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ABC MARTES 3 1 2006 Opinión 7 cen de actuar como laboratorios en los que se hacen experimentos económicos y sociales que, cuando tienen éxito, se copian en los demás, se difunden por toda la unión y llegan incluso a incorporarse al derecho federal. LA ESPUMA DE LOS DÍAS cia de competencias estatales es en sí misma un éxito. Con arreglo a esta noción de la transferencia- trofeo un balance político autonómico es positivo cuando puede mostrar una abultada cuenta de parcelas de poder obtenidas a costa del Estado. Paradójicamente, lo que la gestión regional consiga luego hacer con esas competencias importa mucho menos. Las Comunidades compiten para obtener mayores atribuciones, pero en cambio hay pocos datos de una auténtica rivalidad interautonómica en la prestación de mejores servicios al ciudadano. También aquí nos alejamos de las categorías federales, y muy en particular del llamado federalismo competitivo En EE. UU. los estados se enorgulle- Aquí no son muchos los síntomas de tan saludable competición. Decir esto no significa desconocer lo mucho y bien que las Comunidades han legislado y administrado en los últimos veinticinco años. Se trata de subrayar que el análisis crítico y comparado de los resultados de las políticas públicas de los distintos gobiernos autonómicos no ha sido el centro de gravedad del debate territorial en España. El foco de atención se ha concentrado en las galerías de trofeos competenciales, obtenidos tras excursiones venatorias a Madrid, con lo que la lógica del sistema impone el aumento indefinido de las transferencias. Nada más alejado del modelo federal, cuyo seguimiento en este punto exigiría que la medida del éxito político pasara a ser la buena gestión; y exigiría también que algunos dirigentes autonómicos abandonaran la conducta del cazador- recolector para adoptar la del agricultor, de modo que pudieran dedicarse sobre todo a cultivar su jardín. El tercer obstáculo es el peor, y en su descripción entra la terminología del mus que ayuda a titular este artículo. Sabido es que una partida de mus se puede ganar bien echando un órdago, es decir, envidando las cuarenta piedras de una vez (o treinta, en caso de regir el hecho diferencial vasco) bien consiguiendo llegar a esa cifra mediante envites parciales. Cuando este último fenómeno ocurre se habla de la muerte dulce de la pareja perdedora, aunque, como escribe Mingote, suele ser todo menos dulce. Pues bien, se diría que los nacionalismos soberanistas han llegado al convencimiento de que esta segunda estrategia es la que mejor conviene a sus fines. De ahí la relativa prudencia con la que ERC se comporta durante la tramitación del proyecto de Estatuto: se trata de un objetivo parcial, pero de esencial consecución, porque trae consigo un buen número de piedras y aun de amarracos. Es obvio que este planteamiento resultaría contrario a la lealtad federal menos exigente. Recapitulando: transferencias de una sola dirección, transferencias indefinidamente crecientes que constituyen el objetivo primordial de la acción política autonómica, transferencias como pasos intermedios para la consecución de fines inconstitucionales. Este es el preocupante contexto del proyecto de Estatuto catalán. Quien quiera defender el proyecto, que no busque argumentos en el campo federal porque, como hemos visto, no encontrará ninguno. EL AÑO DEL ESTATUTO UNQUE sólo sea por razón de la fecha sometámonos al ejercicio de optimismo y de fe que nos plantea cada día el presidente Zapatero. Pongámonos en lo mejor y aceptemos la posibilidad de que este gobierno consigue cerrar un acuerdo con el cuatripartito catalán sobre el nuevo Estatuto. Tal vez no sea lo más razonable aunque sí lo más lógico dadas las urgencias políticas de cada uno de los actores de esta historia. Todos necesitan el estatuto; por eso llegará más pronto que tarde e indiferente a las manos tendidas del PP. Tendremos un nuevo Estatuto que nos venderán como el fruto del diálogo, del pacto entre Cataluña y España, de la cesión de CARMEN todos, de la segunda tranMARTÍNEZ sición, etcétera. Les ahoCASTRO rro los excesos con que los turiferarios habituales saludarán el advenimiento de la criaturita; incluso los ahora críticos lanzarán un suspiro de alivio. Leguina dirá que al final no fue tan grave, Guerra nos tranquilizará porque se habrán respetado los procedimientos y Rodríguez Ibarra celebrará la maestría política de Zapatero al conseguir cuadrar el círculo del federalismo confederado. Rubalcaba aumentará su fama de gran demiurgo y Carrillo disfrutará sin sobresaltos de su