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54 SÁBADO 31 12 2005 ABC Cultura y espectáculos Este año que vence se conmemoraban los 100 años de la muerte de Julio Verne, un autor visionario que imaginó los más asombrosos y cumplidos sueños del futuro, de los que acabó abominando al final de su vida Verne contra el Progreso TEXTO: SERGI DORIA Al final de su vida, Julio Verne se sentía más desengañado por no haber sido un autor de Gran Literatura que por ganar menos dinero del que merecía. Le dolía más la indiferencia de otros escritores que las triquiñuelas de un editor egoísta como Hetzel. En la Academia Francesa lo ignoraban: se habían producido 37 vacantes y nadie le propuso ocupar un sillón. En 1892, el escritor de 64 años comenta a Hetzel: Ingresar en la Academia entre los 40 y los 50 está bien. Pero ingresar, a punto de cumplir 66 no vale la pena... Parece que mi género no es académico... Al repasar su bibliografía, constataba que dejó de escribir obras que le interesaban y, cuando lo hizo, el público no respondió favorablemente. Debía ofrecer lo que se esperaba de él y alejarse de una literatura estilísticamente ambiciosa. O sea, describir viajes extraordinarios y máquinas prodigiosas: olvidar la lírica y el teatro. Verne y Hetzel: matrimonio editorial, unidos por un contrato de hierro que obligaba al autor de Nantes a escribir compulsivamente. En 1863 Hetzel rechazó París en el siglo XX la novela más crítica de Verne sobre el mito del Progreso. La había escrito tras la exitosa Cinco semanas en globo Después de leerla el editor la calificó de periodismo barato Aconsejó a Verne que aguardara veinte años antes de escribir otro libro protagonizado por un pasmarote sentimental. Cuestionar el Progreso era una herejía más propia de libertarios o ludditas que de un heredero del Positivismo. go comenta. Son pura arqueología porque hacen servir un lenguaje que la gente del siglo XX no es capaz de entender... Huguenin pasa revista a su ejército de papel y Verne destila su canon: Ronsard, Rabelais y Montaigne fundaron la lengua francesa pero la lengua se ha perdido porque los botánicos, químicos y matemáticos mezclan palabras técnicas y vocablos ingleses. El francés ya vive la decadencia, dominado por la cultura anglosajona. Comenta el tío Huguenin: Nuestra lengua, hijo mío, la de Malherbe, Bossuet, Voltaire, Nodier, Hugo, es una jovencita bien educada y puedes enamorarte de ella sin temor porque los bárbaros del siglo XX no han conseguido convertirla en una cortesana De Rousseau y Beaumarchais, el tío dice que iniciaron oportunamente la batalla del 89, la Revolución, pero después se abusó un poco y ese diablo del Progreso nos ha llevado a todos adonde estamos O sea, que Voltaire ha devenido Voiture y la Modernidad ha hecho de las utopías un infierno. Antimodernidad Habrá que ser antimoderno, sugiere Michel; el tío Huguenin está de acuerdo y le presenta un fastuoso jefe del Ejército: Chateaubriand. Ironiza Verne: el autor de las Memorias de Ultratumba dedicó cuarenta años de su vida a hablar de su modestia De los románticos Pablo y Virginia deduce que en el siglo XX, Pablo sería banquero, y Virginia emparejaría con el hijo de un fabricante de muellles para locomotoras. Víctor Hugo, gran capitán del Romanticismo, despierta admiración, No conozco nada que esté por encima de él, ni en la antigüedad ni en los tiempos modernos, por la virulencia y la riqueza de la imaginación... Elogia también a Dumas como el contador de cuentos más divertido y George Sand, buena lectora de Verne, que le dio la idea de Veinte mil leguas de viaje submarino Ese Michel inmerso entre libros olvidados nos lleva al Cementerio de trazas borgianas que Carlos Ruiz Zafón imagina en La sombra del viento No nos resistimos a releer un pasaje de esta novela sobre la persistencia de la memoria libresca. Escribe Ruiz Zafón: Me sentí rodeado de millones de páginas abandonadas, de universos y almas sin dueño, que se hundían en un océano de oscuridad mientras el mundo que palpitaba fuera de aquellos muros perdía la memoria sin darse cuenta día tras día, sintiéndose más sabio cuanto más olvidaba Verne debía sentir algo parecido hace más de un siglo. En la Biblioteca del tío Huneguin, Michel... Respiró aquel aroma literario que le subía al cerebro como una cálida emanación de los si- París en el siglo XX Publicada en español hace diez años, París en el siglo XX refleja la amarga experiencia de Michel Dufrenoy en una sociedad masificada, hipertecnificada y estatalista, donde los números han vencido a las letras; el Latín y el Griego han sido borrados de los programas educativos y los árboles se sacrifican para hacer pasta de papel. ¿Nos suena de algo? Como subraya Piero Gondolo della Riva, nos encontramos ante una obra de juventud y autobiográfica que demuestra que el escepticismo verniano no era un asunto de madurez: El joven Verne que, bajo la apariencia del protagonista Michel, escribe versos y busca un editor, tiene una visión trágica de las relaciones humanas, de una sociedad donde, si exceptuamos la existencia de algunos amigos, estamos solos... El pesimismo es una constante de Verne y en París en el siglo XX aparece penetrado de un humor devastador y constantemente tonificante. Invita al lector a lanzar por sí mismo una mirada corrosiva sobre el mundo que le rodea Y no será porque la novela no con- Julio Verne tenga artefactos del Progreso. Aparece el motor de explosión, que Lenoir inventó en 1859 y que Daimler aplicará al automóvil en 1889. Surge el facsímil conocido entonces como Pantelégrafo Caselli patentado también en 1859. Y como aquel año debió ser provechoso, el procedimiento de Watt y Burgess, que transforma un tronco en papel. Verne conocía el dernier cri científico. Avances para un mundo desencantado que el escritor ya percibía. Su personaje Michel atraviesa el París de 1960, dominado por funcionarios, tecnócratas y banqueros. Penetra en una librería que es una gran superficie y pide la obra completa de Victor Hugo. No saben quién es. Ni tampoco Balzac, Musset o Lamartine. Sólo tienen libros técnicos y poesía cientifica. La gente no aprecia la música clásica. Padecen la melodía de la selva virgen, pesada, imprecisa La Ópera es la sucursal de la Bolsa: la gente charlotea, cierra negocios y le importa un comino la música. El 15 de abril de 1961, Michel descubre la biblioteca de su tío Huguenin. Repleta de libros que ya nadie lee, se presenta como un Gran Ejército de las Letras. Michel intuye que debe haber costado mucho reunir tan bellas ediciones: ¡Al contrario! -responde Huguenin- ¡Todo el mundo se quiere desprender de ellas! Le muestra las obras completas de Racine, Molière, Pascal, La Fontaine... Estos grandes genios están fuera de jue- Ingresar en la Academia entre los 40 y los 50 está bien. Pero ingresar a punto de cumplir 66 no vale la pena afirmaba Verne En 1863 Hetzel rechazó París en el siglo XX la novela más crítica de Verne sobre el mito del Progreso