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ABC DOMINGO 8 1 2006 Los domingos 59 EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI ELENA SALGADO Ministra de Sanidad y Consumo Tras el tabaco vendrá el alcohol. No será una ley, sino un conjunto de medidas para impedir su consumo excesivo. Salgado busca soluciones donde muchos no las han encontrado Directa al hígado s problemas existen, sólo que hay quienes evitan hacerles frente y quienes prefieren enfrentarse a ellos, a riesgo de parecer intolerantes. Elena Salgado, ministra de Sanidad, es de las segundas, pese a dirigir un ministerio al que le quedan muy pocas competencias. De su mochila ha salido el regalo navideño del Gobierno: una ley, la del tabaco, que muchos creen prohibicionista y que a otros, como a esta ingeniera, les hubiera gustado más dura. Aunque la ley tenga su firma, no le corresponde a ella supervisar, directamente, su cumplimiento, sino a las comunidades autónomas. Sin su apoyo y consenso no podrá hacer nada, ni tan siquiera cumplir con su propio programa electoral, que, aunque escueto en materia sanitaria, está incumplido a fecha de hoy al cien por cien. Es la cara menos amable de un ministerio que, sin embargo, sabe reconocer los problemas. Que se les ponga solución ya es otra cuestión, y más cuando los problemas vienen dados desde el interior de su propio partido y desde el exterior descentralizado. La del tabaco ha sido la primera gran ley de salud pública aprobada en esta legislatura y, pese a quien pese, ha tenido una contestación mínima. La población reconoce que el tabaquismo es una enfermedad, aunque también le hubiera gustado que, puestos a legislar, se hubiera tratado la adicción a la nicotina tal y como es, como una enfermedad, con sus fármacos financiados por la seguridad social. Pero bueno, ese es otro cantar, en el que las comunidades autónomas tienen que poner sus notas, y el Estado, el dinero. Los problemas de salud pública en España tienen cuatro nombres: tabaco, alcohol y, sumados a ellos genéricamente, las drogas y la obesidad. Al primero ya se le ha colgado una ley, a expensas de ser cumplida. Al segundo no se le ha puesto ni tan siquiera el cabo con el que amarrarlo. Más de medio millón de españoles de 14 a 18 años se emborrachan una vez al mes como mínimo y el 40 de los accidentes de tráfico tienen como protagonista el alcohol, que, en resumidas cuentas, mata a 18.000 personas al año, por 50.000 del tabaco. El alcohol es como un río que nunca sufre estiaje: pueden LA UTOPÍA BOLIVARIANA principios del siglo XIX Simón Bolívar formuló una propuesta utópica genuinamente hispanoamericana: la creación de un gran Estado Nacional sobre los territorios de las antiguas colonias españolas liberadas por sus tropas. Sin embargo, esos planes suponían otra utopía que el célebre caraqueño jamás logró llevar a la práctica y que en cambio sí la ejecutaron con buenos resultados otros personajes más pragmáticos e inescrupulosos que él. Me refiero a la idea del poder omnímodo y a la figura del presidente vitalicio, a la Constitución hecha a la medida y a todas las maniobras que transformaron al Libertador en Dictador. Bolívar nunca realizó su sueño y murió vilipendiado y en la pobreza, mientras sus enemigos sí se convertían en dictadores de las nuevas repúblicas y promulgaban constituciones que los atornillaron al poder. Hugo Chávez y Fidel Castro son quienes encarnan actualmente esa utopía bolivariana del poder, y con el triunfo de Evo Morales en Bolivia se ha creado un eje que permite fantasear con la utopía original: una confederación de países bolivarianos Si Ollanta Humala triunfara en las próximas elecciones peruanas, el efecto dominó alcanzaría muy pronto a Ecuador, y sólo quedaría Colombia para que Chávez y Castro completaran el puzle soñado por Bolívar. Como todos los presidentes electos, Evo