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ABC LUNES 2 1 2006 Nacional 15 Irene Lozano, en una calle del barrio madrileño de Moratalaz. Dice que en su última obra trata de reivindicar la inocencia de las lenguas ros de discusión. -Así es. En 1931, con la llegada de la Segunda República, se debatió si se debía denominar a la lengua oficial español o castellano porque muchos diputados de la periferia consideraban que ello podría poner en cuestión la españolidad de las demás lenguas. Gabriel Alomar, intelectual y parlamentario mallorquín argumentó su temor de que se negara el carácter español a la lengua catalana. Ahora el interés de los nacionalismos extremistas es el contrario, el de negar a toda costa la españolidad de las otras lenguas. ¿Por qué se convirtió en lengua común el español, si, como usted defiende, sólo durante durante unas pocas décadas ha funcionado a golpe de imposición? -Precisamente por su carácter de lengua dúctil, sin temores a la contaminación Siempre se ha dicho que el euskera fue la partera del castellano, al que debe su fonética, las cinco vocales. La realidad lingüística bilingüe de muchas zonas de España no es de anteayer y está magníficamente reflejada en las glosas de San Millán de la Cogolla donde se han encontrado acotaciones a lo escrito en latín en castellano y en euskera. Aquellos cenobitas eran perfecta y naturalmente bilingües. Luego, el español se extendió y generalizó en América más por el empuje de la burguesía de los nuevos Estados después de independizados que bajo dominio del imperio De hecho, antes se había considerado que para la evangelización eran más útiles las lenguas indígenas, y ocurrió que algunas de ellas incrementaron su implantación mientras aquellos territorios fueron españoles. El Imperio español se fundó en la fe, no en la lengua. -Otro dato interesante es que la Constitución de la II República impedía cualquier tentación de arrinconar al español... -Sí, en el artículo 4 se decía literalmente que a nadie se le podrá exigir el conocimiento ni el uso de una lengua regional Otro aspecto importantísimo es que se salvaguardaba el derecho de todos los ciudadanos a no verse privados del acceso al español culto, a través del artículo 50, que estipulaba que era obligatorio el estudio de la lengua castellana, y ésta se utilizará también como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas -Sin remontarnos a esos años, hoy en día tampoco en el resto de Europa se suelen utilizar las lenguas minoritarias como las únicas vehiculares para la enseñanza... -España es hoy con diferencia el país más proteccionista con las lenguas minoritarias. Algunos aspiran a que esto sea como Suiza, con sus cuatro idiomas oficiales, pero es realmente absurdo porque nosotros tenemos la suerte y el privilegio de contar con una lengua común y ellos no. ¿Por qué considera tan dañino el concepto de lengua propia que esgrimen algunos nacionalismos? -Al menos es uno de los más insidiosos, porque no responde a la realidad. Es lamentable cómo se recoge ese concepto, por ejemplo, en el Estatuto de Baleares. Lo que implica tal uso de propia es que la que no es esa lengua queda catalogada como ajena lo que relega al castellano a la categoría de algo artificial e impuesto. Se impregna de valores a la lengua propia frente a la otra. Es una estrategia delirante, casi como del siglo XIX. Tiene únicamente el propósito de proyectar todos los sentimientos del grupo sobre lo particular. ¿Hay actualmente persecución del castellano en Cataluña o el País Vasco? -El término persecución es duro y hay que matizarlo mucho. Sí hay persecución moral y dificultades objetivas para escolarizar a los niños en castellano. Ahí se demuestra que al español no se le da la misma consideración que al catalán. Y en el País Vasco la imposición del euskera es especialmente artificial, dado su nivel de uso. En el País Vasco y en Galicia hubo una renuncia de las élites sociales a la lengua, porque se asociaba el gallego y el vasco al mundo rural. El castellano tuvo una rápida penetración en el País Vasco en buena parte por la enorme fragmentación dialectal del euskera, circunstancia que lo hacía menos útil para la comunicación. ¿Es la actual Constitución culpable de esta guerra de lenguas -Sí, en parte. En ese aspecto de la Constitución hubo absoluta dejadez. En su redacción se dejó el terreno abonado para los problemas cuando ni siquiera se enumeran las otras lenguas de España. Ahí cabe todo, el bable, el canario... Además, la Carta Magna comete el error de ceder al poder autonómico la regulación de la lengua, lo que ha propiciado que se intente convertir a la lengua minoritaria en dominante y excluyente. Para los políticos es una ventaja, porque les otorga parcelas de poder y de influencia, pero para los ciudadanos es un grave perjuicio. Es intragable que ahora el PSOE haya aceptado el deber de conocer el catalán en el Estatut Ceder la regulación de las lenguas a las Autonomías fue un grave error de la Constitución