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ABC MIÉRCOLES 4 1 2006 23 La aviación norteamericana mata por error a los miembros de una familia iraquí cuando buscaba terroristas Seis niños, entre las víctimas de la pista de hielo que se desplomó en Alemania y causó once muertos Relaciones de Rusia con sus vecinos Moscú reserva el peor trato para las ex- repúblicas soviéticas que han declarado su vocación europeísta Océano Glacial Ártico Mar de Siberia Oriental Mar de Bering Mar de Barents Estonia Letonia Lituania Bielorrusia Moscú Mari Komi Carelia Yakutia Kamtchatka Moldavia Ucrania Mordovia EUROPA Tatarstán Udmuria Bashkiria R U S I A Océano Pacífico Mar Negro Georgia Armenia Azerbaiyán Calmukia Kabald. Osetia Chechenia Daguestán Mar de Aral Mar Caspio Buriatia Saporo Kazajstán Tuva China Muy malas Malas Buenas Muy buenas Neutras con mejoría Mongolia Turkmenistán Uzbekistán Kirguistán Neutras Infografía ABC Tayikistan Rusia mantiene buenas relaciones sólo con cinco de los catorces Estados que con ella formaban parte de la URSS. Los países peor parados están en el lado europeo mientras los más favorecidos son fundamentalmente regímenes dictatoriales La lealtad al Kremlin tiene un precio R. M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. Las relaciones de Rusia con los países de lo que considera su patio trasero o zona de influencia, delimitada por las antiguas fronteras soviéticas, son muy desiguales. Desde idilios con promesa de matrimonio a corto plazo, como sucede con la totalitaria Bielorrusia, hasta traumáticos divorcios, con lanzamiento de trastos a la cabeza incluido, como se está viendo en el caso de Ucrania. El Kremlin considera fieles aliados a Bielorrusia, Kazajstán, Tayikistán y Armenia, se acaba de reconciliar con Uzbekistán, soporta más o menos a Azerbaiyán, Kirguistán y Turkmenistán, pero mantiene relaciones muy tensas con Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Moldavia y Georgia. La Comunidad de Estados Independientes (CEI) creada tras la desintegración de la URSS por todas las antiguas repúblicas soviéticas salvo Estonia, Letonia y Lituania, nunca cuajó. La última deserción, hace unos meses, ha sido la de Turkmenistán, una grotesca dictadura en el corazón de Asia, la única de la zona con la que Moscú no simpatiza aunque ahora desee el des- hielo. Formalmente, once países conforman la CEI, pero en su seno se dan subdivisiones que evidencian la existencia de distintas velocidades en función de la lealtad que se profese hacia Moscú. El núcleo duro lo constituyen Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajstán, Tayikistán y Kirguistán en lo que se denomina Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (ODKB) una alianza militar de carácter defensivo, según reza en la declaración fundacional Tras la Revolución de los Tulipanes la pasada primavera, la participación de Kirguistán en el grupo se cuestionó, pero Bishkek, no sólo garantizó a Moscú la permanencia de su base aérea en Kant sino que ha aceptado una duplicación de sus efectivos. Al Tratado de Seguridad Colectiva se unirá pronto Uzbekistán, el hijo pródigo. Su presidente, Islam Karímov, otro tirano ex comunista, estuvo dando la espalda a Moscú durante una década, coqueteando con EE. UU, a cuyas tropas permitió instalar bases en su territorio. Ahora están siendo desmanteladas y podrían pasar a manos de Ru- sia. Y es que el aislamiento internacional por la matanza de Andiyán ha obligado a Karímov a echarse en los brazos de Vladímir Putin. Doble vara de medir Rusia y Bielorrusia, el único país de la CEI al que Gazprom, el monopolio energético ruso, no ha subido el precio del gas, tienen previsto este año llevar a término un viejo proyecto de unión que lleva años estancado. En cuanto a Kazajstán, su enorme frontera con Rusia, la mayor del mundo, y el cosmódromo de Baikonur, desde donde la agencia rusa del espacio lanza sus naves, le convierte en un aliado clave para el Kremlin. Su presidente, Nursultán Nazarbáyev, tampoco se puede decir que sea un demócrata ejemplar. Tayikistán cobra importan- Las seis ex repúblicas soviéticas con las que peor se lleva el Kremlin son consumidoras de gas ruso cia para Rusia por su frontera con Afganistán, fuente de problemas como el narcotráfico y el radicalismo islámico, así como Armenia, su principal aliado al sur del Cáucaso. Con Azerbaiyán, las relaciones fueron siempre difíciles debido al conflicto de Nagorno Karabaj. Rusia apoyó siempre a los armenios aunque ahora promueve una solución negociada. Finalmente, está el grupo de los apestados. Las relaciones de Rusia con Moldavia, Georgia y Ucrania se envenenaron por las recientes revoluciones naranjas y el apoyo del Kremlin a los separatistas de Abjasia, Osetia del Sur y Trasdniester. Estonia, Letonia y Lituania, miembros ahora de la UE, tampoco se entienden con la antigua metrópoli. La decisión de Gazprom de tender un gasoducto a Alemania a través del mar, esquivando esas tres repúblicas bálticas y Polonia, ha causado indignación. Moscú, por su parte, acusa a Estonia y Letonia de discriminar a la minoría rusa. Se da la circunstancia de que las seis ex repúblicas soviéticas con las que peor se lleva el Kremlin son consumidoras de gas ruso.