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24 Internacional ISRAEL, EN LA ENCRUCIJADA SÁBADO 7 1 2006 ABC Amado y odiado; ascendido y degradado; indisciplinado y valiente... Ariel Sharón, el héroe, participó en todas y cada una de las guerras libradas desde la creación del Estado de Israel El último de los grandes generales del 48 J. CIERCO JERUSALÉN. No por nada la más reconocida biografía de Ariel Sharón, publicada en inglés en 1989 por la editorial Simon y Schuster, lleva por significativo título: El guerrero No por nada sus más críticos en cuestiones políticas le recuerdan sin cesar el carácter militar de cada una de sus decisiones y repasan su biografía bélica, llena de medallas pero también de tormentos, de episodios heroicos pero también de escenas no aptas para menores de edad. No por nada le resultó tan sencillo hacerse con un hueco protagonista encima de la escena política, a imagen y semejanza de todos sus primeros espadas, siempre precedidos de una carrera larga y prolija en el seno del Tsahal sin la cual superar con éxito las sucesivas citas con las urnas resulta muy complejo entre un electorado con la misma visión y obsesión militar que sus jefes. No por nada recibió poco a poco la confianza de gran parte de la opinión pública israelí en su estrategia con los palestinos, sobre todo en los últimos años y meses de Gobierno, algo impensable por ejemplo en Simón Peres, huérfano para su desgracia, al menos de puertas para adentro, de un contacto fluido y directo con las armas en primera línea del frente. No por nada Peres, tan aplaudido, abrazado, respetado y elevado a los altares en Occidente, no es más que el eterno perdedor en Israel, tras sus derrotas sin paliativos en todas y cada una de sus grandes, y no tan grandes, apuestas electorales. Siempre ha sido el número dos. No por nada los biógrafos de Arik que trabajan en las últimas horas a marchas forzadas por razones más que obvias, destacan que estamos ante uno de los pocos generales del Ejército de Israel que ha participado en todas y cada una de las guerras libradas por su país desde la creación del Estado en 1948, teniendo en todas ellas su particular papel destacado. No por nada hablar del político de los recientes años obliga a recorrer sus mil batallas del pasado, vestido de verde, con su gorra o casco calados hasta las orejas, su ceño fruncido, su mano firme y determinada, su pulso decidido, su piedad brillante por su ausencia al igual que su compasión, su misión única e inquebrantable: destruir al enemigo árabe antes de que éste le destruya a él, a su pueblo, acabe con su patria, con su Estado, con su proyecto sionista. Oficial de la Haganah No por nada formó parte en sus años más jóvenes de la Haganah, la guerrilla de la izquierda israelí que se empleó más que a fondo contra la ocupación de los británicos durante aquel infausto mandato. No por nada combatió en primera línea en la Guerra de la Independencia (1948) donde resultó herido; manchó su incipiente carrera con órdenes tan crueles como el bombardeo de la aldea árabe de Quibya, en 1954, donde murieron decenas de palestinos encerrados Ariel Sharón (segundo por la izquierda) posa junto a Moshé Dayan y un grupo de jefes militares israelíes en una imagen del 28 de octubre de 1955 Su misión única e inquebrantable como gerrero fue destruir al enemigo árabe antes de que éste le destruyera en sus casas; la empeoró si cabe con los tristes incidentes de Mital Pass, en la campaña del Sinaí, o de Sabra y Shatila, en el Líbano, 1982, que le obligaría a dimitir tras ser hallado culpable por la Comisión Kahane que investigó su comportamiento durante el ataque, DESPUÉS DE SHARÓN LA INCERTIDUMBRE ES TOTAL SAMUEL HADAS. Analista diplomático. Primer embajador de Israel en España s el tercer seísmo político que Israel afronta en pocas semanas. El primero conllevó el cambio generacional en el liderazgo del Partido Laborista, encumbrando al líder sindical Amir Peretz en la jefatura del partido y defenestrando a su líder histórico, Simón Peres. Pocos días después, el primer ministro Ariel Sharón, en una operación espectacular e inédita en la política israelí, se marchó del partido que fundara, el Likud, para deshacerse del lastre de su extrema derecha, creando un nuevo partido a su medida, el Kadima (Adelante) Muchos se preguntaron entonces si la sacudida política tendría consecuencias duraderas o sería otro incidente E pasajero. Pero aunque existían dudas acerca de si lo acontecido abriría paso a una nueva situación, los primeros sondeos de opinión auguraban la posibilidad de profundos cambios. El trágico fin de la carrera política de Sharón, el tercer seísmo, deja a los israelíes en una situación extraña, que los sumerge, de la noche a la mañana, en la mayor de las confusiones. Más de un tercio de ellos se aprestaban a encumbrarle nuevamente a la jefatura del Gobierno en las elecciones del 28 de marzo próximo, en la confianza de que se proponía dar al país la oportunidad histórica de llegar a un acuerdo con los palestinos, aprovechando la ocasión abierta por la desconexión is- raelí de la franja de Gaza. A la sombra de Sharón, Israel va a las próximas elecciones en una situación de incertidumbre. Su partido carece de una mínima estructura organizativa, así como de instituciones electas, por no decir de la homogeneidad necesaria. Integrado por los escindidos del Likud y disidentes del laborismo y del partido centrista Shinui, hasta hace pocos rivales políticos, está lejos de alcanzar la homogeneidad necesaria en los ochenta días que restan. ¿Podrá impedir que sus potenciales votantes regresen a sus hogares políticos anteriores? Ello dependerá principalmente de la capacidad de su nuevo liderazgo. Pero también de evitar, como en elecciones anteriores, que las organizaciones fundamentalistas radicales palestinas voten nuevamente con sus acciones terroristas. No olvidemos que en el pasado el terrorismo devolvió a la oposición a dos jefes de Gobierno laboristas, Simón Peres y Ehud Barak. Esto no habría suce- dido con Ariel Sharón, Míster Seguridad El tercio de los israelíes que manifestaron su intención de votar Kadima lo hacía mayoritariamente por una razón: Ariel Sharón. Incluso muchos (quizá la mayoría) de los potenciales votantes del laborismo o del centro consideraban a Sharón como el líder mejor posicionado para dirigir los destinos del país y deseaban ver a sus respectivos partidos incorporándose a una coalición presidida por éste. ¿Qué harán? Aunque los sondeos que se publican hoy no señalan cambios apreciables en la intención del voto de los israelíes, no esperemos la respuesta antes del 28 de marzo. Una y otra vez se ha demostrado en esta parte del mundo que no hay nada más efímero que las previsiones políticas. ¿Acaso alguien esperaba en los prolegómenos de 2005 que la escena política israelí se vería sacudida por tres seísmos en apenas unas semanas?