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24 Internacional BAJO EL RECUERDO DEL HURACÁN KATRINA LUNES 2 1 2006 ABC El 70 por ciento de la ciudad sigue desolada, sin electricidad ni servicios básicos. El huracán ha reconvertido demográficamente la cuna del jazz en una ciudad habitada mayoritariamente por blancos Nueva Orleans resucita el espíritu del Barrio Francés para olvidar su drama MERCEDES GALLEGO ENVIADA ESPECIAL NUEVA ORLEANS. ¡No tenéis ni idea las ganas que tenía de dejar atrás el 2005! dijo entusiasmado el alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagins, a las miles de personas que se echaron el sábado a las calles del Barrio Francés para celebrar la esperanza de un nuevo año. Nadie dudaba de que su alivio era genuino. De hecho, el espontáneo ejercicio de terapia colectiva que se celebró esta Nochevieja en las calles más famosas de Nueva Orleans pretendía ser el principio del fin de un annus horribilis marcado por el apocalíptico Huracán Katrina que casi entierra la cuna del jazz. ¡Decían que esto no podría ocurrir, que Nueva Orleans había muerto, y hemos probado que estaban equivocados! animaba el alcalde de color. En el escenario de la plaza Jackson, los músicos tocaban con más sentimiento que nunca, salpicados por los personajes más carismáticos de la ciudad y dosis de la música cajún que surgió en los pantanos de Luisiana. A la medianoche, tras gritar la cuenta atrás a todo pulmón, la muchedumbre inundó las calles del Barrio Francés sin parar de bailar y saludarse unos a otros, hermanados en el sufrimiento colectivo que dejaban atrás y la necesidad de creer en el futuro. La espesa niebla que impidió lanzar los fuegos artificiales tampoco permitía ver más allá de esta calles que burlaron las inundaciones. Allí, el 80 por ciento de los bares y restaurantes ha reabierto en las últimas semanas, para deleite de músicos y poetas, que sin los turistas ni los fanáticos del fútbol americano comparten el famoso espíritu de Nueva Orleans con los tempore- Caras hispanas en la tierra del vudú M. G. NUEVA ORLEANS. Cada establecimiento con planes de abrir busca empleados desesperadamente, pero sin un lugar donde vivir no hay quien pueda aceptar. Las limpiadoras del Hotel Wynham pagan por dormir amontonadas en el salon de una anciana, que comparte su casa con 15 temporeros, todos hispanos. Tienen suerte, la mayoría de sus compatriotas duermen en tiendas de campaña. Son la nueva imagen de una ciudad cuya demografía ha dado un vuelco que algunos temen fatal para su futuro cultural. Los negros tendrán que conformarse con ser la minoría estima el analista Kevin Mercadel. Antes, representaban el 68 por ciento de la población, frente apenas un 28 por ciento de anglosajones. Hoy, esta proporción es prácticamente la inversa. Los hispanos casi no existían, aunque hora inunden las calles. con la fuerza de un tsunami y el sonido de una enorme explosión, ni siquiera se ven casas. Solo tablones y escombros aquí y allá. El tirón de la patria chica En la Parroquia de St. Bernard, término con el que esta ciudad de origen católico califica los distritos, vivían antes 65.554 personas. Las estimaciones más optimistas sitúan la población actual en 8.000. Según Craig Taffaro, adjunto al presidente de la parroquia, sólo 50 de los 50.000 negocios que existían han reabierto. El 98,5 por ciento de las casas están dañadas, y se espera que para final de marzo unos 10.000 propietarios hayan consentido con la demolición voluntaria de sus hogares, lo que solo representará el 40 por ciento de lo que planean aplanar las excavadoras. St. Bernard es la más dañada de las diez parroquias que integran la llamada Gran Nueva Orleans, pero incluso dentro de la parroquia de Orleans, que es lo único que conocen la mayoría de los visitantes, 55.000 casas tendrán que ser demolidas. Allí donde la imagen de normalidad alienta el regreso de los 10 millones de turistas anuales que nutrían la economía, la mayor parte de los establecimientos sigue siendo un mero escaparate, abrillantado con lunas nuevas, que nunca abre sus puertas por falta de empleados y clientes. Incluso los que exhiben orgullosamente el cartel de ¡Abierto al Público! avalado con el codiciado permiso oficial, funcionan a medio gas. Para ser exactos, con un tercio o menos de los empleados que tenían. Periodistas, empleados del gobierno federal, trabajadores temporales y miembros de las agencies humanitarias abultan la estimación official de apenas 135.000 habitantes, menos del 30 por ciento de los que existían antes de que el Katrina pasara a 230 kilómetros por hora. Aún así, la cifra representa un renacer poco anticipado hace justo cuatro meses, en los días de la catástrafe. Entonces, la mitad de los evacuados juraba que no volvería. No contaban con lo mucho que la gente de Nueva Orleans ama a su ciudad dice Isabelle Cossart, que cada día se pasea por todos los rincones en las furgonetas que solía llenar de turistas, observando cuidadosamente cada pequeño signo de vida. ¡Niños en bicicleta! exclamó el viernes pasado. ¡Hacía tanto que no veía niños! ¡Nos hacen tanta falta! No se equivoca. Los expertos sitúan la importancia de reabrir los colegios justo detrás de restablecer el fluido eléctrico, ausente en al menos un 30 por ciento de la ciudad. Si la gente no puede escolarizar a sus hijos no va a volver explica Kevin Mercader, que desde el Preservation Resources Center lucha por mantener con vida la ciudad. Cada día que pasa perdemos habitantes que ya no volverán, porque sus hijos se acostumbran a otro colegio y ellos encuentran trabajo Deseos y ruegos El componente demográfico es una de las incógnitas que definirán la nueva Nueva Orleans. Si bien no es cierto que el huracán se cebara sólo con los barrios negros, aunque fuera este colectivo el que quedase atrapado por falta de recursos, los barrios exonerados eran abrumadoramente blancos de clase alta. En ellos el valor de las propiedades ha subido un 150 por ciento. Sus vecinos, que han sido los primeros en volver al tener casas y dinero para repararlas, son los que defienden que se mantenga el calendario electoral, que establecía la renovación de la Alcaldía en febrero (ahora pospuestas para abril) ros que trabajan en la reconstrucción. Pero más allá de estas 120 manzanas, que suponen una mínima parte de la ciudad, sólo los fantasmas pueblan la desolación. Kilómetros sin encontrar una casa habitada, en el mejor de los casos, porque en las zonas adyacentes a los canales, cuyos diques reventaron Los primeros en volver han sido los blancos, que confían en aprovechar su nueva mayoría para recuperar la Alcaldía ¡Niños en bicicleta! exclama una residente que se negó a marcharse. ¡Hacía tanto que no veía niños! ¡Nos hacen tanta falta! Una unidad de la Guardia Nacional, de patrulla en Nueva Orleans en Nochevieja AP