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78 Economía VIERNES 6 1 2006 ABC El 66 de los juguetes importados para la campaña de Reyes procede de China Un tercio de las compras es efectuado por firmas españolas deslocalizadas b La industria juguetera, concen- trada en Alicante y con 9.180 empleados en los años 80, ya sólo genera 5.000 puestos de trabajo, al tiempo que sus exportaciones disminuyen desde 2003 PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL SHANTOU (CHINA) Los Reyes Magos vienen de Oriente, pero no de los antiguos territorios de Persia por donde siguieron a la Estrella de Belén, sino del Lejano Oriente. Más concretamente, de China, que este año volverá a suministrar el 66 de los juguetes importados para la actual campaña de Navidad y Reyes en España. La mayoría de dichos regalos procede de las ciudades de Shantou y Chenghai, ubicadas en la provincia sureña de Guangdong (Cantón) y donde se concentra el grueso de la producción juguetera del gigante asiático desde hace ya dos décadas. Según los últimos datos facilitados por la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) -que engloba a 120 compañías radicadas, principalmente, en la provincia valenciana de Alicante- las compras a otros países, sobre todo a China, ya habían aumentado en agosto un 14,27 con respecto al año anterior, por lo que entrañaban un gasto de 391,51 millones de euros. Y aún quedaba por delante la campaña de Navidad, que concentra el 72 de las ventas registradas en todo el ejercicio y para la que se preveía un aumento de la facturación del 4 Frente a dicho incremento, las exportaciones de la industria juguetera española descendieron un 0,92 y continuaron con la tónica a la baja que han padecido durante los dos últimos años, cuando cayeron un 12,72 en 2003 y un 13 en 2004. Los motivos de esta disminución se deben, según explica uno de los máximos responsables de la AEFJ, José Antonio Pastor, al estancamiento del consumo en economías desarrolladas como la UE y EE. UU. principales destinos de las exportaciones españolas, y a la fortaleza del euro respecto al dólar, que ha afectado a la competitividad y a la facilidad para trasladar nuestros productos a zonas como Latinoamérica A pesar de esta crisis en las ventas internacionales, a las empresas del sector aún les queda el mercado interno, donde este año aumentará el gasto por niño hasta los 174,93 euros, mientras que en 2004 los padres desembolsaban 165,81 euros en los regalos de cada hijo, excluyendo los cada vez más populares videojuegos. Por todo ello, España, que tradicionalmente ha sido una potencia juguetera gracias a las compañías instaladas en el Levante, ha perdido gran parte del esplendor que tuvo en el pasado. Jóvenes entre 16 y 18 años forman las cadenas de montaje PABLO M. DIEZ Origen de las importaciones españolas de juguetes Millones de euros China Alemania Francia Italia Países Bajos Reino Unido Japón Hong Kong Pakistán Portugal 50,52 39,57 24,74 22,42 21,98 19,77 13,74 10,07 8,98 480,71 Estados Unidos 7,73 Tailandia Indonesia Bélgica 6,93 6,71 3,99 Infografía ABC Así, este sector genera al año 1.050 millones de euros y 5.000 puestos de trabajo directos, lo que supone una considerable reducción de mano de obra con respecto a los 9.180 empleos con que contaba en la década de los 80. En esa época, los ingresos del sector ascendían a 60.900 millones de las antiguas pesetas (366 millones de euros) En este sentido, el negocio del juguete fue uno de los primeros en sufrir los efectos de la globalización al no poder competir con la imparable productividad de China, que se ha convertido ya en la fábrica del mundo. Dentro de este temprano proceso de deslocalización, la mayoría de las firmas jugueteras optó por fabricar en el coloso oriental, por lo que un tercio de las importaciones de juguetes chinas son efectuadas por compañías españolas que han trasladado allí su producción. Entre las más importantes y conocidas destacan Famosa, B- Toys (Industrial Juguetera) Barval (Coloma y Moltó) Educa Borrás, Industrias Falca y el grupo vasco Bizak. Al