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16 Nacional LUNES 2 1 2006 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL LEVIATÁN RESUCITADO arios prodigios han constelado el firmamento político del 2005. Pero ninguno se iguala en lo desaforado, en lo presagioso, a la Ley Audiovisual aprobada en Cataluña hace dos semanas. Los profesores de Derecho afirman que la ley entra en conflicto con los artículos 53.2 y 20.2 de la Carta Magna, y que es por tanto inconstitucional. Yo, que no sé Derecho, me limito a constatar que no habrá libertad de expresión en Cataluña si ese texto no cae en desuso instantáneo. Inquieta enormemente que el Consejo Audiovisual, un organismo controlado a la postre por los partidos, se arrogue la facultad de determinar cuándo una información es veraz o acorde con los valores constitucionales. La inquietud sube de grado, apenas se repara en el contexto concreto en que ha sido alumbrado el engendro. Poco antes de que se votara la ley, el Cuatripartito en masa había puesto la proa a una determinada cadena de radio por motivos estrictamente ideológicos, o mejor todavía, políticos. ERC llegó al extremo de enviar a la sede central de la emisora a una partida de encapuchados. Resultaba evidente que la ley sería empleada por la oligarquía local con el propósito de quitarse de en medio a un enemigo incómodo. Dicho y hecho, o casi hecho: la primera diligencia del Consejo ha consistido en instruir un sumario sobre la COPE en el que se incluyen, como potencialmente sancionables, opiniones del tenor siguiente: el presidente de la Caixa está muy mayor, y ya no se entera Imaginen que se hubiera aplicado el mismo baremo a expresiones como Aznar es un político autoritario o A Fraga se le notan los años No habría habido campaña electoral en el 2004, ni gallega en el 2005. En los países civilizados, los consejos audiovisuales se ocupan de detalles administrativos. Aquí, hemos ido a los contenidos, y reinventado la censura. Que el escenario del disparate haya sido el oasis catalán, mueve a reflexión. Conforme a una doctrina muy asentada, la descentralización federal propicia el acercamiento del poder a los ciudadanos. El federalismo sería V Inquieta enormemente que el Consejo Audiovisual, un organismo controlado a la postre por los partidos, se arrogue la facultad de determinar cuándo una información es veraz o acorde con los valores constitucionales deseable porque la democracia se aprende mejor en formato pequeño, que en formato grande. Me temo que los españoles estamos experimentando el fenómeno opuesto. El clientelismo, la acción corruptora del poder a través del Presupuesto, y el estrangulamiento de las libertades, se ejercen con mayor despejo a escala autonómica. En la práctica, la Ley Audiovisual catalana podría estar sirviendo como cata o ensayo de la Ley Audiovisual que el Gobierno prepara para el conjunto de la nación. Con esto subimos, por así decirlo, un piso, y entramos en consideraciones que afectan a los grandes partidos y no sólo a sus terminales regionales. Tanto el PP como el PSOE pidieron en sus programas del 2004 la creación de una Ley Audiovisual y del correspondiente Consejo. Pero, interesantemente, el espíritu que animaba las propuestas no era idéntico. En el programa del PP, se hablaba sólo de proteger al menor. El asunto se reducía a un guiño oportunista y poco meditado al electorado conservador, molesto por la naturaleza cada vez más escatológica de la televisión. La propuesta socialista, por el contrario, anticipaba, con bastante exactitud, lo que han hecho después los catalanes. En el programa se afirmaba que el Consejo Audiovisual tendría como misión asegurar la protección de los valores constitucionales Lo último significa, en plata, que el PSOE estima lícito que una filial oficiosa del Parlamento usurpe a los jueces la determinación de qué es constitucional, o qué no lo es. El derrape no es casual. En efecto, Zapatero y su equipo han reformulado la función del Parlamento en clave jacobina. En las democracias liberales, el Parlamento genera leyes cuya interpretación, conforme al principio de la división de poderes, está reservada a los jueces. Zapatero, sin embargo, parece concebir las mayorías parlamentarias como cristalización de la voluntad general. Una mayoría no sería el producto contingente de un acuerdo entre diputados, conscientes de las limitaciones anejas a su mandato. Integraría, más bien, una encarnación del pueblo, con títulos y autoridad para transformar a fondo la realidad pública, y aun la privada. Conviene recordar, por si no se hubiera reparado en ello, que la idea nos retrotrae, no a una democracia auténtica sino a las especulaciones teológicas de los defensores del Estado absoluto. Que los beneficiarios reales de la situación acaben por ser ERC o grupos de presión con intereses perfectamente descriptibles, deja impertérritos a los adalides del nuevo orden. En ésas estamos, según enfila el 2006 su curso incierto Trinidad Jiménez sufrió recientemente los ataques de Castro GONZALO CRUZ El PSOE admite que la política de Zapatero no ha logrado progresos democráticos en Cuba Trinidad Jiménez considera una ingenuidad pensar que se puede cambiar el régimen castrista b La dirigente socialista señala que, tras la liberación de 13 disidentes el año pasado, el Gobierno espera que se produzcan ahora algunos otros gestos EP MADRID. La secretaria de Relaciones Internacional del PSOE, Trinidad Jiménez, admitió ayer en una entrevista a Europa Press que no se han logrado muchos progresos con Cuba en los dos últimos años bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No obstante, la responsable socialista se preguntó. ¿Hemos visto algún progreso en los últimos 25 años? y contestó: Lo mismo ocurre ahora, tampoco ha habido muchos progresos en los últimos dos años. No es una novedad ni una sorpresa El régimen de Castro- -agregó- -dura ya los años que dura y los intentos que ha habido de democratización se han producido a lo largo de los años con resultados mínimos. Por tanto, no es ninguna sorpresa que ahora tampoco hayamos asistido a cambios sustanciales Jiménez recordó que en un primer momento se consiguió la liberación de trece de los 75 disidentes condenados a cárcel en abril de 2003, entre ellos una persona que se había convertido en un símbolo -el escritor y periodista Raúl Rivero- En la actualidad, el Gobierno espera que se produzcan algunos otros gestos En cualquier caso, el Gobierno español tiene claro que esto sólo se conseguirá desde el mantenimiento de unas relaciones diplomáticas fluidas o con lo que llama un diálogo crítico Nunca pensamos que el hecho de que el Gobierno español mantuviera una determinada presión en un sentido u otro pudiera producir unos efectos inmediatos y, ni mucho menos, hiciera cambiar al régimen de La Habana. Pensar eso es una simple ingenuidad aseguró. Recientemente. Jimenez se vio envuelta en una polémica con Fidel Castro, tras expresar su preocupación por la situación de un disidente socialista cubano, lo que molestó al régimen de La Habana. Sobre ello, afirmó: No le doy mayor importancia ni trascendencia. No necesito iniciar ninguna reconciliación