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60 VIERNES 6 1 2006 ABC FIRMAS EN ABC LEOPOLDO GONZALO Y GONZÁLEZ CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA ESTATUTO CATALÁN Y UNIDAD DE MERCADO: LO QUE EL VIENTO SE PUEDE LLEVAR Es un hecho que la prosperidad económica está en función de la unidad del mercado y de su dimensión... S triste que el discurso crítico al proyecto de nuevo Estatuto catalán se despliegue, casi exclusivamente, en el plano de su evidente inconstitucionalidad. Como si la idea- hecho de España no mereciese ser defendida por sí misma, y como si la propia Constitución no reconociese que la indisoluble unidad de la nación española es algo anterior a ella misma y en lo que, precisamente, se fundamenta. Sin lo que podemos llamar la constitución histórica de España, no cabría hablar de constitución política alguna. Ocurre, sin embargo, que vivimos tiempos pragmáticos ¡Ay, Sancho amigo, que en esta ocasión parece que es el peso del espíritu lo que no se puede llevar sin el gobierno de las tripas y que los argumentos relevantes han de ser del mismo carácter. Pues bien, hablemos de economía. Es un hecho que la prosperidad económica está en función de la unidad del mercado y de su dimensión. Lo primero significa que personas, bienes, servicios y capitales circulen libres de trabas administrativas y fiscales en un determinado ámbito geográfico, pues sólo así se garantiza el orden de competencia que W. Eucken reclamaba como condición para el desarrollo económico. En cuanto al tamaño del mercado, cuanto mayor sea éste, más intensa podrá ser la división del trabajo, mayor la productividad, más bajos los precios, mayor el poder adquisitivo y, en consecuencia, mayor aún el propio mercado; lo que propiciará, a su vez, una más intensa división del trabajo y, en definitiva, una nueva expansión de la producción. que su valor intrínseco y su poder adquisitivo estaban sometidos a frecuentes variaciones. Otro tanto cabe decir de los ordenamientos jurídicos civil y mercantil, cuya incompleta sistematización no se logra hasta bien entrada la época contemporánea, gracias al movimiento codificador (el primer Código de Comercio español data de 1829 y el Código Civil se demora aún más, hasta 1889) En materia de aduanas interiores, será el prerreformismo borbónico de Felipe V el que logre borrar, por fin, la anacrónica línea fronteriza que atravesaba España de Norte a Sur, separando, a través de multitud de puestos aduaneros, Castilla y Aragón; si bien ha de esperarse a 1841 para ver culminada la unidad aduanera nacional, al integrarse en ella las Provincias Vascongadas. Por lo que respecta a la unificación del sistema tributario heredado también del Antiguo Régimen, el proceso iniciado con los Decretos de Nueva Planta, en 1714, no culmina hasta la reforma moderada de 1845, y ello de forma incompleta, al quedar fuera del régimen fiscal común las Provincias Vascongadas y Navarra. Hay que destacar la enorme trascendencia que para la unidad de mercado tuvo la igualación de sistemas tributarios de estilos tan diferentes como los propios de las Coronas de Castilla y de Aragón, basado el uno en la imposición indirecta (alcabala, cientos, millones, etc. y en la directa, fundamentalmente, el otro (a partir de 1714: contribución única, catastro, equivalente y talla) En cuanto a la formación de un sistema financiero adecuado para la integración del mercado de capitales, la primera Bolsa de valores- -la de Madrid- -no se crea hasta 1831, seguida de las de Bilbao (1890) y Barcelona (1915) Hasta entonces, habían sido las Lonjas y Casas de Contrata- E Tal es lo que G. Myrdal caracterizó como círculo vicioso de la riqueza Volvamos al Estatuto catalán. Éste supone una profunda quiebra del mercado nacional por escisión de una de sus partes. Puede considerársele el summum de las disparatadas disfunciones y fracturas que ha traído la materialización del Estado de las Autonomías. Su lectura pone de manifiesto que no habrá sector ni institución económica que no adquiera un sesgo particular en Cataluña; su intervensionismo asegura graves distorsiones tanto en las corrientes normales de tráfico como en la asignación espacial de los recursos. El logro de la unidad de mercado en España no ha sido cosa sencilla ni, mucho menos, rápida. A ello se han opuesto tercamente factores naturales e históricos. Una orografía sumamente abrupta y la insuficiencia e inadecuación de las vías fluviales contribuyen a explicar la secular incomunicación de las distintas partes del territorio peninsular. No se trata de aplicar de forma simplista un modelo ya caducado de determinismo geográficohistórico, sino de recordar que el medio natural, aunque no impone unas determinadas formas de actuar al hombre, sí restringe sus posibilidades de acción y sus formas de organización. Todavía a finales del Antiguo Régimen eran enormemente complicados el sistema monetario y la metrología en nuestro país. Recuerda Domínguez Ortiz que cada región- -y con frecuencia cada comarca- -tenía su propio sistema de pesas y