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48 Sociedad SÁBADO 31 12 2005 ABC Religión Trabajo, silencio, orden y austeridad marcan el día a día en la vida de Benedicto XVI Los paseos y el piano son las distracciones favoritas del Santo Padre b Treinta mil personas, el triple de lo habitual con Juan Pablo II, acuden a rezar el Ángelus junto a la ventana del Pontífice en la plaza de San Pedro JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. A la ventana más aplaudida del mundo se asoma cada domingo un hombre tímido. El Papa se emociona al ver la gente que va a rezar el Ángelus: veinte o treinta mil personas, el triple de lo que era habitual con Juan Pablo II. Lo mismo sucede con las audiencias de los miércoles que siguen celebrándose en la plaza de San Pedro en pleno invierno, ya que el Aula Nervi sólo puede acomodar a siete mil peregrinos. Si Juan Pablo II disfrutaba con las multitudes, Joseph Ratzinger está mas a gusto con sólo dos o tres personas. Aunque siempre ha llenado aulas y catedrales, lo que de verdad adora es el silencio, el orden, la vida austera y la tranquilidad. En el apartamento del Papa, el ambiente ha cambiado por completo. La riada de visitantes que su predecesor recibía a la misa, el desayuno, la comida o la cena han pasado a la historia. Ahora domina un silencio laborioso que sólo interrumpen, a última hora de la tarde, las notas de Mozart al piano. En un día normal, el Papa se levanta a las cinco y media de la mañana. Es fácil saberlo, pues se enciende la luz en la ventana de su dormitorio que da a la plaza de San Pedro- -la última de la derecha en el tercer piso- -y en las dos ventanas laterales. Después de un rato de meditación silenciosa en su capilla privada, el Papa celebra la misa ayuda- Benedicto XVI saluda a los fieles junto a su secretrario Georg Gaenswein REUTERS