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48 LUNES 2 1 2006 ABC Sociedad ELENA SALGADO Ministra de Sanidad y Consumo Si los derechos de los no fumadores no se respetan, habrá que ir más lejos Ayer entró en vigor la Ley de Prevención del Tabaquismo, la norma que introduce España en el club de los países más restrictivos con el tabaco, para alivio de los no fumadores e inquietud de los adictos a la nicotina Es la mejor ley posible sostiene la ministra Salgado TEXTO: NURIA RAMÍREZ DE CASTRO FOTOS: ERNESTO AGUDO MADRID. Elena Salgado, la quinta mujer que ocupa la cartera de Sanidad en España, es la responsable de que los ceniceros hayan desaparecido de las empresas y lugares públicos. Una mujer que nunca ha encendido un cigarrillo y a la que le incomoda la desconsideración de algunos fumadores. Tras la entrada en vigor de la Ley del Tabaco, la ministra de Sanidad se siente satisfecha por una legislación equilibrada que la población está dispuesta a cumplir. ¿Por qué se ha tardado tanto tiempo en tener en España una ley de Prevención del Tabaquismo? ¿Faltaba decisión o era el momento óptimo de abordarlo? -A los temas de salud pública no se les prestaba demasiada atención. Después del proceso de transferencias. la salud pública es uno de los componentes importantes que le quedan al Ministerio de Sanidad, la forma en la que más fácilmente se cumple lo que dice la Constitución sobre protección de la salud. España es un país modélico en cuanto a la curación de la enfermedad, pero en la prevención de la salud nos queda camino por recorrer. La Ley del tabaco es parte de ese camino, seguramente uno de los elementos más importantes. ¿Fue una decisión valiente? -Cuando presentamos la ley al Consejo de Ministros el pasado mes de abril, ya teníamos estudios de opinión pública favorables a la ley. La tolerancia con el tabaco que había en España y el escaso respeto con la población no fumadora se repite en pocos países de Europa occidental. En nuestro país, la mayoría no fumadora aceptaba la imposición de una minoría que ni tan siquiera preguntaba si podía fumar cuando se encendía un cigarrillo. Fue una decisión importante pero necesaria porque cuando llegamos al Ministerio el tabaquismo era uno de los problemas de salud más importantes del país. ¿Se sentía obligada como titular de Sanidad a elaborar esta ley? -Como ministra me hubiera visto obligada a tomar decisiones individuales. Si hubiera fumado, le aseguro que el mismo día de mi nombramiento hubiera dejado de fumar. ¿Está satisfecha de cómo ha quedado la ley tras los cambios introducidos en el Parlamento? -De lo que más satisfecha estoy es del grado de consenso alcanzado. No cumple con el cien por cien de lo que deseaban las sociedades científicas, pero es la mejor ley posible. Entre lo que hubieran deseado los profesionales sanitarios, que es una prohibición todavía más rigurosa en los lugares de ocio, y lograr una norma consensuada, nosotros hemos optado por una posición más equilibrada. ¿Contó desde el primer momento con el apoyo de todo equipo del Gobierno, incluso con el del ministro de Economía y Hacienda? -El propio ministro de Economía y Hacienda fue de los primeros en animarme en hacer esta ley. Pero los apo- LOS SECTORES AFECTADOS Puedo predecir que un año después de la entrada en vigor de la ley no habrá pérdidas en la hostelería La ausencia de salas para fumadores en las empresas ayudará a dejar el hábito y no generará un mayor absentismo laboral EL TABACO EN CIFRAS Sólo los costes sanitarios de seis enfermedades generan un gasto de 4.000 millones anuales, y el tabaco influye en 14 más Pese a la pérdida recaudatoria, la reducción de gastos sanitarios equilibrará los ingresos del Estado yos desde el principio fueron mucho más amplios. Lo primero que hicimos desde el Ministerio fue llamar a los agentes sociales y mantuve conversaciones con los secretarios de las principales organizaciones sindicales. También debo decir que desde el primer momento conté con el apoyo del Grupo Popular, un apoyo que se ha mantenido hasta el final. ¿El Estado renuncia a un buen negocio restringiendo el consumo y venta de tabaco? -Sólo los costes sanitarios directos de seis enfermedades asociadas al consumo de tabaco suponen en nuestro país una cifra estimada de 3.900 millones de euros anuales. Pero además hay otras muchas patologías en las que el tabaco tiene una influencia clara. En términos de productividad, un informe del Banco Mundial asegura que el absentismo laboral de fumadores es mayor que el de los no fumadores. Por término medio, un fumador habitual que consuma una cajetilla o más de tabaco al día tiene una esperanza de vida inferior al de una persona no fumadora. Curiosamente, los fumadores esgrimen este argumento y dicen que ellos son más baratos para el Estado porque viven menos y perciben su jubilación durante menos tiempo. La obligación de los responsables sanitarios es aumentar la esperanza de vida de todos. Pero, además, esos datos no se sostienen en términos económicos globales. El Banco Mundial asegura que sólo hay dos pequeños países donde la riqueza generada por el tabaco excede los costes asociados al tabaquismo. España no es ninguno de ellos, porque el ingreso que percibe el Estado está en el entorno de los 6.000 millones de euros frente a los casi 4.000 millones de costes directos asociados a sólo seis de las enfermedades y el tabaco influye en 20. Es muy fácil deducir que la reducción de los costes sanitarios equilibrarán los ingresos del Estado. ¿Respiró tranquila cuando conoció los resultados de la encuesta del CIS, con un 77,2 de ciudadanos en apoyo de la ley antitabaco? -Sí. A mí me produjeron satisfacción porque parecía que se escuchaban más las voces contrarias. Las voces más críticas con la ley habían elegido títulos y lemas atractivos que tenían cierta trampa. Durante este año se han oído especialmente tres: Fumadores por la tolerancia Yo me muero de lo que quiero Si el tabaco es malo que el Estado lo prohíba Los fumadores por la tolerancia pedían que se respetara el derecho de los fumadores, igual que el de los no fumadores. Evidentemente, no es lo mismo; un no fumador no tiene ningún medio de dañar la salud de un fumador y al contrario sí. Cuando dicen que el Estado no puede obligar a nadie a proteger su salud, es una consideración que está en contra de la Constitución. Ya hay precedentes, como la obligatoriedad de llevar casco al montar en moto o llevar el cinturón de seguridad... Existe la libertad individual de enfermar, pero en términos colectivos el Estado debe velar por la salud pública. Otras voces acusaban al Estado de hipocresía por no ilegalizar el tabaco porque así puede beneficiarse de sus impuestos. Afortunada-