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ABC MIÉRCOLES 11 1 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR JUAN I. SANZ CABALLERO LA MALA EDUCACIÓN La importancia de la educación para un país merece mayor y mejor atención, pues constituye, junto con la justicia, uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho O se preocupen, que no me refiero a los comportamientos que asoman a diario a los medios de comunicación. O, por el contrario, casi mejor que nos preocupemos, porque la situación del sistema educativo español es, cuando menos, preocupante. Y quizá deba calificarse, como el título, de una mala educación. Permítanme una licencia para distender el tono del artículo. Cuentan los clásicos que un rey acudió a la escuela de un sabio griego a consultarle cuán alto sería el precio de la formación de su hijo. La suma reclamada por el sabio debió de ser elevada, por lo que el rey le contestó que con ese dinero podría hasta comprarse un esclavo. A lo que el sabio griego le replicó, de forma inmediata pero implacable, que, de destinar el peculio a la compra del esclavo y no a la formación de su hijo, acabaría por tener dos esclavos, pues esa sería también la condición final de su hijo. Más precisamente, concluyó el sabio, el hijo acabaría siendo esclavo, pero no tanto del padre como de la ignorancia. Prueba que, como en tantos otros ámbitos, en éste tampoco hay nada nuevo bajo el sol y que los males que nos acechan son inherentes a la historia misma de la Humanidad, ésta parece ser la situación hacia la que se abocan las próximas generaciones de españoles. Díganme ustedes qué otra interpretación cabe ante alguna de las conclusiones contenidas en el informe Educación y formación 2010, elaborado por la Comisión Europea con una clara voluntad de mejora de los sistemas educativos de los estados miembros de la Unión y, muy especialmente, de superación de las carencias de cada uno de ellos. Entre otras conclusiones, resulta de este documento que, para mayor inri de todos nosotros, la inversión pública española en educación se encuentra muy por debajo de la media europea, a saber: los españoles venimos invirtiendo desde el año 2002 un 4,4 por ciento de nuestro producto interior bruto, cuando la media europea se cifra en el 5,22 por ciento sobre la misma magnitud. Algunos pensarán que podríamos estar incluso peor. Cierto es, pero hasta en esto cada vez nos va a resultar más difícil empeorar, pues, por detrás de España, ya sólo quedan Malta y Portugal. La importancia de la educación para un país merece mayor y mejor atención, pues constituye, junto con la justicia, uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. Y al referirme a la educación, no le atribuyo un contenido exclusivamente académico o científico, sino también formativo de la persona. El desarrollo del individuo sólo puede entenderse como resultado de una formación integral, participado por la familia junto con las instituciones educativas en sus distintos niveles. Sólo así nuestros hijos serán individuos con capacidad de juicio y opinión propias. Sólo así nuestros hijos podrán disentir de los demás y, por qué no, del pensamiento mayoritario y, en todo caso, N ÁNGEL CÓRDOBA cuando participen del mismo será consecuencia de un acto de libertad y soberanía derivado del conocimiento adquirido. No descarten que ésta fuera una de las vías para construir en un sistema social basado en la integración que parece estar en la mente de todos. Es más, quizá aquí se encuentre la raíz del tan buscado modelo social europeo. Piénsenlo, pues, no faltan quienes, también desde estas mismas páginas (Mahathir Bin Moha- mad: El renacimiento abandonado del Islam, ABC, 26.11.2005) atribuyen el problema de los fundamentalismos religiosos a su cerrazón ante el aprendizaje y el conocimiento científico, que los aísla en sí mismos y obliga a rechazar lo desconocido, sin parar a pensar que ellos pueden ser la causa última de ese desconocimiento que aborrecen. Ahora bien, Europa tampoco se encuentra exenta de riesgos. Son muchos los que entienden que una de las causas del reciente conflicto social francés es la falta de integración social de los inmigrantes, debida a su vez a las carencias del sistema educativo francés. La consecuencia es el creciente fracaso y abandono escolar previo a la finalización de la enseñanza secundaria. Abandono escolar que, en el caso español, crece a pasos agigantados y se aleja del objetivo europeo de un 85 por ciento de población con enseñanza secundaria acabada, circunstancia que obliga a los jóvenes españoles al desempeño de tareas de escasa cualificación con las que ocupar su tiempo. Son los llamados mileuristas, cuya preocupación sólo alcanza al cobro mensual de esta cantidad. Sin embargo, la tramitación de la Ley Orgánica de Educación (LOE) nos ofrece una oportunidad sin parangón para analizar y poner remedio a nuestros males. No sé si ésta será la última oportunidad, pero seguro que de, no aprovecharla, no habrá muchas más. De lo que no cabe duda es que cada vez estamos más y más lejos de los objetivos fijados para España en el Programa Educación y formación 2010 de la Comisión Europea. Se me hace difícil alcanzar a comprender la falta de entendimiento entre la clase política en cuanto a un pacto educativo de larga duración, basado en el compromiso y motivación de padres, instituciones, educadores y educados. Sólo así conseguiremos un sistema educativo de éxito. Nuestro futuro como país y el de nuestros hijos como personas están en juego. Pocas materias lo merecen tanto como ésta. Por lo demás, sólo les pido que tengan presente la enseñanza del sabio griego. No obstante, por si sirve de algo, y con su permiso, yo me voy a estudiar. JUAN I. SANZ CABALLERO Profesor de la Facultad de Derecho de ESADE REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO REHENES DE CATALUÑA ¿Pueden los militares decirlo todo, públicamente? se pregunta Le Monde, al enviar a sus suscriptores el menú informativo del día, felicitándose del arraigo de la democracia en España, demostrado, a su modo de ver, a través del debate público abierto por el general Mena Aguado. Menos olímpico, por su parte, el Guardian británico se pregunta si, en verdad, ese caso y el del general británico sir Michael Rose- -que ha pedido un juicio político de Tony Blair, para exigirle responsabilidades por la participación británica en Irak- -no debieran replantear el derecho a la libertad de expresión de los militares en las democracias modernas. Financial Times (FT) va más lejos. Tras afirmar que, a su modo de ver, el caso Mena Aguado pasará a la historia como un anacronismo comenta: Desgraciadamente, el general no está completamente equivocado cuando recuerda que el artículo 8 de la Constitución convierte al Ejército en garante de la integridad territorial de España En ese terreno, el matutino financiero británico es partidario de enmendar la Constitución, para subrayar la supremacía del poder civil. Sin embargo, en este caso, a nadie se le oculta la tensa superposición de puntos de vista antagónicos. Y Le Figaro insiste en que, en verdad, el general Mena Aguado dijo en voz alta lo que piensan en voz baja ciertos altos responsables del Ejército En esa misma línea, El Mercurio chileno retoma una crónica del Times de Londres, transmitiendo a los numerosísimos lectores hispanoamericanos la misma inquietud de una España víctima del fantasma de Franco Desde Hamburgo, Die Zeit habla del drama español de los Reyes Magos entrecomillando una y otra vez el carácter aislado de las opiniones del general Mena Aguado, concluyendo con el delicadísimo dilema gubernamental, cuando a nadie se le oculta el finísimo hilo que une los debates vasco y catalán, que el Financial Times propone a esta perspectiva europea: Los catalanes, que se consideran ellos mismos más europeos que el resto de España, debieran recordar los principios de solidaridad en la UE. Solidaridad que incluye las transferencias fiscales de las regiones ricas a las regiones menos ricas. ¿Por qué tal solidaridad debe ser correcta en Europa y equivocada en España? Rehenes de Cataluña