igual que ocurre en otros sectores como el textil y el calzado, la ventaja de las compañías chinas reside en su baratísima mano de obra y en sus interminables jornadas laborales. Desde julio hasta noviembre, un periodo conocido como la temporada alta de la industria juguetera por aglutinar la mayor parte de los pedidos, un operario de una fábrica de juguetes del dragón rojo gana al mes unos 900 yuanes (94 euros) por unos turnos de entre 12 y 14 horas. El resto del año el salario se reduce hasta los 400 yuanes (41,85 euros) ya que la jornada de trabajo oscila entre las 8 y las 10 horas. Casi todas las factorías se concentran en Shantou y Chenghai, en la laboriosa e industrial provincia de Guangdong (Cantón) y muy cerca de Hong Kong. Allí, varios millones de personas trabajan en las 8.000 firmas que forman parte de la China Toy Association, a las que hay que sumar infinidad de pequeños talleres y fábricas tristemente famosos por la precariedad de sus condiciones laborales, muy próximas a la explotación. Últimamente han proliferado las denuncias por la utilización de mano de obra infantil y por algunas situaciones de semiesclavitud detectadas en dichas factorías, ya que la práctica totalidad de los empleados son adolescentes. Para mitigar la fama de negreros que se han ganado estas fábricas, el Consejo Internacional de Industrias Jugueteras- -al que pertenece la AEFJ- -suscribió en junio de 2002 un código de buena conducta empresarial. Dicho documento prevé que sus miembros no trabajen con compañías chinas que no cumplan las más elementales normas legales, pero su fortaleza se queda notablemente reducida por su carácter voluntario. Y es que, aunque la situación ha mejorado bastante en los últimos años, aún son numerosas las empresas chinas donde la precariedad, los abusos, la explotación laboral y el impago de horas extraordinarias convierten al trabajo en una nueva forma de esclavitud. Pero, para millones de personas en el coloso oriental, donde la renta en el campo apenas llega a los 300 euros al año, dichos empleos constituyen la única posibilidad de salir de la miseria que todavía azota a gran parte del país. Niños sin infancia en la ciudad de los juguetes P. M. D. SHANTOU (CHINA) Cada tres minutos y treinta segundos se fabrica un coche teledirigido en la factoría de juguetes Huihaiquan, al sur de China. Ése es el tiempo que una precisa y disciplinada cadena de montaje, formada por adolescentes de entre 16 y 18 años, tarda en ensamblar el vehículo desde una primigenia estructura con ruedas hasta que se le incorporan el chasis, el volante, los asientos, las pegatinas y el mecanismo de radio control. Al final del proceso, en el que los operarios unen las distintas partes con un pequeño soldador sin utilizar mascarillas ni guantes, otro muchacho embala el producto ya terminado y apila las cajas en una carretilla para ser transportadas al puerto de Hong Kong. La mayoría de los millones de puestos de trabajo que genera el sector juguetero chino, constituido por más de 8.000 empresas, son desempeñados por jóvenes de entre 16 y 25 años que han abandonado sus hogares, fundamentalmente en las áreas rurales de las provincias pobres de Sichuan, Henan y Fujian, para buscar fortuna en la laboriosa e industrial región de Guangdong (Cantón) En esta zona se concentra la industria juguetera del gigante asiático, distribuida entre el área metropolitana de Shantou y Chenghai, donde viven unos cuatro millones de personas. Hace veinte años ambas localidades eran dos pequeños pueblos de pescadores pero, gracias a las plantas de reciclaje de plástico instaladas en los alrededores, empezaron a proliferar multitud de talleres dedicados a la fabricación de juguetes. Como suele ser habitual en las fábricas cantonesas, los operarios duermen en cuartos construidos junto a las empresas y con capacidad para 16 personas por dormitorio. A cambio de este alojamiento, la compañía les deduce 20 yuanes (2,09 euros) mensuales de su sueldo por la electricidad y el agua que consumen y otros 4 yuanes (0,41 euros) diarios por la comida.