Irak. En sus memorias Mi año en Irak: la lucha por construir un futuro de esperanza Bremer explica con detalle las frustraciones acumuladas en su misión imposible como temporal procónsul en Bagdad. Lista de obstáculos encabezada por la propia Casa Blanca y el Pentágono, en la que también ocupa un repetido papel la multinacional Brigada Plus Ultra II al mando del general Fulgencio Coll, actual responsable de la División Mecanizada Brunete número 1. Bremer comienza su memorial de agravios contra los militares españoles enviados por el Gobierno del PP indicando (página 192) su pasividad ante los ataques orquestados por el clérigo chií Moqtada al Sadr. Ante la urgente necesidad de hacer frente a estas milicias en la zona de Nayaf, Bremer es informado por el responsable militar de Estados Unidos en Irak, el general Rick Sánchez, de que el comandante español en Nayaf se niega a cooperar. Dice que entrar en una ciudad en esta clase de misión viola sus reglas de enfrentamiento Libro de memorias de Bremer. Mi año en Irak. La lucha por la esperanza Los tropiezos del procónsul Disolvió el Ejército y la Policía del antiguo régimen cuando más necesitado estaba el país de estabilidad. Hizo una purga de funcionarios en un Irak caótico en el que daba la impresión de que se estaba desmantelando hasta el último resto del Estado. Disolvió a los guardafronteras, con lo que las puertas del país quedaron abiertas, de entrada, a todos los muyaidines que vinieron a hacer su propia guerra contra EE. UU. y, de salida, a los contrabandistas de obras de arte y antigüedades. Humilló a los antiguos militares iraquíes a quienes se obligó a mantener una cola de horas para cobrar su pensión bajo los porrazos de los marines que intentaban mantener el orden. Algunos de aquellos militares se iban jurando odio eterno al ocupante Al final rescindió lisa y llanamente la pensión. Nunca devolvió la luz y el agua a una población que vio cómo sus condiciones materiales se degradaban a pasos agigantados. Practicó una política de exclusión que puso a la población suní en manos de la insurgencia. Fracasó en la reconstrucción y seguridad del país, que jamás vivió en condiciones tan difíciles. Cada uno iba a lo suyo Esta descoordinación y falta de respuesta efectiva a las milicias de Moqtada al Sadr es explicada por Bremer (pagina 312) porque que la zona de Nayaf y sus proximidades son el área de operaciones de un batiburrillo de fuerzas de la coalición bajo mando polaco- -unidades españolas, búlgaras, ucranianas y centroamericanas, cada una con sus propias reglas de enfrentamiento- -y cada uno informando a sus propias capitales nerviosas En enero de 2004, mientras Paul Bremer se encontraba en Washington, las milicias de Sadr realizan incursiones en Nayaf, ocupando una Pidió el relevo del general Coll a Ana Palacio, que contestó que Aznar no se creía las acusaciones mezquita y organizando tribunales religiosos. Bremer (página 284) dice ser informado de que las tropas españolas responsables de Nayaf se están poniendo nerviosas y están hablando de diálogo En marzo de 2004, las milicias de Sadr vuelven a la carga con atentados, secuestros y bloqueos de carreteras. Bremer (página 312) es informado dos veces por sus colaboradores de que las tropas españolas se niegan a actuar contra los insurgentes en su zona, llegando a la conclusión de que la falta de determinación de los españoles no está haciendo más que envalentonar a estos insurgentes. Un mes más tarde, Bremer se declara satisfecho con la detención de Mustafa al Yacubi, lugarteniente de Sadr. Pero ante la nueva ofensiva de las milicias, Bremer es informado (página 318) de que los insurgentes parecen pensar que pueden conseguir que los españoles se derrumben Pero lo que más parece molestarle es que el contingente español haya publicado un comunicado idiota sobre el arresto de Yacubi diciendo que ellos no han realizado esa operación sino que lo hizo la Coalición desde Bagdad Cuando cientos de insurgentes de Sadr (página 319) empiezan a atacar de forma coordinada en Nayaf, Bremer es informado que los salvadoreños están luchando, pero que los españoles se niegan a participar en los combates. Bremer indica que el general Coll debería ser relevado fulminantemente y no duda en cantarle las cuarenta al embajador español en Bagdad, que le promete hablar con Madrid. Horas después, la ministra Ana Palacio intenta calmarle por teléfono pero argumentando que desconoce lo que pasa en Nayaf y que José María Aznar no se cree la atribuida pasividad de los españoles. Paul Bremer denigra a los militares españoles por adoptar la actitud de que, a menos que sean específicamente atacados, no van a intervenir, pese al hecho de que soldados estadounidenses e iraquíes están muriendo ante sus ojos Están sentados encima de sus carros de combate alrededor de su base; no hacen nada. Es un perfecto escándalo. Lo llamo la coalición de los nada dispuestos Ante los reiterados esfuerzos negociadores del contingente español (página 324) Bremer ordena que se le diga claramente al general Coll que deje de entrometerse en política y comienza a obedecer órdenes