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6 Opinión MARTES 3 1 2006 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA LEOPOLDO CALVO- SOTELO IBÁÑEZ MARTÍN EX SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR ESPAÑA NO BEBE BIEN A existencia de vinos como el Vega Sicilia o el Pingus (Ribera del Duero) el Aurus o el Amancio (Rioja) el Clos Erasmus o L Ermita (Priorato) y tantos otros como, en grado de excelencia, producen muchas de las sesenta y seis denominaciones de origen con que nos bendice la vinicultura nacional, parecen desmentir el postulado que encabeza esta columna; pero, desgraciadamente, no es así. Aquí producimos muchos entre los mejores vinos del mundo, pero no suele ser esa la bebida que inspira el ánimo del creciente número de salvajes que amenazan la paz de nuestras calles. Las bebidas destiladas, y no siempre de procedencia conocida, suelen ser el carburante M. MARTÍN que alimenta el motor del FERRAND desorden ciudadano. Solas o en cooperación con todo tipo de drogas y fármacos ilegales resultan capaces de romper la delgada capa de civilización que envuelve a algunos individuos y empujarles a la violencia y la destrucción. Durante las primeras nueve horas de 2006, según informa la Comunidad de Madrid, se produjeron en estos pagos 257 agresiones y reyertas- -casi una cada dos minutos- 187 intoxicaciones etílicas graves, 74 accidentes de tráfico y 119 incendios. Cabe sospechar, ante tan terrorífico y sintomático balance, que además de la autoría exclusiva de las descomunales cogorzas, el alcohol tendría mucho que ver en los demás sucesos. A la gente común y serena no suele darle por prender contenedores y, menos aún, por sacar la navaja y hurgar con ella en la barriga de un vecino. Supongo que tan asustante estadística no será exclusiva de Madrid y que, con pocas diferencias, resultará similar a la de cualquier otro lugar de España con parecida densidad demográfica. A partir de ella cabe extraer algunas conclusiones y, de paso, clamar por el establecimiento de medidas preventivas sobre el espíritu violento que late en una población capaz de tan reprobable conducta. Hay en esto, sobre un fracaso educativo, evidencia de carencias represivas. Tanto ímpetu en las medidas restrictivas al tabaco- -que mata despacito- -y tan poco cuidado en la distribución y consumo de bebidas de alta graduación alcohólica, vertiginosas en sus efectos dañinos, resulta contradictorio y, si se apura, irresponsable. La reseña madrileña de las primeras horas del año parece más la crónica reflejo de una batalla que el resumen de las incidencias que arrastran un mal entendimiento de la diversión entre personas de muy mala educación cívica, moral y personal. Que cada cual se quede con la cuota de responsabilidad que le corresponda; pero parece indispensable cambiar los supuestos en el que este caos resulta, más que posible, probable y acostumbrado. España, verdaderamente, bebe mal las bebidas destiladas y actúa ante ellas con la misma indeseable tolerancia, o idéntica ineficacia represiva, que contra las drogas. L FEDERALISMO, ÓRDAGO Y MUERTE DULCE Partiendo del nuevo proyecto de Estatuto catalán, el autor rebate que las renovaciones que se proponen sean copiadas del sistema federal. Según él, van más allá de ese modelo y sólo pretenden, paso a paso, lenta pero perseverantemente, fines inconstitucionales A historia de todos los Estados federales registra momentos centralizadores y momentos en los que, por el contrario, las entidades federadas refuerzan su posición. Con frecuencia, esas oscilaciones forman parte de la biología normal de los sistemas federales y derivan de un uso inteligente de los resortes y de las potencialidades que son propios del federalismo. Frente a un determinado desafío histórico, una federación puede expandir sus poderes y hacer crecer su envergadura financiera y administrativa; y puede también, en otras circunstancias, contraerse y preferir que las entidades federadas asuman mayor protagonismo en algunas materias. Un ejemplo clásico de centralización federal es la que tuvo lugar en EE. UU. durante la presidencia de Roosevelt, y que fue el resultado de los esfuerzos nacionales necesarios para aplicar el new deal y superar la gran depresión, y luego para vencer en la II Guerra Mundial. Un caso reciente del fenómeno contrario es el nuevo federalismo mediante el que Reagan pretendía realzar el papel de los estados y adelgazar a la federación. En realidad, estas transformaciones son neumáticas y no afectan a las líneas maestras del sujeto político transformado, pues le permiten adaptar su geometría para capear mejor las distintas coyunturas nacionales e internacionales. Son cambios mediante los cuales el sistema federal se perpetúa en el tiempo; movimientos pendulares de un mecanismo bien regulado, donde el péndulo no sobrepasa un arco determinado y sirve para que el reloj funcione y no para que se descomponga. Por supuesto, los procesos que se han descrito generan discrepancias entre centro y perife- L ria, pero son conflictos cuya resolución no altera el equilibrio del sistema. Es propósito del este artículo proyectar este esquema histórico y conceptual sobre nuestro Estado de las autonomías y analizar las reveladoras diferencias que resultan. ¿Cabría decir, en este sentido, que la crisis planteada por el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, y que tendrá su continuación con el surgimiento de algún isótopo del plan Ibarretxe, no es sino una oscilación que puede reconducirse al ancho cauce de la Constitución sin ruptura del sistema? Tres obstáculos fundamentales hay que impiden una respuesta positiva a la pregunta. Los tres tienen que ver con posiciones muy arraigadas de los nacionalismos vasco y catalán; y los tres nos alejan, desgraciadamente, de todo lo bueno que el modelo federal ofrece en esta materia. El primero consiste en la negación de la hipótesis misma de la oscilación pendular. Los nacionalistas no conciben más variación en las competencias autonómicas que la que consiste en su acrecentamiento. Cualquier reforma centralizadora, por parcial y justificada que fuera, se vería desde el nacionalismo como una auténtica herejía política. Desde este punto de vista, y a diferencia de lo que ocurre en el federalismo, nuestras vías de reasignación de competencias tienen una sola dirección, con lo que, de entrada, el mecanismo está descompensado. El segundo obstáculo deriva de una concepción que parece haberse instalado en la cultura política de muchas Comunidades, y según la cual la consecución de una transferen- -Sigue la inseguridad callejera: unos chorizos le han robado a mi hijo los petardos que hacía estallar al paso de los viandantes hasta dejarles sordos.