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ABC MIÉRCOLES 4 1 2006 Nacional 17 Ni minas, ni ingenios para ponérselo difícil al enemigo. Los zapadores paracaidistas han utilizado en Pakistán su adiestramiento militar, pero para construir refugios y retirar los escombros del terremoto. Vuelven emocionados y, dicen, con la misión cumplida Zapadores en misión de reconstrucción TEXTO: L. L. CARO MADRID. Dice la teórica militar que la misión de un zapador es dificultar con minas, con alambradas, con mil obstáculos y destrucciones el avance del enemigo durante el combate y favorecer con ingenios los movimientos de las unidades de su propia brigada, aunque los zapadores españoles que están en Pakistán volverán a partir de la semana que viene a casa sin haber ejecutado una sola operación que remita ni de lejos a toda esa liturgia de la guerra. De hecho, en esta campaña de ayuda a la Cachemira azotada el 8 de octubre por un terremoto de 7,6 grados en la escala de Ritchter, ni siquiera han tenido que colgarse el fusil reglamentario al hombro al salir cada mañana del campamento. Desarmados, han echado cuenta de lo más eficaz de la instrucción recibida para la cosa bélica, pero para recomponer con sus propias manos los destrozos del seísmo y devolver un poco de dignidad en forma de refugios o de agua potable a quienes lo perdieron todo. Y tan orgullosos. Obras como éstas llenan a uno de emoción: haber reconstruido un hospital que estaba completamente derrumbado y ver que ahora se atiende allí a la gente, crear de cero un aula de madera en Arja precioso, porque es precioso... la verdad es que el tiempo se ha pasado volando Habla el soldado Carlos Espín, nacido hace 25 años en Quito (Ecuador) incorporado al Ejército español hace dos años y dos meses y uno de los 42 miembros de la sección de zapadores paracaidistas procedentes de la Brigada Paracaidista (Bripac) con base en Alcalá de Henares (Madrid) que, desde finales de octubre, actúan en Pakistán en el marco de la operación Respuesta Solidaria II La primera en la historia de la OTAN con carácter netamente humanitario, cien por cien ayuda a la población, en la que participa un millar de soldados, 370 de ellos llegados de las Fuerzas Armadas españolas, que también lideran el componente terrestre del contingente desplegado en el país. Trabajos materiales, como el levantamiento de 9 naves semipermantentes para aulas y consultorios médicos en Arja y Bagh, 12 refugios temporales en aldeas de montaña. la retirada de 4.000 metros cúbicos de escombros o la consolidación de más de 300 metros de los muros de contención que en Cachemira se construyen para impedir el desplome de una orografía tan vertical- -y hoy tan quebradiza- -que da miedo, figuran en la hoja de servicios que han prestado en la zona de destino los zapadores paracaidistas. Una unidad la suya que escribió en los Balcanes páginas con sabor a gloria y a héroes en los momentos más críticos del conflicto: la desactivación de la mina de 3.000 kilos de Ivanica, las misiones en Mitrovica o en el valle del Presevo... y cuyos Los refugios se están construyendo en madera y chapa para que soporten los rigores del invierno TENIENTE CORONEL RUIZ ARNAL El sargento primero De la Osa, a bordo de una de las minimáquinas miembros regresan ahora a España- -el día 11 de enero las tropas emprenderán el repliegue- -con la satisfacción que da haber dejado un buen techo para que muchas familias atraviesen el invierno paquistaní sin riesgo a morir congelados. Y es que el Ejército ya no es lo que era, léase según la retórica rancia del pecho de lata y el ardor guerrero, ni a los militares se les marchita aquello del honor por no andar entre las zanjas persiguiendo al enemigo con un arma entre las manos. Es el caso de los zapadores paracaidistas, pero también de los de Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat) junto a los que operan en Pakistán. Lo cuenta el sargento primero Marcos de la Osa Parrilla, también de la sección de zapadores paracaidistas, de 33 años y natural de Alberca de Záncara (Cuenca) con nada menos que tres Tras sus labores heroicas en Bosnia, hoy vuelven de Cachemira con el orgullo de haber construido aulas y casas misiones en Bosnia ya a sus espaldas, y una respuesta refleja cuando se le pregunta si volvería a Cachemira a despejar a temperaturas bajo cero carreteras de escombros a bordo de una minimáquina, como ha hecho días atrás. Mañana mismo contesta sin darse un segundo. Para el sargento, que relata con satisfacción cómo los vecinos saludan a las tropas con el pulgar levantado y exclamaciones de good work -buen trabajo- ésta está siendo una misión más relajada, sin tensión por la ausencia de amenazas, pero la falta de peligro, entendido como ese componente que tiñe de leyenda y de importancia una operación, no resta un milímetro de entusiasmo a la tarea. Estamos trabajando a gusto, como siempre allí donde nos mandan, abiertos a cumplir la misión con total presteza. Pero nuestro trabajo es diferente al de las ONG- -aclara frente a una pregunta- que posiblemente no seguirían funcionando con esta dureza climatológica. Dentro de lo poco o mucho que nos ha dado tiempo a hacer, para estas personas supone algo muy importante... así es que, efectivamente, como Ejército nos vamos de aquí una vez más con una sensación: la del deber cumplido explica. Como sus tres anteriores veces en Bosnia. En lo alto de la escuela de Arja, la que han puesto en pie entre todos, de nuevo puede leerse ese cartel viejo que la primera vez da tanto que pensar: Entra para aprender, sal para enseñar