retiro porque España jamás volverá a ser la finca de los neoconservadores. Los populares se quedarán con su centenar de enmiendas, su mano tendida y su estupor tradicional cuando comprueben que quienes hoy les elogian por bajar a discutir el texto mañana les recriminarán haberse convertido en el partido del no. Serán otra vez víctimas y culpables de su aislamiento. Tendremos Estatuto, los decibelios de la crispación caerán en picado, las encuestas reflejarán el nuevo ambiente y en el País Vasco se empezará a ejercitar la fórmula catalana. Los planetas seguirán en sus órbitas, el sol saldrá cada mañana y la gente no dejará de comprar el pan. Habrá Estatuto sin que el Apocalipsis se haya desatado sobre nuestras cabezas. Todos tan tranquilos. No habrá pasado nada. Con el término nación o sin él, se habrá dado un paso más hacia la nación de naciones donde, por lo visto, reside la esencia de la modernidad y de la democracia. Tres décadas de descentralización incesante nos han traído hasta este vaciamiento casi absoluto de las competencias del Estado. Un proceso que no acaba en Tinell, sino que ahí pega otro acelerón. Ni la justicia, ni la educación, ni la política exterior, ni la solidaridad... nada queda a salvo en esta lenta e inexorable rendición. Habrá nuevo Estatuto; Zapatero y Maragall presumirán de haber logrado el encaje territorial de España para otros treinta años, pero mucho antes volveremos a empezar... o a terminar definitivamente. Sin alarmas y sin catastrofismos, sólo con fatiga y melancolía por aquel país entusiasta y esperanzado del 78. ¡Qué pronto se nos quedó viejo! A PALABRAS CRUZADAS ¿Es oportuna la visita de Evo Morales a España? MEJOR ESPERAR SIN DUDA, SÍ V AMOS a ver: están en juego importantes intereses económicos, hay empresas españolas que han invertido cantidades ingentes de dinero en Bolivia y hay que echarles una mano; pero no seamos ingenuos, a Evo Morales, por mucho que presuma de indigenismo y amenace con la nacionalización de todo lo que está escrito y no escrito, le interesa que las empresas extranjeras mantengan los puestos de trabajo que han creado en Bolivia y que les ofrezcan los servicios que ofrecen. Por tanto el apresuramiento de Zapatero por ser el primer jefe de Gobierno occidental que recibe al presidente electo boliviano es eso, apresuramiento, y en nada favorece no ya a las relaciones de España con Estados Unidos, que están como están, mal, PILAR sino que puede crearnos incluso probleCERNUDA mas con la Unión Europea, donde han recibido con preocupación los resultados electorales bolivianos y están pendientes de que Evo Morales tome posesión para adoptar una política conjunta. Importa mucho defender a las empresas españolas, pero para eso están los embajadores. El presidente del Gobierno debe reservarse para cuestiones muy delicadas y desde luego para mantener unas relaciones cordiales con los distintos países. Este encuentro con Morales, cuando acaba de hacerse la foto con Castro y Chávez, no se produce en el momento más oportuno, digan lo que digan Zapatero y sus compañeros de gobierno. No habría costado nada esperar. L A diplomacia, decía alguien, consiste en llevarse bien con todos y hacer la guerra educadamente, pero sólo cuando conviene de un modo extraordinario. España tiene mucho que decir en Iberoamérica, en varias de cuyas naciones es el primer inversor mundial. Y nuestra vocación debe consistir en ser puente entre la UE y los países hermanos- -hermanos, sí- -latinoamericanos, independientemente de susrespectivos credos políticos, que España, en todo caso, no puede ni debe predeterminar. Y lo mismo valga decir para EE. UU. el Gobierno español debe jugar un papel muy importante de interlocutor entre Washington y regímenes que están cada vez más alejados de la Administración Bush, que algún día se dará cuenta, si no FERNANDO lo hahecho ya, de la importancia estratégiJÁUREGUI ca clave de su aliado español. Ya sabemos que Evo Morales, como Fidel o como Chávez, que han sido los primeros interlocutores internacionales del presidente electo boliviano, no es precisamente el paradigma de un gobernante demócrata ni moderado. Pero es el personaje, como puede ocurrir en Perú con el coronel indigenista Humala, al que sus conciudadanos han elegido, y España tiene muchos intereses que salvaguardar y mucha influencia que preservar allí. Dar la espalda a esa nueva realidad porque no nos gusta sería suicida. Zapatero debe fomentar la diplomacia hacia todos los ejes, desde la Casa Blanca hasta China, desde Rabat hasta Lima, desde París hasta Moscú. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate