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ABC MARTES 10 1 2006 Internacional 29 Hugh Thompson, el militar de Estados Unidos que plantó cara a sus compañeros durante la tristemente célebre matanza en la que murieron centenares de civiles vietnamitas, fallece a los 62 años de edad El héroe olvidado de My Lai P. RODRÍGUEZ Austria relanzará el debate sobre la Constitución europea b A pesar de las reticencias de WASHINGTON. El 16 de marzo de 1968, un joven piloto de helicópteros del Ejército de Estados Unidos llamado Hugh Thompson se encontraba realizando un rutinario vuelo de reconocimiento sobre la localidad de My Lai, en Vietnam del Sur. Acompañado por otros dos colegas a bordo de su OH- 23, el militar avistó decenas de cadáveres de hombres, mujeres y niños asesinados a sangre fría por soldados del Pentágono al mando del teniente William Calley. Coincidencia que sirvió para demostrar palpablemente que el mal triunfa sólo cuando la gente de bien no hace nada. En vez de ignorar esos horrendos daños colaterales Thompson no dudó en plantar su helicóptero entre sus compatriotas y un grupo de aterrados vietnamitas. Recordando años después que esa gente me estaba mirando a mí en busca de ayuda y de ninguna forma hubiera podido darles la espalda Al bajarse del helicóptero para intentar detener la matanza en curso llegó a ordenar a su tripulación abrir fuego si un vietnamita más era asesinado en su presencia. Transformado en un incómodo testigo, Thompson empezó a evacuar a supervivientes de My Lai, solicitando la ayuda de otros helicópteros. Su intervención salvó la vida de diez personas. Al volver a su base, el piloto no dudó en denunciar lo ocurrido a sus superiores, rompiendo el código de silencio sobre atrocidades en el frente. Al insistir que lo ocurrido no podía ser descrito como una legítima operación militar, en su unidad le empezaron a tratar como una especie de traicionero delator. Barroso, que teme que sólo sirva para que reaparezcan las divisiones, Schussel promoverá la discusión sobre el futuro de la UE ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. La presidencia austriaca de la UE está dispuesta a relanzar un verdadero debate sobre el futuro de Europa y a intentar reavivar el proyecto de Constitución Europea, pero la sola idea ya ha puesto los pelos de punta al presidente de la Comisión, el portugués José Manuel Durao Barroso, que teme que ese debate acabe profundizando las divisiones entre los países miembros. La Constitución no está muerta pero es un hecho que no se halla en vigor porque no ha sido ratificada y será difícil revivirla dijo ayer el canciller austriaco, Wolfgang Schussel, en la presentación en Viena del semestre de presidencia, al anunciar que se disponía a intentar reactivar un debate que ha estado en vía muerta desde el verano pasado, cuando los ciudadanos de Francia y Holanda rechazaron la ratificación y los dirigentes europeos reaccionaron pidiendo un periodo de reflexión La preocupación más importante de los ciudadanos es el crecimiento económico y el empleo, y no las cuestiones institucionales ha respondido inmediatamente Barroso, que ya había dicho este verano que no se volvería a saber del proyecto constitucional hasta dentro de uno o dos años Al presidente de la Comisión le parece peligroso que el debate sobre el futuro de Europa sólo sirva para acentuar las divergencias de opinión entre países miembros. En Polonia, por ejemplo, el primer ministro, Kazimierz Marcinkiewicz, dijo en declaraciones a ABC que consideraba que la Constitución europea está muerta Hugh Thomson y su artillero, Lawrence Colburn, en una reciente visita a Vietnam AP Un antes y después en Vietnam P. R. WASHINGTON. Con su más de medio millar de víctimas inocentes, la matanza de My Lai- -divulgada por el periodista Seymour Hersh, también autor de la reciente exclusiva sobre torturas en Abu Ghraib- -sirvió para cimentar y multiplicar la oposición a la guerra de Vietnam dentro de Estados Unidos. Al final, tras una tanda de juicios militares e investigaciones, el teniente William Calley fue el único procesado condenado a perpetuidad. Aunque la sentencia fue luego reducida por el presidente Richard Nixon. Al explicar el calvario en el que le sumió el haber sido un incómodo testigo de la matanza de My Lai, el piloto Hugh Thompson solía disculpar lo ocurrido en Vietnam de la siguiente forma: La verdad no se conocía, se creían que yo no era más que alguien quejándose y lamentandose por unos cuantos civiles muertos accidentalmente. Pero aquel día no hubo muertes accidentales. Aquello fue asesinato Acosado por sus mandos Durante el resto de su servicio en Vietnam, Thompson fue destinado de forma rutinaria a misiones especialmente peligrosas sin la debida protección, como si sus mandos hubieran querido facilitar que el enemigo pusiera punto final a este problema interno. Antes de retornar a casa, el joven piloto había sido alcanzado ocho veces por fuego hostil durante enfrentamientos en los que acumuló un récord de cinco helicópteros inservibles. A su vuelta a Estados Unidos, entre amenazas de muerte, Thompson testificó en secreto ante el Congreso federal sobre lo ocurrido en My Lai, no pudiéndose creer que algunos de los parlamentarios que le estaban interrogando le pronosticarán que el único que podía terminar en la cárcel por lo ocurrido era él. Durante el resto de su carrera militar como instructor de vuelo, sus compañeros le ignoraron hasta el punto de que cuando entraba en el bar de oficiales, el establecimiento se vaciaba en cuestión de cinco minutos. Durante treinta años, Thompson fue ignorado o considerado como traidor. Pero a finales de los años ochenta, David Egan, profesor emérito de la Clemson University en Carolina del Sur, empezó a reivindicar la actuación del piloto de helicópteros. El académico, veterano de la Segunda Guerra Mundial, escribió más de un centenar de cartas al Congreso y otras autoridades federales. Y persuadió también a otros para que se unieran en su campaña de reconocimiento al héroe olvidado de My Lai. Finalmente, el 22 agosto de 1996, Hugh Thompson recibió por fax la comunicación de que el Ejército le había concedido la prestigiosa Medalla del Soldado, reservada para aquellos que arriesgan sus vidas en situaciones donde no están implicadas fuerzas enemigas. Distinción también otorgada a los dos miembros de su tripulación, Lawrence Colburn y Glenn Andreotta, que falleció en un choque de helicóptero ocurrido tres semanas después de la matanza de My Lai. En marzo de 1998, Thompson y Colburn tuvieron ocasión de volver a Vietnam al cumplirse el treinta aniversario de la masacre. Con su estilo firme de pocas palabras, el piloto se limitó a expresar sus remordimientos por no haber podido salvar a más gente. Este fin de semana, a los 62 años, Hugh Thompson ha fallecido en Luisiana víctima de un cáncer después de dedicarse en los últimos tiempos a dar conferencias prácticas sobre ética militar en centros de formación y unidades del Pentágono.