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ABC SÁBADO 31 12 2005 Sociedad 53 Salud Celdas sin humo a petición de los presos La prohibición de fumar también llega mañana a los centros penitenciarios españoles, donde se procurará garantizar a todos los presos internos que lo deseen una celda para no fumadores, según una circular de la Dirección de Instituciones Penitenciarias, recogida por Servimedia. Darse al vicio del tabaco en las cárceles sólo estará permitido a partir de esa fecha en zonas al aire libre (en los patios) y en zonas de fumadores habilitadas en el resto de las salas comunes. Tampoco se podrá fumar en el comedor. En las salas destinadas al contacto con la familia o en los encuentros vis a vis se podrá encender cigarrillos si visitante e interno así lo desean. En todas las celdas en las que convivan las madres con sus hijos estará prohibido fumar, aunque en los centros penitenciarios habrá espacios separados para las madres fumadoras, a los que no podrán tener acceso los hijos de éstas. Pese a todas estas restricciones para fumar, la circular señala que seguirá estando permitido en los economatos de las cárceles la venta de tabaco. José Macías 49 años Voy a aprovechar la ocasión para dejar el vicio Voy a aprovechar la ley para dejar de una vez por todas el tabaco José Macías tiene claro que la ocasión es inmejorable. Además, el negocio hostelero en el que trabaja se va a convertir en un espacio sin humo. No habrá ningún ritual especial, ni tampoco quiero seguir un tratamiento. Sólo hace falta fuerza de voluntad y el hecho de que haya menos gente fumando a mi alrededor también ayuda dice. Un funcionario retira ceniceros del Ministerio de Administraciones Públicas de humo, pero yo pienso fumar en mi despacho. Será un reducto personal El caso de José Macías, de 49 años, es más curioso. Él es uno de los responsables de Torres Bermejas uno de los tablaos flamencos con más solera de España. Camarón de la Isla saboreó al abrigo de sus maderas las primeras caladas de gloria y los humos que habrían de sentenciarle a muerte. El lugar conserva el sabor añejo de haber permanecido intacto con el paso de los años y así va a seguir, porque no se reformará para adaptarlo a las exigencias de la ley antitabaco. Será, a pesar del peso de la historia, un espacio AFP sin humo. Voy a aprovechar la entrada en vigor de las restricciones para quitarme dice Macías. Califica de regular la redacción final de la ley y apela a su fuerza de voluntad para dejar el vicio. Hasta ahora el problema era que todo el mundo fumaba a mi alrededor. Espero que a partir del 1 de enero todo sea más fácil afirma. Entre bastidores, en la misma cocina de Torres Bermejas Alberto Palomino ve con buenos ojos la norma, aunque no comparte algunos criterios, como el de aislar las salas de fumadores en bares y restaurantes. No creo que vaya a ser muy problemático. Tampo- co conozco a fondo el contenido de la ley, pero supongo que no quedará más remedio que habituarse explica. Alberto no piensa de momento dejar el tabaco, pero espera hacerlo cuando se sienta con más fuerzas. Laura Matilla 25 años Sin imposiciones La ciudad es un hervidero de gente que camina al ritmo vertiginoso de la Navidad. Laura Matilla, de 25 años, devora un cigarrillo a las puertas de un centro comercial. Parece una trabajadora que ha abandonado su puesto, pero erramos el blanco. Nos han convertido en bichos raros comenta. Laura se niega a aceptar imposiciones de nadie. No me he planteado dejar el tabaco y no creo que lo haga, porque me gusta. Si el Estado quiere prohibirlo que desautorice su venta argumenta. Apartado, haciendo camino, Emilio de la Fuente, 68 años, saborea un enorme puro al abrigo de un porche. Hay una doble vertiente en todo este asunto. Claro que me gustaría abandonarlo, pero las obligaciones me molestan dice. Emilio asegura que sólo fuma un par de puros al día y que hace ya muchos años que no prueba un cigarrillo. Es un buen momento para olvidar el vicio. Comparto el espíritu que inspira la ley concluye. Alguien enciende un cigarro, otra persona arroja una colilla y la pisa con fuerza, como si la fina lluvia no fuera a apagarla. El estanco sigue abierto, en los bares sólo se respira humo, hay un cenicero en la calle para los empleados de no se sabe qué empresa. La vida sigue igual, mañana será otro día. Mario Fernández 21 años No imagino un bar en el que estemos aislados Será otra de las imágenes más perseguidas del Año Nuevo y a este joven estudiante de FP le cuesta mucho concebirla. No imagino un bar o un restaurante en el que estemos aislados en una sala por el mero hecho de ser fumadores dice. Mario no se ha planteado aprovechar la ley para dejar de fumar y cree que el tabaco es una costumbre demasiado arraigada en nuestra cultura como para borrarla de un plumazo: No estoy en contra de que los no fumadores tengan su espacio, pero sin recluir a los demás Nos están haciendo parecer bichos raros Me gusta fumar y no me he planteado dejarlo, por mucha ley que saque adelante el Gobierno Esta joven trabajadora siente que, de momento, lo único que están consiguiendo es hacerles parecer bichos raros Tengo la impresión de que por la calle te miran mal y no lo entiendo, porque en este país siempre se ha consumido mucho tabaco comenta. Además, le parece que la aplicación de la norma va a ser complicada: Por lo que he leído, va a ser muy difícil que se cumplan todas las prohibiciones contempladas