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ABC SÁBADO 7 1 2006 Opinión 7 larse. Por el momento, esa inmigración se ha detenido casi por completo, debido al rápido crecimiento económico- -de hecho, el más rápido de Europa- -de los últimos años, que está absorbiendo la mano de obra disponible en el país y ha cortado el flujo de emigrantes. Sin embargo, persiste el temor de que la adhesión a la Unión desencadenará una nueva oleada humana. Los temores económicos no son la única preocupación de los ciudadanos de la UE. Turquía fue el teatro de una violencia excepcional en el siglo XX: su participación en la Primera Guerra Mundial alimentó el odio y masacres gigantescas, y el genocidio de los armenios fue el último espasmo de la brutal muerte del Imperio Otomano. Además, si bien Kemal Ataturk restableció el orgullo nacional turco al crear la República secular, su legado tiene tanto de bueno como de malo, ya que incluye tanto la fuerte atracción de Turquía hacia Occidente como la militarización de la vida pública. Esto último explica en gran medida la actitud represiva hacia la libre expresión y las opiniones independientes que ha caracterizado a gran parte de la vida pública turca, una camisa de fuerza que deja poco margen para entablar negociaciones verdaderas con los inquietos kurdos o para resolver la división de Chipre. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EMPRESAS Y NACIONES R Es cierto que algunos países de Europa, sobre todo Alemania y Austria, han aceptado flujos importantes de inmigración turca. Pero los inmigrantes han sido en su mayoría campesinos pobres de Anatolia, cuya integración ha sido difícil. En contraste, la numerosa comunidad secular intelectual de Turquía, cuyos antecedentes culturales son europeos y de donde proviene la mayoría de los ejecutivos del Estado turco, ha permanecido en Estambul y Ankara. Así, Europa teme la perspectiva de una mayor inmigración de turcos, para los que es casi imposible asimi- Pero las aspiraciones de Turquía de ingresar en la UE han significado que ahora se vea forzada a desmilitarizar su democracia y a llegar a acuerdos negociados y pacíficos con todos sus vecinos y socios futuros, armenios, kurdos y chipriotas. De esta manera, si Europa logra superar sus temores y dudas y se abre para recibir a un Estado musulmán poderoso, consolidará la paz en una de las regiones más peligrosas del mundo. En efecto, al integrar a Turquía, Europa demostraría que no es un club cristiano, que el supuesto choque de las civilizaciones no tiene por qué ser fatal y que el proyecto europeo, nacido de un deseo de reconciliación y de la necesidad de promover el desarrollo, puede distribuir sus beneficios mucho más allá de la mitad occidental del continente. Al abrirse a Turquía, Europa comenzaría por fin a desempeñar el papel que le corresponde en lo que se refiere a encarar los retos políticos más duros de la actualidad. Project Syndicate, 2005 PALABRAS CRUZADAS ¿Hasta la vista? HASTA LA VISTA ODO lo bueno tiene un final y llega la hora de poner fin a las discrepancias con el vecino de al lado, amigo aún más que compañero, con muchas batallas políticas a nuestras respectivas espaldas, a veces incluso desde la misma trinchera, aunque hemos puesto el acento en la falta de coincidencia. Es lógico: Zapatero ha convertido este país en un guirigay monumental y muchos de los que nos sentíamos cómodos con el socialismo de toda la vida abominamos del actual y lo decimos en voz alta, mientras que otros- -quizá Fernando- -aún dan margen de confianza a quien tan pocos méritos tiene para merecerla. Ha estado muy bien cruzar palabras y pareceres en esta séptima página, primero bajo la batuta de Ignacio y luego con José Antonio, dos directores de banPILAR dera que, además, hacen bandera de la CERNUDA libertad. Nunca han puesto un pero a nuestro hacer, jamás una indicación, ni siquiera una sugerencia. Hay quienes presumen de defender a capa y espada la libertad de expresión, pero luego pretenden que no te muevas ni un milímetro de su carrilito; otros, sin embargo, sin presumir de nada, dan vía libre, plena vía libre, a sus colaboradores. Y da gusto trabajar con ellos. Todo lo bueno tiene un final. El Jáuregui y yo seguiremos queriéndonos desde la discrepancia, allí donde nos encontremos. Y una servidora seguirá queriendo a la gente de este periódico, y a