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50 Los domingos DOMINGO 8 1 2006 ABC ARDEN LAS LETRAS GAYS (Viene de la página anterior) Álvaro Pombo Eduardo Mendicutti Autor de California nuevo auge de las letras que son sobre todo buena literatura, pero que tratan con inusitado desparpajo y ardor la pasión entre personas del mismo sexo. Durante la gira de presentación de Contra natura quizá su novela más desgarrada, Álvaro Pombo (Santander, 1939) dijo que se sentía más gay que cántabro Aparte de la ironía sobre las inagotables pasiones identitarias que devoran periódicamente la piel de toro, ¿qué había en esa declaración sentimental? Admite Pombo con su facundia habitual que el relato es ahora mucho más explícito aunque en su caso, dice, ha sido siempre explícito desde su primer libro, Relatos sobre la falta de sustancia (1977) hasta esta Contra natura de una corporalidad intensísima. La pregunta sobre el sexo de la literatura me parece muy americana, responde a eso que se ha hecho mucho en las universidades americanas y que ha criticado Harold Bloom, sobre la literatura de género. Yo no digo que la sexualidad de cada escritor no influya en lo que escribe, porque todo lo que somos nos influye. En un momento en que hay mayor transparencia la sexualidad está más presente, pero sobre todo porque la intimidad se ha vuelto mucho más transparente. Creo que la literatura es un sismógrafo que refleja lo que pasa en el mundo, pero también que sociedad y literatura nos comemos la merienda mutuamente. El amante de lady Chatterley de D. H. Lawrence, presentó explícitamente la sexualidad en la sociedad anglosajona y se intentó condenarla por pornográfica. Hoy a nadie se le ocurriría condenarme por pornográfico, y Contra natura es mucho más explícita de lo que nunca fue D. H. Lawrence El relato homosexual ha evolucionado de lo oculto a lo visible, de lo insinuado a lo explícito Autor de Contra natura No creo que el pecado haya dejado de tener valor literario, Es probable que en un mundo racional no habría literatura ni arte ni religión El pecado, como concepto religioso, es un conflicto personal que, aunque parezca pasado, volverá a la literatura una y otra vez Un dibujo de Cocteau inspirado en el arte ateniense Sutiles y taimados Para el poeta y novelista Manuel Francisco Reina (Jerez de la Frontera, 1974) se da por sentado que se ha evolucionado desde los relatos evidentemente homoeróticos del siglo XVIII o XIX sutiles y taimados, pasando a los autores de principios del XX en los que los poemas o los textos sin género fueron dando, cada vez más, paso a la explicitud sexual y afectiva de nuestros días. En este sentido se ha evolucionado mucho, es verdad, y se ha avanzado en la normalización, aunque muchos lectores y editores aún consideren subliteratura aquella que narra historias de amor entre personas del mismo sexo y brillen por su ausencia los libros que contengan estas temáticas en los premios literarios más afamados. En lo que poca gente incide es en que hasta la irrupción de la cultura judeocristiana y su nefasto concepto moral de pecado la literatura y el referente de pecado no era un problema de índole moral o religiosa. El DEL ROSA AL ARCOIRIS JAVIER CORTIJO erá alguna broma macabra el hecho de que las coreografías y números musicales de la pionera Diferente (1961) sean más lozanos que los de la ultimísima y bisexual Los dos lados de la cama (2005) Será, sin duda. Porque si algún subgénero ha evolucionado en el cine español en las últimas décadas, a rebufo de las reivindicaciones sociales, ha sido el rosa No hay más que comparar el rol de locaza mariquita de las comedietas setenteras, inmortalizado por Alfredo Landa en No desearás al vecino del quinto (1970) con el tino y tacto de Segunda piel o todo el cine de Ventura Pons, desde Ocaña, retrato intermitente hasta Food of Love pasando por Caricias Amic amat y sin olvidar el carismático documental sobre el FAGC (organización decana del movimiento gay en Cataluña) que casi le ocasiona un disgusto con la Ley de Peligrosidad Social, que seguía bien candente en los últimos 70 y primeros 80, como recordaba hace poco Chus Gutiérrez en El calentito Entre medias, poca fiesta y mucho lumpen. Y bromas, las ¿S justas. Que se lo digan a Eloy de la Iglesia, otro reivindicador casi heroico, que se veía en la obligación de cambiar títulos como La acera de enfrente por Los placeres ocultos ya en el 76. Por aquella época, el cliché del homosexual acomplejado, friqui y autofustigado se seguía imponiendo. Casos de Un hombre llamado Flor de Otoño El diputado o, ya en los 80, La muerte de Mikel Todo cambió cuando Almodóvar sacó al subgénero del gueto con obras maduras y algo carnavaleras como Matador Laberinto de pasiones o La ley del deseo aunque el hecho gay nunca haya sido el verdadero motor de su cine, como él siempre ha declarado. Pero la espita ya estaba abierta, y la normalización implantada. Incluso en el cine lésbico, celuloide oculto en sesiones de cine mudo de los años 20 y que llenó taquillas en el siglo XXI con, por ejemplo, A mi madre le gustan las mujeres Y, cerrando también con ironías del destino, ¿cómo es que Animales heridos lo último de Pons, no incluye ninguna relación gay precisamente en el año en que Hollywood sale del armario?