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ABC JUEVES 5 1 2006 49 Cataluña evita cumplir la sentencia que le obliga a devolver obras de arte a Aragón Una exposición en Washington abrirá las conmemoraciones del centenario de Paul Cézanne Visitando al Sr. Green Se cumplen hoy setenta años de la muerte en Santiago de Compostela de Ramón María del Valle- Inclán, uno de los más grandes autores españoles del siglo XX. El catedrático de la Complutense Javier Huerta Calvo habla de la importancia de su legado literario Setenta años de un clásico moderno Con esta comedia de Jeff Baron se estrena Juan Echanove como director teatral. Situada en un sombrío apartamento neyorquino, se trata de un apasionante ejercicio para dos actores, que son Juan José Otegui y Pere Ponce. POR JAVIER HUERTA CALVO Los duelos interpretativos y las obras de calado dramático abundan entre las novedades teatrales de este mes ne el debut como director teatral de Juan Echanove, y está protagonizada por Juan José Otegui y Pere Ponce. 84 Charing Cross Road (Fígaro, 25 de enero) es la adaptación teatral de la deliciosa novela de Helene Hanff; la dirección es de la cineasta Isabel Coixet y sus intérpretes son Carmen Elías y Josep Minguell. Y el día 26 se estrena en el teatro de la Abadía Woyzek la obra teatral de Georg Büchner que llega a Madrid en la versión que ha realizado el Teatro Nacional Sao Joao de Oporto, dirigida por Nuno Cardoso. A la altura de los setenta años de su muerte, en el año aciago de 1936, el nombre de don Ramón María del Valle- Inclán está ya asentado entre nosotros como el gran clásico de la literatura española contemporánea; sin duda, uno de los escritores más originales de toda nuestra historia literaria, poseedor de un estilo inconfundible que supo transmitir a todos los palos que tocó: poesía, novela, ensayo, teatro... Si, haciendo buena la opinión de Juan Ramón Jiménez, el siglo XX en España es esencialmente el siglo del Modernismo, Valle- Inclán sería el autor modernista por antonomasia. Un poeta que, si no brilló en el verso La pipa de kif sí lo hizo en la prosa, a la que contribuyó con sus admirables Sonatas protagonizadas por su alter- ego, el marqués de Bradomín, y sus trilogías de La guerra carlista y El ruedo ibérico además de la que cabe considerar como la primera novela de dictador hispanoamericano, Tirano Banderas En esa portentosa escritura suya, en la que resuenan ecos de Cervantes, la picaresca y Quevedo, han bebido luego algunos de nuestros prosistas mejores: Cela, Umbral, Mateo Díez... Con todo, no es en la poesía ni en la prosa donde su genio destacó con más fuerza, sino en el género que, a principios del siglo XX, proporcionaba dinero, celebridad y prestigio a partes iguales: el teatro. Paradójicamente, es también el terreno en el que cosechó sus mayores fracasos. Cómico frustrado, casado con actriz (Josefina Blanco) animador de imposibles aventuras escénicas Teatro artístico El Cántaro roto una y otra vez Valle intentó el asalto a las tablas, pero sus obras Cenizas La marquesa Rosalinda Voces de gesta El embrujado Farsa y licencia de la reina castiza ni fueron entendidas por el público ni por los actores de entonces, con los que el desencuentro de don Ramón fue total: María Guerrero, Fernando Díaz de Mendoza, Matilde Moreno... Tan sólo Margarita Xirgu, de la mano del mejor director de esos años, Cipriano Rivas Cherif, pareció percibir el genio del autor gallego, cuando en 1933 le interpretó una de sus tragedias cumbres: Divinas palabras Aun así, el fracaso fue considerable: un espectador excepcional de aquella función, Luis Cernuda, recordaría, años después, su desolación al ver casi vacío el patio de butacas del Teatro Español de Madrid. Tendría que pasar mucho tiempo para que la dramaturgia valleinclanesca terminara imponiéndose en todo su esplendor. Al recordado José Valle- Inclán, con sus cuatro hijos: Carlos, Jaime, María Antonia y María Beatriz Sus obras no fueron entendidas ni por el público ni por los actores de entonces, con los que el desencuentro fue total Si el siglo XX es esencialmente el siglo del Modernismo, Valle sería el autor modernista por antonomasia Tamayo, con sus montajes de Divinas palabras (1961) y, sobre todo, de Luces de bohemia (1971) -acaso la obra maestra de nuestra dramática contemporánea- -se le debe, en gran parte, el mérito. Después vendrían los de Águila de blasón por Adolfo Marsillach, y Romance de lobos por José Luis Alonso, con un inmenso José Bódalo en el papel del caballero Montenegro. Aparte queda el riquísimo legado de Valle en algunos de los mejores dramaturgos actuales (Arrabal, Nieva, Rodríguez Méndez, Miras) seducidos tanto por la crueldad de las comedias bárbaras como por el humor ácido de su más original criatura estética: el esperpento.