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ABC DOMINGO 8 1 2006 La Entrevista 11 Historia de las mujeres en España y América Latina La profesora Isabel Morant es autora de El declive del señorío (1984) Amor, matrimonio y familia (1992) y Discursos de la buena vida: matrimonio, mujer y sexualidad en la literatura humanista (2002) entre otras obras. Ahora ha coordinado esta Historia de las mujeres en España y en América Latina (Cátedra) cuyos dos primeros tomos (dedicados a la prehistoria, la antigüedad y la edad moderna) acaban de aparecer, a la espera de que los dos últimos (siglos XIX y XX) lo hagan en abril. Morant justifica su aparición en que la historia convencional no se enfocaba desde el ángulo de las mujeres. Teníamos una historia protagonizada por los hombres o una historia neutra, en donde no se marcaban las diferencias entre lo masculino y lo femenino. En la introducción de estos libros recojo una cita de Virginia Woolf que estaba trabajando en la librería del Museo Británico y se lamentaba de que las mujeres pasan por los libros como fantasmas, como seres invisibles. Esto nos pareció natural hasta hace muy pocos años, cuando nos dimos cuenta de esa invisibilidad La historia no había destacadao a las mujeres, aunque hubiera alguna excepción, como Isabel la Católica o Santa Teresa, que fueron excelsas. Lo cierto es que las mujeres no figuraban en los libros de historia en la dimensión que les corresponde. Hay una contradicción entre el papel cada vez más importante que ahora desempeñan en nuestras sociedades- -añade- -y lo poco representadas que están en el mundo del conocimiento Entre 1990 y 1992 apareció en Francia la Historia de las mujeres en Occidente de Georges Duby y Michelle Perrot, pero en ella no había ninguna mención a España ni a Hispanoamérica, así como tampoco a ningún historiador español, y no por mala fe, sino porque aquí no se había trabajado mucho en este campo, por entonces sólo estábamos empezando. Cuando Taurus tradujo la obra de Duby y Perrot al castellano, en el año 2000, fue necesario añadirle un apéndice que salvara tan flagrante ausencia. Ahora hemos querido hacer esa historia de las mujeres españolas e iberoamericanas para tener una obra propia concluye. Hubo que cambiar los códigos civiles, las costumbres, los planes educativos, y aún estamos cambiando algunas cosas. Una de las grandes contradicciones del XIX es que la sociedad piensa que todas las mujeres se han de casar cuando hay muchísimas solteras, sobre todo después de las guerras. Y éstas son las pri- Isabel Morant, en el despacho de su casa en Valencia nismo social, por llamarlo así, que pone el acento en la mejora de la vida de las mujeres, en que vayan a la escuela y sean educadas, en que puedan ganarse la vida honestamente, casarse voluntariamente y controlar su maternidad... No hay más que leer a Doña Emilia Pardo Bazán, que tiene una gran sensibilidad para ese progreso de las mujeres. Ella apuesta en La mujer española y otros escritos por la educación. En cambio, las sufragistas estaban convencidas de que el voto traería el progreso de las mujeres, pero no ocurrió así, lo cual obligó a implementar políticas de igualdad a partir de los años 70 y 80 del siglo XX. meras que tienen necesidad de trabajar y que son enfermeras, maestras, escritoras... Los padres no tienen más remedio que empujar a sus hijas al trabajo. Las solteras que necesitaban trabajar son una brecha en el modelo que estaba vigente de mujer casada, legitimadora de la herencia. y acogida en una familia que le cubría todas sus necesidades. -El descubrimiento de la píldora supone la separación total entre reproducción y sexualidad. ¿No es ése un absoluto cambio de mentalidad? -Claro. La mujer puede plantearse una relación diferente con el hombre en el sentido de establecer, ahora sí, un pacto sentimental: son el deseo y los sentimientos los que le unen al varón, no la necesidad económica. La emancipación de las mujeres ha sido la revolución másimportante de los últimos siglos. Y ha sido incruenta, no ha ido contra nadie. Las mujeres han logrado situarse en el lugar que les correponde por justicia y sin grandes cataclismos. Hay que tomar nota. -Bueno, eso de sin cataclismos Muchas personas tienen miedo por el cambio de modelo: familias uniparentales, separados que llevan hijos a las nuevas uniones, familias homosexuales... Y hoy ya son casi mayoría en algunas comunidades. -Los cambios que traen mayor libertad no tienen por qué dañar a nadie. -En los 60, las mujeres se pusieron pantalones pero los hombres no se calzaron aún las faldas. Hoy sí. ¿No es el modelo metrosexual el de un hombre feminizado? -Los hombres han cambiado mucho, pero yo no diría que se han feminizado. Esa dicotomía que separaba lo privado como femenino, y lo público como masculino, sí se ha roto, porque hombres y mujeres transitamos del espacio público al privado, nos interesamos por la política y por la vida personal. Los hombres descubren esa parte privada de sus vidas, por ejemplo, la paternidad, y además descubren a las mujeres mucho más próximas. Hoy la mayoría de los hombres están en contra de la violencia contra las mujeres. Están sensiblilizados contra esa lacra. Además, hoy cada vez más hombres se implican en educar a otros hombres. Que un hombre sea capaz de afearle la conducta a otro que sea violento me parece importantísimo. ¿Violencia contra las mujeres o violencia de género -Yo digo siempre violencia contra las mujeres La palabara género viene de gender en inglés no del género gramatical en español, masculino o femenino, como señala la RAE y se ha utilizado para diferenciar un sexo biológico de otro social y cultural. Considerar a las mujeres el segundo sexo es cultural. El sexo biológico no se modifica; en cambio, sí se puede modificar el sexo cultural. Sobre el sexo cultural se construye qué es ser hombre y mujer La violencia contra las mujeres pertenece a las culturas, no a la esencia de las personas. Yo, para no liar a nadie, hablo de violencia contra las mujeres y es distinta a la violencia doméstica (que ocurre en casa) porque la violencia contra las mujeres tiene la base ideológica de la misoginia. Los hombres que maltratan a las mujeres son misóginos, tienen una ideología que menosprecia a las mujeres. La misoginia no hace daño a los niños ni a los viejos.