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6 Opinión JUEVES 5 1 2006 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JUAN NARRO ROMERO EX JEFE DEL ESTADO MAYOR CONJUNTO DE LA DEFENSA LOS DICHOS Y LOS HECHOS IVIMOS tiempos de crispación. Coinciden en tal diagnóstico, aunque no en el entendimiento de su etiología, todas las fuerzas políticas con mando, o influencia, en plaza. Sospecho que ello es consecuencia de la falta de concordancia que se observa, sin grandes distinciones entre unos y otros, entre los planteamientos teóricos y la conducta- -la práctica- -de los distintos grupos. Así, por ejemplo, cuando el Gobierno de la Nación habla, por la autorizada boca de su vicepresidente para asuntos económicos, de una bajada de impuestos como estímulo para el desarrollo empresarial, reaccionan los Gobiernos de Cataluña, Asturias, Navarra y Aragón y, sin mucho M. MARTÍN respeto constitucional, FERRAND crean nuevos impuestos que compensan los viejos. Es una aplicación recaudatoria de la teoría de los vasos comunicantes y, de tal manera, lo que no se va en lágrimas se va en suspiros. Según la Ley de Financiación de las Comunidades Autónomas, la famosa y polémica Lofca, las Autonomías no podrían gravar nada que ya esté afectado por los impuestos del Estado y los municipales; pero, en confrontación con la teoría, la práctica demuestra que en las cuatro autonomías citadas más arriba, un buen muestrario del poder político, se han diseñado impuestos que repercuten sobre lo ya afectado con el Impuesto de Bienes Inmuebles, el de Actividades Económicas, el de Sociedades y, en el caso concreto de Aragón, se ha llegado a la creación del impuesto sobre el Daño Medioambiental- -toma nísperos, que diría el maestro Campmany- -que, además de poner albarda sobre albarda, puede causar un daño irreparable a las grandes empresas de distribución. Estos asuntos, tan aburridos en su apariencia, tan minoritarios por ser hijos del peor Derecho Administrativo, tienen una repercusión grande y dolosa sobre nuestra vida cotidiana. Carecen del brillo polémico de otras cuestiones; pero terminan encareciéndonos, artificial e innecesariamente, los productos del consumo cotidiano, desde el pan a los calcetines, desde el agua de colonia al papel de escribir. Los gobiernos de las Autonomías, tan elefantiásicos en sus máquinas administrativas, cada día necesitan más. Su vocación de omnipresencia les conduce a un derroche en el gasto que sólo puede ser compensado con una tremenda voracidad recaudatoria y así, poco a poco, van trufando de cargas las actividades de las empresas, malo, y los usos y costumbres de las personas, peor. No será fácil invertir el signo de estas nuevas prácticas caprichosas, discriminatorias y perjudiciales para los administrados porque los administradores, ya en la furia del gasto, no conocen, ni quieren conocer, freno para sus ímpetus. De ahí, en la contradicción entre dichos y hechos, buena parte de la crispación que nos agita y que, no nos engañemos, no tiene manantiales exclusivos ni en la derecha ni en la izquierda. V NUEVA LEY DE DEFENSA NACIONAL: UNA GRAN OPORTUNIDAD... PERDIDA El autor analiza el contenido del nuevo marco legal de la Defensa y repasa sus carencias- -entre otras, que sólo dedique cuatro artículos a la organización militar- que, a su juicio, lastran el funcionamiento operativo de las Fuerzas Armadas A nueva Ley de Defensa Nacional sustituye a las Leyes Orgánicas 6 80 y 1 84 que recogían la nueva situación planteada con la supresión de los Ministerios militares y la creación del Ministerio de Defensa. En estos más de veinticinco años, la Defensa española ha experimentado una profunda transformación con su incorporación a estructuras de defensa multinacionales, la proyección exterior de nuestros Ejércitos, la supresión del servicio militar obligatorio y, no menos importante, con un cambio notable en la percepción de la sociedad y de los políticos sobre sus Fuerzas Armadas. Era por tanto necesaria una nueva ley que reflejase estos cambios y permitiese afrontar el futuro de la defensa con unas estructuras más eficaces. La iniciativa de un ministro que parecía tener cierto peso en el partido del Gobierno permitía abrigar buenas esperanzas. En mi opinión se ha perdido esta gran oportunidad. La ley tiene aspectos positivos. Se refuerza la figura del presidente del Gobierno y se crea un Consejo de Defensa Nacional. Aunque este último debería haber sido más propiamente de Seguridad y Defensa Nacional, y se debería haber dado más protagonismo al ministro de Exteriores. Y el jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) es designado como mando operativo de las Fuerzas Armadas. Pero sigue sin acometerse la necesaria modernización de la organización militar y, sobre todo, de la cadena del L mando militar en los aspectos no operativos. El Jemad es un mero coordinador de los Ejércitos. El Ministerio, y en particular el secretario general de Política de Defensa, continúan asumiendo funciones importantes de aquél. Y los jefes de Estado Mayor apenas ven recortadas sus funciones con respecto a la Ley 6 80. Sin unas facultades del Jemad claras y definidas, que le permitan armonizar los requerimientos operativos de los Ejércitos y la asignación de recursos entre ellos, difícilmente podrá ser eficaz como mando operativo. Además, en esta era de la información en la que los sistemas de armas dependen absolutamente del C 3I (mando, control, comunicaciones e inteligencia) los anchos de banda, frecuencias y capacidades en megabytes son determinantes. Y hace falta una autoridad que armonice desarrollos de armas, necesidades operativas y características técnicas, para que los sistemas sean compatibles entre ellos, y se consiga su conectividad y la interoperabilidad. Si continuamos con los tres focos actuales de decisión, los Ejércitos, sin una autoridad superior (técnica no política) que los integre, será difícil conseguir que los diversos sistemas de los Ejércitos puedan operar conjuntamente con eficacia en los nuevos escenarios que se vislumbran. La ley sólo dedica cuatro artículos a la Organización militar En términos empresariales se preocupa mucho ¿Es cierto que Mariano Rajoy le pidió a los Reyes Magos que le traigan diplomacia a la oposición para usarla cuando nos visita un presidente democráticamente elegido?