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ABC JUEVES 5 1 2006 Internacional 29 Una saga militarista y nacionalista amenaza con llegar al poder en Perú. Uno de sus miembros, Ollanta Humala, ocupa un ascendente segundo lugar en los sondeos para los comicios de abril y se desmarca del discurso racista de su padre y hermanos Humala, el nuevo discípulo de Chávez TEXTO CECILIA VALENZUELA CORRESPONSAL LIMA. Los periodistas peruanos no salían ayer de su asombro. Una semana antes de Navidad, el propio comandante Ollanta Humala había negado, en todos los idiomas, cualquier vínculo o relación con Hugo Chávez y su movimiento bolivariano. Había dicho, por ejemplo, que viajó cuatro veces a Venezuela en los últimos años sólo para tomar vuelos de enlace con otros países, uno de ellos para su luna de miel. El pasado martes, sin embargo, en el Palacio de Miraflores, en Caracas, Chávez trataba a Ollanta Humala y a Nadine, su mujer, como viejos conocidos. El debate en América Latina es entre el autoritarismo y la democracia, no entre la izquierda y la derecha ha afirmado por la televisión peruana el politólogo venezolano Ariel Sagal al analizar la destacada presencia del candidato a la Presidencia de Perú, Ollanta Humala, en la ceremonia organizada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para presentar en sociedad al mandatario electo de Bolivia, Evo Morales; que a su vez fue recibido dos días antes por Fidel Castro en Cuba. A Sagal no le falta razón: los Humala encarnan en Perú el viejo militarismo que acecha a la región desde el comienzo de la república, que no tiene signo ideológico y del que cualquier tipo de autocracia o dictadura puede derivar. Ollanta Humala ocupa, según las encuestas, un ascendente segundo puesto entre los favoritos a los comicios del próximo abril. Su agrupación, el partido nacionalista Uniendo al Perú, compite en esta lid con el Movimiento Etnonacionalista de Perú, antes Movimiento Etnocacerista, liderado por sus hermanos Antauro y Ulises. El padre ideológico de esta remozada corriente militarista y nacionalista es también el padre de los Humala, Isaac. Su propuesta reivindica al mariscal Andrés Avelino Cáceres, héroe de la guerra con Chile de 1879, y a la raza cobriza. Los blancos son el 3 por ciento y nosotros el 97. La cobriza es la raza más marginada, es hora de que gobernemos asegura. Hugo Chávez saluda al candidato a la Presidencia peruana Ollanta Humala, en presencia de Evo Morales, el martes en Caracas al rentable negocio de la pesca. Ollanta se distanció de Antauro cuando pasó a situación de retiro por decisión de sus jefes militares y volvió a Perú después de tres años como agregado militar en Francia y Corea. Una vez en Lima marcó distancia con el discurso violento y racista de su familia, por lo que los seguidores de Antauro lo acusan de oportunista, de ganar fama con la prédica radical de su hermano para renegar luego de ellos: el periódico que vendieron durante cuatro años los reservistas a lo que pueblo pudie- AP Les convencí de que siguieran la carrera militar, para que así tengan la pista directa al poder Es la historia de un abogado ayacuchano que puso a sus hijos nombres mitológicos: Ulises, Antauro... ra pagar se llamó Ollanta y en él se anunciaron medidas extremas contra el viejo sistema y el fusilamiento de corruptos, homosexuales, judíos y pitucos la gente bonita de Lima. Siete presidenciables Pero la historia de los Humala no comenzó el 29 de octubre de 2000, cuando Ollanta y Antauro se rebelaron cerca de un fuerte militar en la frontera con Chile para exigir la caída de Alberto Fujimori, aunque el ex presidente ya había caído. La historia de los Humala comenzó en 1931 en la provincia de Paucar de Sara Sara, en Ayacucho, en la sierra central, donde Isaac nació y creció apreciando el poder ejercido por la manu militari En esas recónditas tierras, el general jefe de la brigada o el comandante de la plaza es quien manda. Por eso, años después Isaac declararía: Prácticamente convencí a mis hijos de que siguieran la carrera militar para que así tengan la pista directa al poder. Si fallara Ollanta, Antauro estaba como repuesto Es la historia de un abogado ayacuchano con vocación de poder e ideología racista, que se cree descendiente del cuarto inca, que puso a sus hijos nombres mitológicos o legendarios: Ulises, Antauro, Ivoska, Ollanta, Pachacutec, Ima Sumac y Cusi Collor; y los crió convenciéndoles de su naturaleza mesiánica. Mi esposa tiene razón al decir que sus siete hijos son presidenciables. Si tres están en la palestra, podemos meter uno más sostiene. Aliado de políticos impuros Los diarios de Lima están saturados en el último año con las noticias que procuran los Humala. Antauro está preso por haber dirigido el secuestro de una comisaría en Andahuaylas, la zona más pobre del país, el 1 de enero de 2005, con un saldo de cuatro policías y dos reservistas del Ejército muertos. Los últimos engrosaban, como lo hacen miles de jóvenes ex soldados, las filas de su movimiento. Pero desde el penal de máxima seguridad de Piedras Gordas se da maña para acusar a Ollanta de hipotecarse al oro judío y de traicionar la causa de la etnonación Isaac, el patriarca, también ha señalado a Ollanta por haberse aliado con políticos impuros Ollanta se ha vinculado a millonarios judíos dedicados Dos revolucionarios que viven en las zonas más residenciales de Lima Ollanta Humala ha propuesto acabar con los políticos tradicionales y el viejo y corrupto sistema; la refundación de la república (sic) la elaboración de una nueva Constitución y la revisión de los contratos de inversión extranjeros. Isaac Humala, en nombre de Antauro y Ulises, ha propuesto que sólo las personas de raza cobriza sean nacionales en Perú, los demás sólo ciudadanos que no podrían ser elegidos para cargos públicos. Isaac admira al mariscal Cáceres, el héroe de la guerra con Chile, pero no dice nada de su desastroso gobierno. Elegido en 1886, Cáceres firmó el Contrato Grace que embarcó al país en el compromiso de deuda externa más grande y estéril desde que logró su independencia. Ollanta no niega que la Constitución que propone le garantice la reelección, como a Chávez. Isaac reniega de las juntas de Ollanta, pero dice que está orgulloso de que su hijo figure segundo en las encuestas. Los dos se consideran curacas (caciques) modernos, pero ambos viven en las zonas más residenciales y caras de Lima. Y toda la familia aspira a tomar el poder.