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6 Opinión VIERNES 6 1 2006 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ÍÑIGO MÉNDEZ DE VIGO EURODIPUTADO DEL GRUPO POPULAR EL OFICIO DE PORTAVOZ ENGO que agradecerle a Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación y vocero presidencial, que su presencia en el primer plano de la vida política nacional haya reverdecido mi memoria de Fernand- JosephDésiré Constantin, más conocido como Fernandel. ¿Le recuerdan en la interpretación de Don Camilo, la adaptación cinematográfica de la divertida novela de Giovanni Guareschi? Moraleda también tiene un rostro de vocación equina y resulta tan buen actor cómico que, cuanto más en serio habla, más risa produce. Sindicalista de oficio y procedencia, Moraleda es hombre recio y correoso. En la cúpula del poder socialista le llaman M. MARTÍN el remolachero un poFERRAND co en memoria de su dedicación a los sindicatos agrarios y un mucho en atención a Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El presidente extremeño, en una reciente visita a La Moncloa, fue atendido en su espera por el portavoz. Ibarra, a quien le duelen los silencios, rompió el impuesto por la cortesía preguntándole al reconvertido personaje: ¿Qué tal va este año lo de la remolacha? Elemental asociación de ideas que, como suele suceder cuando se unen la oportunidad y el ingenio, sirve para acuñar sobrenombres definidores y jocundos. El problema profesional de los sindicalistas agrarios es que, puestos en combate, pueden llegar a confundir lo naval con lo nabal y así se le ve, en ocasiones, a este Moraleda, al que no se debe confundir con el más clásico Fernando Moraleda, autor de la música del pasodoble al que puso letra Enrique Llovet, Luna de España El portavoz, en el esfuerzo de la invención de la neutralidad con la que quiere vestir al Gobierno que le designó, ha dicho que la opa de Gas Natural sobre Endesa se analizará, para su aprobación o desautorización, sin tener en cuenta ni amigos, ni favores Hermoso principio que se contradice con lo observado hasta ahora, lo insinuado por Montilla y lo dicho por Zapatero; pero, ¿no es ése el oficio de un portavoz? Si no fuera así se les buscarían profesionales y no conmilitones y cofrades. Por otra parte; lo de amigos pase. Lo de favores suena, en la interpretación del portavoz, a confesión de parte. No es cosa, en tal día como hoy, en que nos visitarán los Reyes Magos, de abundar en asuntos tan poco estimulantes. Personalmente, vivo sin vivir en mí a la espera de ver si SS. MM. me traen lo que les he pedido, la mayor de las bicocas retribuidas con que los partidos con cuota de poder agasajan a sus hijos predilectos. En el calor de lo de Endesa, me conformaría con un asiento en la Comisión Nacional de la Energía, en el Tribunal de Defensa de la Competencia o en cualquiera de los muchos organismos llamados reguladores y que, sin pinchar ni cortar, flotan en el magma de la irresponsabilidad. Me temo que los Reyes, tan tradicionales, insistirán en las corbatas y las colonias. T ESPAÑA EN LA UE, VEINTE AÑOS Dos décadas después de la integración de España en las instituciones comunitarias, el autor hace balance del papel desempeñado por nuestro país en la Unión Europea, donde ha asumido que el éxito radica en convertir los intereses nacionales en intereses comunes UE veinte años no es nada proclama la letra de Volver el tango que resuena en mis oídos en la inimitable voz de Carlos Gardel cuando reflexiono sobre el balance de dos décadas de relaciones entre España y Europa. España volvió a Europa en 1977 cuando Marcelino Oreja, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno elegido en las primeras elecciones democráticas, presentó aquel 28 de julio la solicitud formal de apertura de negociaciones para la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea. Quedaban atrás la tendencia al aislacionismo y la posterior neutralidad que nos alejó de los avatares que marcaron la trágica historia europea en los primeros cincuenta años del siglo pasado y los cuarenta años del régimen de Franco. Oreja contó con el apoyo unánime de todas las fuerzas políticas: a diferencia de la europeización de España en los albores del siglo XX, objetivo de pensadores e intelectuales pero sin eco popular alguno, el europeizar España de 1977 fue un clamor nacional. Para los españoles de entonces, Europa significaba democracia y libertad, prosperidad y bienestar material. Y también un sentimiento, quizás un tanto difuso, de reencuentro con el pasado: queríamos desterrar una imagen llena de tópicos y enlazar con aquellos momentos de la historia en los que los españoles no habíamos sucumbido al ensimismamiento. Queríamos, en suma, ser un país como los demás, con sus características, defectos y virtudes y con una gran vocación de participar con los europeos en un futuro común. Q Tuvieron que transcurrir nueve años hasta que el 1 de enero de 1986 España se convirtiera en el decimosegundo miembro de las entonces Comunidades Europeas. A la hora de evocar estos últimos veinte años, éxito es la palabra que mejor los define. Éxito para España y para Europa. Hace algunos años, Jacques Delors resaltaba la facilidad con que nuestro país se había integrado en las instituciones europeas y su consiguiente activismo. Me parece que ahí reside una de las claves para comprender estas dos décadas: a diferencia de otros Estados, España no se replegó numantinamente, sino que adoptó actitudes positivas y fomentó acciones de progreso. Así, participamos muy activamente en la articulación del mercado común, en la reconstrucción europea que se produjo tras la caída del Muro de Berlín, en la definición del euro, en la defensa de una Europa sin fronteras interiores o en el lanzamiento de una Unión basada en el crecimiento y en el conocimiento. No todas estas iniciativas culminaron con éxito, pero lo que me importa resaltar es el protagonismo español en su origen y en su formulación. Porque el éxito en Europa no radica en una defensa a ultranza de los intereses nacionales. El éxito radica en convertir los intereses nacionales en intereses comunes de todos los europeos. Y eso los españoles hemos sabido hacerlo bien. Pondré dos ejemplos. Hace veinte años, la ayuda al desarrollo de las Comunidades se concentraba en los países de África, Caribe y Pacífico. A partir de nuestra entrada, América Latina adquirió cada vez mayor importancia, tanto en tér-