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ABC VIERNES 6 1 2006 23 Baño de sangre en Irak, con 130 muertos en dos atentados que hunden un poco más las esperanzas de paz Fallecen en La Meca una veintena de peregrinos al desplomarse un edificio a causa de un incendio PERFIL EHUD OLMERT Jefe de Gobierno interino y ministro de Finanzas de Israel Enamorado pero crítico seguidor del Real Madrid, el durante diez años alcalde de Jerusalén ha demostrado que es un gran estratega político, no carente de sentido del humor La mano derecha de Arik J. CIERCO AP ser ingresado? ¿por qué no fue llevado al hospital Soroka de Beersheva, mucho más cercano que el de Jerusalén... Mientras esas preguntas esperaban contestaciones convincentes, decenas de fieles judíos se concentraban en el Muro de las Lamentaciones de modo espontáneo para pedir por la recuperación de su primer ministro. Otros, en este caso palestinos y árabes, distribuían dulces en Gaza para celebrar la buena nueva La Bolsa de Tel Aviv y la moneda israelí, el shekel, perdían terreno durante la jornada de incertidumbre, y muchos, sin querer hacer comparaciones, casi siempre odiosas, se recreaban en el recuerdo de la muerte, hace poco más de un año en París, del gran enemigo de Sharón, Yaser Arafat, quien, además de por otras razones aún secretas, fallecía por culpa de una hemorragia cerebral. Paradojas de un destino todavía no sellado en Jerusalén. JERUSALÉN. Su gesto compungido, serio, derrotado, lo decía casi todo junto al sillón vacío de Ariel Sharón. En los diez escasos minutos que duró la reunión extraordinaria del Gobierno abrió poco la boca. Tan sólo para recordar que no existe vacío de poder, que las riendas del Ejecutivo están bajo control. Ehud Olmert, primer ministro interino por la grave enfermedad de Arik es muy ambicioso, tanto como cualquier otro político que se precie, pero nunca habría firmado convertirse en el líder, momentáneo, de su país de esta forma. El ex alcalde de Jerusalén durante una década (1993- 2003) siente verdadera devoción por su jefe, con el que ha caminado de la mano en los últimos años con quien diseñó la estrategia de crear el Kadima (Adelante) contra el Likud de Benjamín Netanyahu, con el que dio las primeras pinceladas, y las últimas, al plan histórico para la evacuación judía de la Franja de Gaza. Nacido en Binyamina, en el norte de Israel, en 1945, casado con una militante de izquierdas, Aliza, padre de cuatro hijos, Olmert es un veterano político (diputado desde los 28 años) que ha ejercido en diversos gobiernos como ministro de Finanzas, Industria y Comercio, Sanidad y Minorías. Considerado por muchos el delfín de Sharón, Ehud Olmert se volcará en los próximos días, una vez se confirme la triste suerte corrida por Ariel Sharón, en su candidatura, nada segura, para dirigir el Kadima. Cuenta para ello con el apoyo de muchos de los seguidores de Arik pero quizá no los suficientes, al carecer de la popularidad y el carisma del jefe del Ejecutivo. Sin embargo, una de sus principales características es su más que evidente sentido del humor, incluso simpatía, como demostró durante una entrevista concedida a este corresponsal de ABC cuando ocupaba la alcaldía de la Ciudad Santa, periodo en el que se volcó en la judaización de Jerusalén Oriental. Sabe escuchar Durante esa larga conversación en su despacho municipal, Olmert escuchó (una de sus virtudes) casi tanto como habló y se interesó por los avatares de su amado Real Madrid, del que es un enamorado pero crítico seguidor. ¿Cómo es posible que Zidane y Figo jueguen tan pegados? se preguntaba indignado. Y es que a Ehud Olmert, mano derecha de su admirado Ariel Sharón, pocos le pueden ganar a la hora de trazar las líneas maestras de una estrategia política. Le falta al delfín, eso sí, la autoridad de su jefe. Debe comenzar a demostrarla cuanto antes, si le dejan, para no caer en saco roto. ISRAEL TRAS SHARÓN IGNACIO ÁLVAREZ- OSSORIO Profesor de la Universidad de Alicante odo estaba preparado para que el próximo 28 de marzo Ariel Sharón lograse el triunfo electoral más importante de su carrera política. En los últimos seis meses, el incombustible dirigente israelí había dedicado la mayor parte de sus energías a cimentar al recientemente creado Kadima, formación que, tras escindirse del Likud, había atraído a numerosas personalidades políticas, incluidos Ehud Olmert (ex alcalde de Jerusalén) Saúl Mofaz (ex T jefe de las Fuerzas Armadas) y Simón Peres (ex ministro de Exteriores) Los sondeos más recientes pronosticaban a Kadima una abrumadora victoria (42 de los 120 escaños de la Knesset) duplicando los votos de su más inmediato seguidor- -el Partido Laborista- -y convirtiendo al Likud en un partido prácticamente marginal. La evacuación de Gaza, llevada a cabo de manera exitosa el pasado verano, explica, al menos en parte, este hecho, pero también la voluntad de la sociedad israelí de cerrar la espiral de violencia desencadenada tras la interrupción del proceso de paz. Al ser elegido primer ministro en 2001 muchos consideraron que Sharón carecía de un proyecto, pero pronto se demostró lo contrario. En sus cuatro años al frente del gobier- no consiguió, con la inestimable ayuda de los kamikazes palestinos, deshacer el camino andado en la década de los noventa por los gobiernos laboristas, dinamitando la autonomía palestina hasta reducirla a escombros y confinando a Arafat en la Mukata hasta que le sobrevino la muerte. Libre de interferencias externas, Sharón trató de imponer una solución unilateral al problema palestino mediante una serie de hechos consumados: expropiación de tierras, ampliación de los asentamientos e intensificación de la colonización. Ante la pasividad de una comunidad internacional sacudida por el 11- S e inmersa en el laberinto iraquí, Sharón forzó la máquina para dibujar las nuevas fronteras del Estado israelí por medio de la construcción de un enorme muro, de más de 650 kilómetros de longitud, que anexa de facto una parte significativa del territorio ocupado y, por consiguiente, reduce a su mínima expresión las fronteras de cualquier hipotético Estado palestino. Quienes le conocen bien consideran que Sharón desearía pasar a la historia como una mezcla de Ben Gurión, quien contra viento y marea consiguió convertir en realidad el proyecto sionista, y De Gaulle, quien ordenó la retirada de Argelia poniendo fin al sueño imperial francés. Es más que probable que el agravamiento de su enfermedad deje inconclusa la obra de Sharón y también que, sin la presencia de su mentor, el efecto Kadima pierda fuerza a medida que se aproxime la cita electoral.