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54 Sociedad SÁBADO 7 1 2006 ABC Salud NUTRICIÓN CALEIDOSCOPIO da de peso o de restricción calórica. Durante los más de siete años que duró el estudio se vio cómo las mujeres que pusieron fin a las grasas perdieron una media de 2,2 kilos en el primer año y después mantuvieron una mínima pérdida de peso constante, en comparación con las otras mujeres. El estudio del Instituto de Investigación MedStar en Washington se ha publicado esta semana en JAMA, la revista de la Sociedad Médica Americana. La investigación cuestiona dietas tan populares como la Atkins que promueven la reducción drástica de hidratos de carbono para acabar con los kilos de más. JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ- RÚA Las dietas bajas en grasas logran pérdidas de peso leves y constantes ABC MADRID. Recurrir en exclusiva a una dieta baja en grasas no parece la mejor fórmula para lograr pérdidas de peso mágicas, pero sí para conseguir una reducción leve y constante. Un ensayo clínico con más de 48.000 mujeres maduras que ya habían pasado la menopausia ha demostrado que bajar drásticamente el consumo de grasas diarias puede atenuar la ten- dencia a ganar peso típica de la menopausia. Las voluntarias fueron asignadas aleatoriamente a una dieta baja en grasas o a un grupo de control en el que las participantes podían elegir su propio régimen. El tratamiento en las mujeres con la dieta baja en grasas incluyó sesiones de grupo e individuales para promover comidas ricas en vegetales, frutas y productos integrales. No incluyó, objetivos de pérdi- CONVIVENCIA VÍRICA E l hallazgo protagonizado por el investigador y clínico Vicente Carreño, publicado en Journal of Virology en el sentido de que los virus B y C pueden convivir en el interior de una misma célula tras haberla colonizado y que el primero de ellos tiene capacidad para inhibir el crecimiento del segundo, abre las puertas a nuevos tratamientos para combatir la inflamación infecciosa del hígado. La estrecha relación entre estos dos agentes patógenos era sospechada desde hace tiempo, ya que las personas con una infección crónica por el virus C, el más agresivo y peligroso y para el que todavía no existe curación ni vacuna profiláctica, presentan con frecuencia la infección oculta por el virus B. Este trabajo coordinado por Vicente Carreño es un paso hacia delante para utilizar fragmentos inocuos del virus B para frenar la acción del virus C y, de esta forma, ralentizar el proceso infeccioso. En su opinión, cuando un paciente está infectado por uno solo de los virus mencionados, se le podrían administrar las proteínas del otro para frenar la multiplicación. El equipo que dirige Carreño descubrió, hace ahora un año, una nueva forma de infección oculta por el virus C de la hepatitis. Otros grupos de científicos de Estados Unidos, Europa y Japón confirmaron este extremo y en un editorial Gastroenterology se recomendaba recientemente que los clínicos que atiendan a personas con enfermedades hepáticas deben revisar sus conceptos y tener en cuenta la posibilidad de infección oculta por virus C en pacientes con estas patologías de origen desconocido. Aunque no existen datos oficiales, se cree que en España existen más de 260.000 casos. En este mismo campo de investigación, Vicente Carreño demostraba en un trabajo publicado antes del verano en Gut que el virus C oculto tiene capacidad para replicarse en las células de sangre periférica, por lo que se explicaría el 57 de las enfermedades hepáticas de origen desconocido. La voz de alarma ya se ha dado a los bancos de sangre, para descartar posibles donantes con el virus C oculto, pero uno de los colectivos de mayor riesgo son los pacientes que acuden a dializarse a centros especializados, ya que el riesgo de trasmisión es, aproximadamente, del 12 A esto hay que añadir que ya se ha identificado el mecanismo molecular por el que este agente patógeno promueve el desarrollo del cáncer hepático.