sus lectores, allí donde esté. ADIÓS, O ALGO ASÍ RACIAS, lector. Durante muchas semanas, tres veces cada semana, has soportado este cruce dialéctico de espadas aquí, con mi admirada vecina de columna, que tantas veces me ha batido en este campo periodístico de opinión. Me he expresado como he querido, he dicho lo que me ha parecido en busca de contribuir humildemente a un debate limpio y respetuoso para construir una España mejor, más justa y más libre. Pensar diferente no quiere decir que una de las partes tenga en exclusiva la razón: puede que muchos días esa razón haya estado repartida entre ambas columnas, quizá alguna vez ninguno de los dos la hayamos tenido, o sí. Ustedes nos votaron- -más a mi vecina- -y complementaron y enriquecieron nuestras opiniones. Hasta FERNANDO hoy. Hoy toca despedirse de este rinJAÚREGUI cón, porque toda fórmula se desgasta y porque se impone que ustedes descansen un tiempo de este duelo nuestro, de la vecina y yo. Aquí he encontrado toda la libertad posible, un respeto grande y cierto calor de hogar, aunque no siempre mis opiniones eran compartidas por todos, o quizá por eso. La pelea ha sido ejemplar, cierta, sin tongo: hay muchas versiones posibles de la verdad. Quizá hayamos servido, al menos, para mostrar que se puede discrepar desde la moderación, buen tono y hasta desde el cariño. Por supuesto, esto no es un adiós, sino un hasta luego. Hasta siempre. T G ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ESULTA paradójico que las empresas quieran ser grandes y las naciones pequeñas. Gas Natural quiere comprar Endesa, y Cataluña prefiere ser una nación pequeña. Algunos- -Pascual Maragall lo confirma- -apuestan por las dos cosas a la vez, y dicen que sacarán adelante Estatut y opa, dos estrategias sólo aparentemente contradictorias. En realidad son de una complementariedad que asusta. El análisis del tamaño como variable competitiva es un tema clásico de la economía de la empresa. Ser grande posibilita conseguir economías de escala y ponérselo difícil a los depredadores. Además, el desplome de los gigantes causa enormes daños colaterales en el entorno, MANUEL así que hay que cuidar de ÁNGEL MARTÍN su salud paquidérmica. Too big to fall dicen los anglos, demasiado grande para permitir que se derrumbe. Bajo el paraguas de este principio viven muchos ineficaces conglomerados privados y casi todos los públicos. Algunos colosos camuflan la aparición de ineficiencias con un inmerecido poder de mercado. La experiencia dice que con ello no se alcanzan superdividendos para los accionistas, sino supercomodidad o superrecompensas para los gestores. El afán de grandeur de las empresas se comprende, pero menos que se mezcle la política. En el acuerdo firmado en el salón del Tinell se aboga por la creación y consolidación de empresas catalanas en sectores estratégicos- -energía, telecomunicaciones, infraestructuras- -y por la existencia de sus centros de decisión de primer nivel (sic) en Cataluña. Lo suyo sería que las motivaciones de localización fueran económicas y el juego fuera limpio. No lo parece y sorprende la pasividad de los gobiernos de otras Comunidades Autónomas. Se les está quedando cara de bobos. Lo del tamaño de las naciones ha sido materia de reflexión para filósofos y politólogos, y lo es también para los economistas. Pueden aplicarse criterios parecidos a los empresariales, pero aquí tienen especial importancia los costes de diversidad o heterogeneidad que afectan a las unidades cada vez mayores. Si se exacerban o manipulan, estos costes se disparan y se desemboca en sucesivas separaciones. En el mundo cada vez hay más países y más pequeños, y es evidente que la democratización acompaña estos procesos: los dictadores no toleran secesiones. Por otro lado, las desventajas del menor tamaño disminuyen con la globalización de los mercados, las uniones aduaneras o cualquier otra forma de integración económica y monetaria. Parece que lo bueno es ser una nación pequeña con empresas grandes, o sea una mezcla ingeniosa de insolidaridad fiscal y de prepotencia comercial. Tal situación de privilegio no es fácil ni justa entre Estados diferentes, menos aún entre quienes se pretenden uno solo. Evo Morales dice que no quiere dueños sino socios Los que le aplauden, como Zapatero y Montilla, deberían aceptar este principio- ¡qué menos! -también en clave interna.