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6 Opinión JUEVES 12 1 2006 ABC AD LIBITUM LAS MOSCAS DE ZAPATERO EL INCOMPARABLE PAUL BREMER Según las primeras críticas de Mi año en Irak el A intervención en Irak está sirviendo para que principal fallo de Bremer fue desmantelar el viejo algunos de los que allí han fracasado luego escriejército iraquí. El fallo es inmenso. Lo estamos vienban un libro para aventar las cenizas de los suicido ahora, en el proceso de constitución de un nuevo das- bomba. El último ha sido Paul Bremer, administraejército y de unas nuevas fuerzas de seguridad. El desdor civil de Irak tras la caída de Bagdad. Le nombró el mantelamiento del ejército contribuyó activamente a presidente George W. Bush, por lo que en el libro Mi la emergencia de núcleos terroristas jerarquizados año en Irak Bremer hace a la Casa Blanca culpable de en torno a los vestigios del partido Baas y luego todos los males de entonces, ahora y mañana. en la red de Al- Qaida. Sin parpadear, Bremer Mantenía la seguridad de Irak el Ejército de los pasa la responsabilidad del error a sus asesoEstados Unidos, por lo que el libro de Bremer res. Entrevistado por la NBC, Bremer ha sido acusa al Pentágono de toda las desasistencias de una candidez poco creíble: El presidente, al posibles, de todos los errores de cálculo imagifin y al cabo, es responsable por tomar sus decinables. Como contribución aliada operaban ensiones. Eso es por lo que lo que tiene tan buen tonces en Irak tropas españolas, por lo que, en sueldo y esa gran casa blanca Uno se pregunfin, Bremen las acusa de no dar ni golpe. ta de qué escuela salen los diplomáticos como Tan sólo Bremer sale impoluto de su propio VALENTÍ Bremer. En todo caso, reconoce que la guerra fiasco, se sacude el polvo del camino y acaba PUIG en Irak es una noble causa y que sería ahora un por decir que fue pura y simplemente un chivo error de proporciones históricas irse antes de termiexpiatorio de Bush durante los trece meses que mandó nar el trabajo. -y mandó mucho- -en Bagdad. Tampoco quedan bien La misma superficialidad le sirve para criticar de paradas las tropas británicas. A los exilados iraquíes forma muy rotunda y cutre el papel de las tropas espaque formaron el primer gobierno interino los juzga coñolas en Irak. Las considera al margen del proceso de mo inútiles totales. En Bremer no se advierte por parte mando, dialogantes con la minoría chiíta por su cuenalguna el código de honor universitario de la Ivy Leata, como un elemento estático. Llega al punto de consigue. derar la actitud de las unidades españolas como un En un inmediato ejercicio de transparencia, el Pentáperfecto ultraje En medio de tales desaguisados, ahí gono de Donald Rumsfeld ya ha reconocido que Breestá Paul Bremer al timón de la nave, dando solución mer pidió más tropas y que no le fueron enviadas. La a todos los problemas, en un ejercicio de perfeccionisCasa Blanca ha subrayado la gran labor de Bremer. mo que hace bien en atribuirse por sí mismo porque Por lo demás, no era Bremer el responsable de las trohasta ahora nadie había caído en la cuenta de reconopas desplegadas en la zona, sino los mandos que en cérselo. En un mundo hostil, servidores y aliados coaquel momento actuaban sobre el terreno. Lo curioso mo Paul Bremer son como para pensárselo dos veces. es que incluso en España algunos comentaristas estuIncomparable Paul Bremer, magníficas corbatas, vieron entonces a punto de proponer el proceso de beabuen paladar gastronómico, fantástica percha: lástitificación de Bremer. Claro es que todavía no había ma que de vez en cuando no se arremangase un poco. escrito Mi año en Irak ni había podido haber sido Lástima también que nadie le haya enseñado a comtan manifiesta la frivolidad de su comportamiento anportarse lealmente con sus aliados. te su gobierno y ante los aliados de los Estados Unidos, vpuig abc. es concretamente España. U N Estado en el que, simultáneamente, se debate sobre la españolidad de alguna de sus piezas- -Calella de Palafrugell, por ejemplo- -y, vía Audiencia Nacional, se persigue al ex presidente chino, Jiang Zening, y a sus cómplices en el genocidio del Tibet no es, en principio, un foco de equilibrio ni, mucho menos, un manantial de sosiego. Aquí, y ésa es parte de nuestra frustración colectiva, nos complace en demasía que lo accesorio se superponga a lo fundamental. Luchar a favor del respeto mundial de los Derechos Humanos y solidarizarse con las víctimas tibetanas es algo, sin duda, benemérito; pero, dada nuestra situación nacional, ¿tenemos fuerzas, fíM. MARTÍN sica y moral, para acoFERRAND meter tareas justicieras de tan altos vuelos desde una máquina judicial cansina, polémica y en conflicto? La anécdota del Tibet, causa justa y respetable, es, con respecto a la categoría del Poder Judicial, algo parecido al Estatut en la escala de los problemas reales que afligen a los cuarenta y tantos millones de vecinos que, de mejor o peor grado, nos llamamos españoles. La quimera de una justicia internacional- -tan bella, tan inútil- -es equiparable a un debate autonómico que, de hecho, viene ocupando toda la fuerza política del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero desde que éste, contra todo pronóstico, llegara a La Moncloa como un efecto más de la onda expansiva de las bombas del 11- M. Así, del mismo modo que las vacas entretienen sus ocios matando moscas con el rabo, Zapatero pretende su imposible grandeza calentando ambiciones periféricas que contradicen, además de la Constitución, la Historia y el sentir mayoritario de la población. Cualquier cosa menos caer en la tentación de la realidad, reconocer los problemas, acercarse a ellos con cautela, superarlos con grandeza y atender a la demanda social. A tal punto ha llegado ya el despropósito inicialmente alentado por Zapatero, y ahora mantenido por Pasqual Maragall, que los barones del PSOE han vestido como una cena de Navidad ¡en la segunda decena de enero! -una reunión de urgencia de todos los socialistas con poder territorial con el líder Zapatero para exigir un supuesto de Estatut que puedan defender, en sus ámbitos respectivos, con pasión Al menos, con coherencia. Aparte de señalar que para una reunión evidentemente partidista hubiera resultado más correcta una cita en la calle Ferraz de Madrid que en la sede de la Presidencia, cuestión nada baladí para evitar la tentación de un Gobierno- Estado- partido, ya es un poco tarde para que el presidente se desdiga de las promesas que, no lo olvidemos, le sentaron a Maragall- -también contra pronóstico- -en la Generalitat y a él mismo en el más apetecido chalé de las afueras de Madrid. Su elevada autoestima le invita a deformar la contemplación de la realidad, pero eso tendría cura con un simple espejo. L -Para que no fumen y cuiden su salud hemos decidido coserle la boca a los periodistas de Cataluña.