medidas. Las monedas, no sólo eran distintas en Castilla, Navarra y Aragón, sino SANTIAGO TENA ESCRITOR LO QUE SIENTES AHORA yo explicando que el orgullo de mi rareza está en pensar que los demás están todos equivocados y que yo tengo razón, y la cosa es que no ando lejos en eso de la verdad: cuánta gente adapta sus puntos de vista a lo que más se dice y a lo que más se oye, a lo más fácil, y en esto yo también peco: mis ideas más radicales no me atrevo ni a escribirlas aquí ni a decirlas en voz alta, y sin embargo sé que si hay un Dios, está de acuerdo con todas ellas, y sé que es anarquista como yo, y sé que Y no cree en el sistema ni en las leyes humanas, ni en la mal llamada moral cristiana, y sé que me sigue a todas partes, y sé que sus ángeles se enamoran, y no solo sus ángeles, de los que como yo sabemos que la realidad es solo apariencia y que toda opinión que tome como presupuesto la existencia de la realidad material es una opinión equivocada. Y esto de que la realidad no existe no es que lo diga yo: lo decía ayer un documental sobre el budismo tibetano, y en esto Dios es budista, igual que es cristiano en el ama a tus enemigos y musulmán en la fe en una vida de carne y hueso más allá de la muerte, niño en la creencia en una realidad que los adultos rechazan, pues Dios sabe que las hadas, los ángeles otra vez, los fantasmas pero no malos, los magos, las brujas, los duendes, los deliciosos vampiros, el viejo conciliasueños, Santa Claus y los Reyes Magos existen, por más que los adultos hayamos decidido crecer olvidando nuestra sabiduría infantil, y Dios sabe que tú estás leyendo esto y escuchándome, y que el querernos como nos queremos por escrito es mil veces más mágico y real que el algún día conocernos en persona y descubrir que nunca nos hemos querido. La realidad es esta: la que sientes ahora. ción de origen medieval los lugares para la negociación de mercancías y servicios, si bien de forma insuficiente e inapropiada para la exigencias del moderno desarrollo capitalista. El sistema bancario, por otra parte, no comienza a formarse sino a partir de 1782, con el establecimiento del Banco Nacional de San Carlos, luego de San Fernando, el cual disfruta de una posición exclusiva hasta 1845- 1846, bienio en el que se crean los nuevos bancos de emisión de Isabel II, de Barcelona y de Cádiz. Hasta 1856- 1857 no se fundan los nuevos bancos emisores de Málaga, Santander, Valladolid, Bilbao, Sevilla, La Coruña y Zaragoza, y hay que esperar al período 1860- 1864 para que el sistema se amplíe con la creación de los bancos de Jerez de la Frontera, San Sebastián, Burgos, Reus, Tarragona, Pamplona, Oviedo, Palencia, Vitoria, Santiago y Balear. Como E. Frax y M. J. Matilla han puesto de manifiesto, el lento desarrollo de las infraestructuras portuarias durante el siglo XIX explica el tardío impulso de la navegación de cabotaje, que a partir de 1880 se suma a las vías terrestres de transporte como elemento igualmente integrador del mercado nacional. La Guerra de la Independencia, verdadero factor de desarticulación de dicho mercado durante un largo sexenio (1808- 1814) retrasa las inversiones necesarias para la modernización de la red de caminos heredada del siglo XVIII, las cuales sólo se intensifican a partir de 1840. Las obras de desmonte, terraplenes, viaductos y puentes se intensifican a partir de ese año en medio de un panorama nada propicio para su realización: las recurrentes guerras carlistas. La construcción de la red ferroviaria en la segunda mitad del ochocientos contribuye decisivamente, por último, a superar el natural acantonamiento económico del país. La estructura radial que a la misma se dio- -con excepción de las líneas del Ebro y la costa mediterránea- -logró por fin conectar entre sí a los principales núcleos de actividad económica, con la consiguiente ampliación de sus mercados y las economías de escala de ello derivadas. A pesar de todo lo anterior, a pesar del gigantesco esfuerzo llevado a cabo en los planos institucional y material con el objeto de construir un auténtico espacio económico interior, los resultados distaron de ser inmediatos y generales. Todavía en 1857, El Economista subrayaba que las increíbles diferencias en el precio del trigo de unas provincias a otras se debía, tanto o más que a la diversidad del régimen agrario, del latifundio y del monocultivo, a la carencia de un auténtico mercado nacional. El proceso tan apretadamente descrito hasta aquí pone de manifiesto la complejidad del problema y el esfuerzo colectivo desplegado con el propósito de conseguir un mercado interior para el conjunto de España. No parece necesario llegar hasta fechas más recientes para mostrar la continuidad de aquel esfuerzo auténticamente nacional, pues se trata de una historia, por próxima en el tiempo, mejor conocida. Pero sí es preciso avisar de la importancia vital que la unidad de mercado tiene para la prosperidad de esta España, obra común de reyes y labradores, de guerreros y clérigos, de pastores y mercaderes como decía el profesor Salvador de Moxó.