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30 Internacional LUNES 9 1 2006 ABC Bandas de adolescentes y jóvenes delincuentes, en su mayor parte negros, asaltan los trenes, roban y violan a los pasajeros y huyen ante una Policía que carece de recursos para contenerles y detenerles La hora de los vándalos suena en Francia JUAN PEDRO QUIÑONERO. CORRESPONSAL PARÍS. Tras celebrar la Nochevieja con la tradición nacional del deporte de incendiar vehículos, el año 2006 comienza con una nueva e inquietante tendencia el asalto a trenes para robar, apalear y abusar físicamente de los pasajeros. En apenas ocho días, dos ferrocarriles han sido tomados por bandas de jóvenes que, tras sembrar el terror, han logrado huir y escapar de unos servicios policiales desbordados, a los que muchos viajeros tienen miedo de presentar querellas contra los vándalos. La noche del primero de año una banda de adolescentes y jóvenes- -mayoritariamente negros- -sembró el terror entre los 600 pasajeros del tren Niza- Lyon. Las mujeres jóvenes sufrieron abusos sexuales; se robaron relojes, carteras, joyas y objetos personales. Todos los vagones sufrieron daños de diversa importancia. Los testigos hablan de escenas de horror, vómitos y sangre por todas partes. Mujeres acosadas e insultadas en sus departamentos, en los que, encerradas, intentaban escapar al horror. El Gobierno y la SNCF (Societé Nationale des Chemins de Fer) comenzaron por silenciar el asalto hasta que los sindicatos han filtrado interesadamente el escándalo. Seis días más tarde, la noche de Reyes, otra banda de una veintena de jóvenes asaltaron el tren Melun- París a la altura de Villeneuve- Saint- Georges (Val de Marne) siguiendo el mismo patrón, atraco a los pasajeros, violencia física y desaparición de la banda antes de que pudiera intervenir la Policía. Se han consumado numerosas detenciones, pero la mayoría de los sospechosos han sido liberados por falta de pruebas. Quedan algunos testimonios de horror e incertidumbre- -muy minoritarios- -pues la mayoría de los pasajeros tienen miedo de hablar y muchos de ellos hasta se niegan a presentar querellas contra quienes les robaron y violentaron. AFP François Mitterrand, el mejor presidente después de De Gaulle PARÍS. Francia conmemoró ayer con nostalgia el X Aniversario de la muerte del presidente socialista François Mitterrand, que falleció de cáncer tras gobernar durante 14 años el país y es considerado en la actualidad por la opinión pública el mejor de los últimos 50 años junto con el mítico Charles de Gaulle. Varias ceremonias vigilar las grandes líneas de ferrocarriles, que estaría integrada inicialmente por 1.500 agentes con responsabilidades muy definidas. Pero Francia vive una paradoja trágica: tras años de acrecentar la represión, la inseguridad, real o psicológica, ha aumentado sin embargo casi al mismo ritmo. En Isla de Francia (París y su perife- tuvieron lugar en Jarnac, la pequeña ciudad donde nació y donde se hallan sus restos. En la imagen, la hija del fallecido presidente, Mazarine Pingeot- Mitterrand, junto con el ex primer ministro Jean Pierre Raffarin, durante la ceremonia- homenaje con que se conmemoró en su ciudad natal el aniversario de su muerte. de inmediato, a la caída de la tarde, cómo los pasajeros descienden y huyen con la cabeza baja intentando escapar cuanto antes a las bandas de jóvenes que hablan, ríen y gesticulan de manera ruidosa y descarada sin inspirar confianza de ningún tipo. Tratándose de un problema social y cultural de inmenso calado, íntimamente ligado en sus orígenes a la incendiaria crisis de los suburbios de noviembre pasado, oposición y Gobierno se lanzan a la cara responsabilidades y culpas, agravando de esta manera el abismo que separa a la elite cultural y política de la sociedad civil más modesta, atemorizada. ria) ya existe una policía especial: un total de 166 equipos de tres agentes (con gran presencia femenina y negra) patrullan a diario los 300 trenes de cercanías que circulan entre unas 1.200 estaciones. Tranquilidad aparente En numerosas estaciones de la red suburbana, la presencia constante de fuerzas del orden, armadas de manera ostensible, sólo aporta una tranquilidad provisional y pasajera. Basta con tomar el tren de cercanías hasta el aeropuerto de Roissy- Charles de Gaulle y descender en estaciones como Barbés, Drancy o Bobigny para advertir La mayoría de los pasajeros tiene miedo de hablar y se niegan a presentar denuncias contra los agresores Largamente anunciado Los especialistas hace tiempo que alertaron de la gravedad de la delincuencia y el vandalismo en la red de ferrocarriles. En París y la región parisina, apenas un 17 por ciento de los usuarios se sienten seguros a la caída de la tarde y evitan por todos los medios usar el tren y el metro por la noche. En el resto de Francia, un 32 por ciento de los usuarios afirman tener miedo- -siempre o muy a menudo- -cuando viajan en tren. La inseguridad es más grave entre las mujeres: un 39 por ciento de ellas confiesan temer agresiones físicas o robos cuando toman el tren. Ante tal degradación de un servicio público esencial, Nicolás Sarkozy, ministro del Interior, ha anunciado la creación de una policía especial para Una sociedad enferma que desconoce la manera de sanar J. P. Q. PARÍS. Las nuevas formas de criminalidad, violencia y nihilismo suburbano están íntimamente ligadas a la crisis del modelo escolar. Todos los indicadores sociales reflejan siempre los mismos problemas de fondo: Aumento de la deseducación en unas escuelas públicas cada vez más gravosas para los presupuestos del Estado. Incremento de la mar- ginación social, inseparable de los planes de ayuda social masiva. Emergencia de ghettos urbanos a los que se destinan cantidades crecientes de subsidios que no resuelven los problemas de desintegración cultural y familiar de fondo. Además, durante los últimos veinticinco años, en Francia se han multiplicado varias paradojas superpuestas: Crecimiento de las ayudas sociales al tiempo que aumentaba la pobreza y el número de personas que viven de la asistencia pública. Aumento de la inseguridad ciudadana al mismo ritmo que crece el número de jóvenes que no saben expresarse con claridad, ni oralmente ni por escrito. Aparición de nuevas formas de delincuencia suburbana, cuando nunca han sido tan variadas las formas de disuasión o de represión policial. La inmigración ha sido culpada, durante la última década, de esa larga lista de problemas. Tras la crisis de los suburbios, comienza a emerger una nueva conciencia de la gravedad mucho más profunda de tales problemas sociales y culturales, que tienen otro origen más que político y estatal.