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58 Cultura SÁBADO 7 1 2006 ABC Durante cuatro décadas, la música española ha ido desfilando, libre de prejuicios y de ñoñerías, por el estudio del fotógrafo Pablo Pérez- Mínguez. Ahora, el artista ha reunido todo el trabajo de estos años en un libro, Miradas en el que ha puesto el ojo donde otros ponen la voz Música de cámara TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE Luz Casal, iluminada por el objetivo de Pérez- Mínguez, casi convertida en otra mujer. Algunas fotografías descubren a los retratados mundos que antes desconocían MADRID. Desde que tuvo uso de razón se imaginó el mundo y la vida en una foto. Mejor aún, en un retrato. Hace ya cuarenta largos años que se puso manos (y cámara, evidentemente) a la obra, y ahora ha reunido docenas de sus representativos trabajos en un libro, Miradas (Fundación Autor) que sirve también de intenso repaso a la historia de la música popular española de las últimas décadas. Es Pablo Pérez- Mínguez, autor de portadas de discos (vinilos, por favor) de reportajes a veteranos y noveles, compañero de viaje de mucha y variada gente de la movida (Almodóvar, Alaska, Carlos Berlanga) un fotógrafo en definitiva con un nombre muy propio. A lo largo de estas vividas y vívidas cuatro décadas, Pérez- Mínguez no sólo ha trabajado para modernos sino que también ha perpetuado la imagen de artistas románticos, de artistas más o menos comerciales. A algunos, los cogió prácticamente en pañales musicales (Alejandro Sanz, Mónica Naranjo, Alaska, Luis Miguel; Me gusta desvirgarles- -dice- Fotográficamente, claro a otros (Julio Iglesias, Joaquín Sabina, Luz Casal, Raphael, Perales) cuando ya eran personajes imprescindibles de la escena musical. Con muchos llegó a establecer una relación personal y de amistad más allá de lo meramente profesional. A otros les descubrió facetas propias que ellos mismos desconocían. Otros se disfrazaron, otros se reinventaron a sí mismos en el estudio del artista madrileño, ese mismo estudio que él define como una mezcla de Cabaret y de Gabinete del Doctor Freud, o sea, que es un escenario íntimo acogedor, creativo y bien iluminado, pues dispone de luces tipo show mezcladas con luces fotográficas Alaska, toda una pegamoide el día en el que cumplió los 18, ni uno más ni uno menos Luis Miguel, antes de convertir su vida en un bolero de éxito y llevárselas de calle Vinilos for ever Muchas de sus fotografías acabaron siendo las portadas de vinilos (la carpeta se llamaba por entonces) que pasaron a la historia (alguno hasta es probable que más por la imagen que por la música) un trabajo, el de portadista, que a Mínguez le gusta definir como el de compositor de la canción número 11, un trabajo que resultaba especialmente necesario y absolutamente determinante para realzar la identidad de los músicos en aquella época del vinilo Conocidos, famosos o desconocidos- -sigue relatando el artista- -todos en el estudio resultaban y resultan para mí igual de importantes... Porque en ese tiempo hechizado en el que se celebra la sesión fotográfica en mi estudio, la ilusion y la tensión son siempre máximas. Ilusión del artista fotógrafo Sabina, siempre dispuesto a recoger a los pasajeros de la noche madrileña Cuando Gomaespuma era un cuarteto (Alcanda, Fesser, Barella y Cano) José Luis Perales, todo un intrépido capitán al timón de un velero llamado Libertad