Morales disfrutará de una romántica luna de miel política para formar gobierno, afinar sus propuestas y buscar aliados, pero a mí me ha llamado la atención que haya disparado con balas de verdad contra los Estados Unidos, cuando el principal inversionista extranjero en Bolivia es España. ¿De dónde son las supuestas multinacionales que saquean las riquezas bolivianas? Ya no son del país de Bush, sino del de su aliado Zapatero. ¿Cuánto tiempo tardará la retórica antiamericana en volverse antiespañola? En Argentina surgió a los escasos meses del ascenso de Kirchner, y en Bolivia las soflamas indigenistas no prometen nada bueno para España, porque el indigenismo latinoamericano ¿o debería decir bolivariano? siempre ha sido antiespañol. Con todo, la piedra de toque de la futura política internacional boliviana no pasa ni por España, ni por Venezuela ni por Estados Unidos, sino por Chile, un país donde los socialistas gobiernan sin estridencias y con gran sensatez. ¿Por qué los socialistas chilenos no están dentro del eje CastroChávez- Morales? Me arriesgo a suponer que aunque todo el cono sur contara con gobiernos socialistas o próximos al socialismo, Chile seguiría siendo como su bandera: una estrella solitaria en el subcontinente americano. No tengo por qué pensar a priori que Evo Morales va a ser una marioneta en manos de Chávez y Castro, pues para empezar ha ganado limpiamente en unas elecciones irreprochables, y por lo tanto no reúne los requisitos de la utopía bolivariana: ser el hombre providencial de poder ilimitado y un libertador convertido en dictador omnipotente. No es el caso de Chávez y Castro, quienes sí han conseguido lo que Bolívar siempre buscó y nunca disfrutó: el poder vitalicio y el sometimiento de todas las instituciones. Todavía conservo los recortes de la prensa española cuando Fujimori ganó las elecciones peruanas de 1990. Y me da mala espina comprobar que quienes alaban a Evo alabaron entonces a Fujimori. www. fernandoiwasaki. com Lo POR GONZALO ZANZA A cerrarse las tiendas, prohibirse la venta a menores de 18 años, retirarse de las carreteras, cerrarse a horarios europeos los bares... pero sigue ahí, rondando al día y a la noche. El consumo excesivo será la próxima estación en la que se detendrá Elena Salgado, según su hoja de ruta. De momento, ni tan siquiera ha dictado un decreto ley para impedir que haya dos comunidades donde todavía sea lícito servir y vender bebidas alcohólicas a jóvenes de entre 16 y 18 años. Para frenar el apego de muchos españoles al consumo excesivo, Salgado planifica frente al Museo del Prado una batalla mil veces reproducida en ayuntamientos y comunidades autónomas y mil veces perdida. Los jóvenes siguen con el botellón a cuestas, muchos bares de las barriadas españolas cierran sus puertas con enfermos de soledad y amargura dando gritos, pero nadie sabe cómo acabar con una droga tan aceptada socialmente pero que ocasiona tanta muerte. Incluso los jóvenes del partido de Salgado, los de las juventudes socialistas ya le han advertido: sí a la prevención, no a la prohibición. El camino de Elena Salgado por los derroteros del alcohol se antoja difícil sin una ley que echarse encima, con ayuntamientos que han hecho del botellón su seña de presentación al mundo, con comunidades que no prestan atención sanitaria alguna al alcohol porque es algo normal ¿Cómo detener el gran problema que supone que casi la mitad de los jóvenes de la periferia de las grandes ciudades tengan en la litrona su amiga del fin de semana? La respuesta tendrá que venir pronto. El problema está reconocido, pero faltan soluciones, si es que existen. Puede que Salgado las encuentre, pero ya veremos si se las dejan aplicar, porque, a buen seguro, ninguna o casi ninguna será de su competencia y sí de muchos compañeros de partido y de la oposición. Y en ambos domina el griterío.