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ABC LUNES 9 1 2006 Madrid 37 Su padre era andaluz y su madre vasca. Y ella, Mariquita Pérez, se convirtió en la muñeca más famosa e internacional de las décadas de los años cuarenta y cincuenta. Junto a su hermano Juanín y sus contemporáneas Cayetana, Gisela, Maricris, Linda, Teresín o Bibiana revolucionaron el universo juguetero español con sus vestidos y complementos La marca de las rayas blancas y rojas TEXTO: MABEL AMADO FOTOS: JUAN CASTILLA (MUSEO DEL TRAJE) El Museo del Traje acoge hasta el 29 de enero la exposición Mariquita Pérez, ¡qué elegante eres! clave de su éxito. A la cuidada selección de los trajes se unía la gran importancia en la elección de los tejidos de acuerdo con el modelo a confeccionar: organdí, bastida y piqué para los conjuntos de gala, y vichy, percal y algodón para diario. Con estos materiales se dio vida a finos abrigos, faldas, camisas y al clásico delantal a rayas rojas y blancas que pronto se convirtió en la marca de Mariquita Pérez. Y, como toda niña, esta muñeca también debía tener padres. Los suyos fueron José Antonio Pérez de la Escalera, militar andaluz, y su madre, vasca, Marta Carvajal y Goicoechea. Sólo faltaba un hermano, y pronto llegó el bebé Juanín, en 1941. La primera tirada de este muñeco superó el millar y contaba con ojos fijos y cabello y pestañas pintados. Un año después, en 1942, nace el primer modelo de Juanín con 8 años. Llevaba pantalón corto, camisa, corbata, chaleco, calcetines de lana y zapatos de piel marrón. Al igual que su hermana Mariquita, este cadete también sufrió cambios que le estilizaron y le introdujeron ojos de fibra y pelo rubio. Termina la visita por esta evocadora exposición en una vitrina singular: los complementos. Mesa y sillas para el jardín, el pupitre, la cartera, el cuaderno de escritura, los esquíes, el paraguas, las gafas de sol, la cámara de fotos... Accesorios todos ellos que, como cualquier niña, Mariquita Pérez utilizaba en su ajetreada vida diaria. Pero esta exposición no concluye con la familia Pérez. También se dedica una vitrina a recordar a las protagonistas de algunas revistas para niñas que sobrepasaron el papel hasta convertirse en reales acompañantes. Es el caso de Mari Pepa Mendoza y de Anita Diminuta, Mariló y Tomasita. MADRID. En enero salgo al mundo sólo con un delantal, pero en el resto del año la de trajes que me harán En julio, como iré al mar, un traje para bañarme, y cuando salga del agua, albornoz para secarme Éstos son algunas de los versos que componían el singular calendario de la famosa Mariquita Pérez. Desde su creación, allá por los años cuarenta, las niñas adquirían no sólo una muñeca, sino también un cuadernillo ilustrado que hacía referencia a los doce meses del año y al vestuario adecuado para cada estación. Esa fue, sin duda, la clave de su éxito: el selecto fondo de armario y los cuidados complementos que acompañaban cada modelo. Para quienes deseen adentrarse un poco más en los treinta y cinco años de vida de la muñeca más famosa e internacional de España, el Museo del Traje (avenida de Juan de Herrera, 2) acoge hasta el 29 de enero la exposición Mariquita Pérez, ¡qué elegante eres! A través de vitrinas, el visitante podrá conocer cómo fueron los primeros modelos, de qué taller surgió, cuántos vestidos llevó, con qué otros muñecos compartió espacio y, por supuesto, quiénes la idearon. Porque fueron dos mujeres las autoras de la muñeca más exitosa del panorama español de los años cuarenta y cincuenta: Leonor Coello de Portugal y Pilar Luca de Tena. De cartón- piedra La primera Mariquita Pérez salió en 1940 de los talleres que Bernabé Molina tenía en la ciudad alicantina de Onil. Realizada en cartón- piedra, tenía los ojos fijos de cristal, la boca cerrada y una peluca de cabello natural. Ya un año después, coincidiendo con la aparición de las muñecas articuladas y andadoras, Mariquita Pérez sufre su primer cambio. Entre 1941 y 1943 salieron al mercado nuevos mode- los fabricados en Madrid por la empresa Muñecas Florido. Habían evolucionado y contaban con ojos que se abrían y cerraban y la boca abierta. Pero, como recuerda la exposición, este no fue el único cambio que sufrió la muñeca a lo largo de su existencia. Aunque algunos fueron simples y apenas apreciables a simple vista, otros, como los realizados en 1943, 1953, 1959 y 1964, variaron su estética. Y es que la moda marcaba tendencias, por lo que se hizo más morena, se rebajó el colorete de las mejillas y se peinó con bucles en 1943. Diez años después, otro cambio estilizó la muñeca, la vistió con ojos de fibra artificial, se aclaró su piel, se suavizó la expresión de su cara y se peinó a lo garçon Con la aparición del plástico, en 1959 inicia una nueva etapa: contó con ojos que se movían de lado a lado, creció un centímetro y se modelaron dedos y uñas de sus manos. Pero la transformación siguió, y en 1964 su cintura se estrecha y las caderas se vuelven más anchas. Además, se cambiaron los rasgos de su cara y se insertó pelo realizado con fibra sintética. Ya en 1970, cuando se fabricó el último modelo, la versátil Mariquita Pérez distaba mucho de su original diseño y se parecía más a las muñecas de la época. Pero si hay algo que distingue a esta famosa creación- -incluso llegó a ser conocida en Portugal, Argentina, Venezuela y Cuba- -fue su vestuario, algo que esta exposición nos descubre en toda su dimensión. Desde trajes regionales- -Mariquita Pérez vivió el boom del turismo a mediados de los cincuenta y se ofertaba en una colección a menor tamaño para facilitar su traslado- -a trajes de fiesta, de diario, de playa y piscina y de abrigo. De hecho, su lema- La muñeca que se viste como una niña -fue la Mariquita Pérez nació en 1940 en un taller de Onil (Alicante)