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ABC SÁBADO 7 1 2006 Opinión 5 MEDITACIONES EL MEDALLERO N O pierde ocasión el ministro de Defensa, cada vez que puede, de lanzarle un dardo envenenado- -con distintivo rojo- -al anterior Gobierno. Ayer, fiesta de la Pascua Militar, José Bono anunció la entrega de una medalla a los soldados españoles que obedecieron y soportaron fuego hostil en una zona lamentablemente tan poco pacífica Hablaba de Irak, argumento prioritario en la campaña de acoso a los fantasmas que alimentan la política del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Aunque no viniera al caso, el ministro también denunció en su discurso la estrategia desarrollada por el PP contra los planteamientos federalistas de los socios del Gobierno, pero lo mejor, sin duda, fue lo de la condecoración- -con distintivo rojo, de héroes- -a quienes tuvieron que obedecer al anterior Gobierno. Histórica medalla. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR DARWIN VS. DIOS PARA ENTENDER EL QUIJOTE DE CIRIACO MORÓN Rialp Madrid, 2005 352 páginas 20 euros Un discurso textual A lo largo de este tiempo de conmemoración del IV Centenario de la publicación del Quijote han sido editados un buen número de volúmenes sobre la novela de Cervantes desde ángulos muy diversos, y a veces hasta desde los más inusitados. Acerca de nuestra obra inmortal, fuente de mucho contento y gran admiración, hemos leído y oído ya casi todo, pero no todo ello, sin embargo, ha sido expuesto con similar claridad y concisión. En el presente trabajo del profesor Ciriaco Morón Arroyo acertamos con un análisis nítido y directo de la obra, dirigido al texto mismo más que al contexto o a los pretextos que le suelen escoltar, y destinado así a facilitar su entendimiento. En el propósito del Quijote está, ciertamente, entretener y aun divertir, pero en él se contienen una lógica interna y un trasfondo ideológico y filosófico que no es ocioso explicar. Este manual y guía de lectura, ayuda, entonces, sencillamente, a esclarecer el discurso del texto. Y lo hace con elegancia, que, según la caracterización de Ortega y Gasset, no es otra cosa que la expresión más sobria de una máxima potencialidad. FERNANDO R. GENOVÉS O acabo de entender cuáles son las razones por las que en los Estados Unidos se ha planteado un agrio debate en torno al origen de la vida: por los ecos que nos llegan a través de la prensa, diríase que existiese una facción de fundamentalistas religiosos que abogan por una lectura literal del relato del Génesis, frente a una facción de fundamentalistas científicos que niegan cualquier tipo de intervención divina en el proceso evolutivo. Creo que en el fondo del debate alienta una concepción arcaica de la religión y de la ciencia, como conceptos antagónicos y excluyentes: ni la misión de la fe es suplantar el conocimiento científico, ni la misión de la ciencia es rechazar la existencia de Dios. A ninguna persona mínimamente responsable se le escapa que el relato de la creación, tal como lo describe el Génesis, es de carácter mítico; y el mito, según nos enseñó JUAN MANUEL Platón, es una forma figurada de acDE PRADA ceso al logos un modo de hacer accesible a la inteligencia lo que por su naturaleza es misterioso o impenetrable. Al mismo tiempo, cualquier persona mínimamente versada en biología acepta que las teorías de selección natural preconizadas por Darwin aciertan a explicar la aparición de organismos progresivamente más complejos; por lo demás, los avances genéticos avalan de forma incontestable el origen común de la vida. ¿Qué es lo que proponen, pues, los defensores de la teoría del diseño inteligente Según dicha teoría, en lugar de haber creado a todos los seres de un plumazo, Dios habría intervenido, aquí y allá, introduciendo mutaciones genéticas en los organismos vivos. Para el defensor del diseño inteligente resulta imposible explicar cada organismo de la naturaleza y cada función desarrollada por dicho organismo como el fruto de una mera sucesión de hechos fortuitos. Dios habría actuado al modo de un tecnó- N logo omnisapiente, introduciendo en la naturaleza rectificaciones que desembocarían en la creación del hombre. La hipótesis, sin duda, resulta atractiva, pero carece de rigor científico; esto es, introduce un componente metafísico que la ciencia no puede demostrar ni tampoco negar. Mucho más subyugadora antropológica y teológicamente que la teoría del diseño inteligente se me antoja, por cierto, la preconizada por el jesuita Teilhard de Chardin, lamentablemente mal digerida por muchos católicos, que acepta que Dios se haya servido del evolucionismo para plasmar su creación. Teilhard de Chardin era capaz de estudiar los restos fósiles de homínidos ya extinguidos con el rigor del paleontólogo y a la vez de postular como filósofo la idea de una evolución que propende hacia un estado final Punto Omega de perfección divina. Lo que Teilhard de Chardin nunca se hubiese atrevido a afirmar, como hacen los promotores del diseño inteligente es que Dios haya intervenido directamente para crear un sistema tan complejo como, por ejemplo, un ojo humano, como quien crea un artefacto de alta tecnología. El darvinismo propone, en cierto modo, una actualización biológica de las tesis copernicanas, que arrumbaron el geocentrismo aristotélico. Para Darwin, el hombre no fue creado como centro del universo, sino que se convirtió en el ser dominante de la creación mediante un proceso de selección natural. Ciertamente, Darwin prescinde de Dios; pero el hombre religioso puede interpretar ese proceso de selección natural como un misterioso designio divino, sin que su fe entre en conflicto con los hallazgos científicos. Negar a Darwin amparándose en Dios es, en fin, tan absurdo y cerril como ampararse en Darwin para negar a Dios. Pero quizá avancemos hacia una época en que los cerriles de uno y otro bando, anverso y reverso de una misma moneda como los teólogos borgianos, impongan sus absurdidades.