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ABC SÁBADO 31 12 2005 Madrid 39 MADRID AL DÍA A LA ESPALDA MANUEL DE LA FUENTE Desde niños hasta ancianos, cualquier edad es buena para participar en un Belén viviente ABC Móstoles, Parla, Alcorcón, Buitrago de Lozoya... cada vez más localidades sustituyen las típicas figuras de los nacimientos por personas de carne y hueso: son los Belenes vivientes ¡Jesús se ha movido! TEXTO: MARIO DÍAZ MÓSTOLES. Un buen día, al padre Primitivo se le ocurrió organizar un Belén en Móstoles en el que sus más fieles parroquianos dieran vida a las figuritas. Han pasado seis años y el padre Primitivo se encuentra en las misiones, pero el Nacimiento se ha celebrado desde entonces, convirtiéndose en toda una tradición en la que, en la edición de estas navidades, han tomado parte más de un centenar de actores Pretende vivir el espíritu auténtico de la Navidad, recordarnos que es un encuentro con el Señor antes que otra cosa, y volver también a nuestra infancia y fascinarnos con lo que se representa resume Ignacio Torres, párroco de la iglesia que lo organiza, Nuestra Señora de la Asunción. Al igual que en Móstoles, en otras localidades madrileñas como Parla, Alcorcón o Buitrago de Lozoya cada año se organizan belenes vivientes en los que toman parte desde niños a ancianos. El de Buitrago, declarado fiesta de interés turístico y tras casi una veintena de ediciones, es quizá el más popular, y cada año colapsa el pueblo. Normalmente siempre tenemos niños de esa edad, y lo aguantan bien porque sólo salen cuando toca su escena se lamentaba Jiménez. Una lástima, sobre todo sabiendo que para participar en este Belén hay lista de espera. Justi Prada, una vecina, no está dispuesta a que nadie le quite su puesto en el Belén. Lleva participando desde que se puso en marcha, y esta Navidad ha sido la figurita que saca el agua del pozo, aunque antes ha representado a soldados y hasta a la Virgen María. No sale agua, ¿qué hacemos, don Miguel? le preguntaba con premura a un párroco antes de una representación. Y es que nadie se toma a broma estas actuaciones: sólo el año pasado las disfrutaron casi 20.000 personas en Móstoles, y miles más en todas las localidades donde se celebran. Decenas de personas trabajan para elaborar toda la ambientación, los vestidos y para con- seguir a los animales- -en algunas localidades, de carne y hueso- -que den más realismo a estos Nacimientos. Todo ha de salir bien, y la representación durante varias horas seguidas hacen que estos belenes, al contrario que los tradicionales, no duren más que unos días al inicio de las fiestas: si aún no lo has visto tendrá que esperar. Figuras gigantes en San Lorenzo Mientras, en todo caso, puede disfrutar de nacimientos tan espectaculares como el instalado en Azca, el más grande de Europa, o el de San Lorenzo de El Escorial, con 400 figuras gigantes. Liliana, de 13 años, no fallará en el próximo Belén viviente de Móstoles. No se ha perdido ninguno de los celebrados, como sus abuelos y su madre. Cristina, de 10, tampoco se lo quiere perder: Me hace mucha ilusión dice con timidez vestida de pastorcilla. Un reparto de lujo Un total de 39 escenas navideñas representadas por más de 200 actores, distribuidos en los enclaves históricos de la villa. Santiago Sanz, de 67 años, es el más veterano, y esta Navidad ha interpretado a un leñador. En Móstoles, hemos tenido a vecinos de hasta 80 años, y pequeños de pocos meses dando vida a Jesús apunta Cándido Jiménez, coordinador del Belén viviente de la localidad, este año con 18 escenas. En esta edición, en Móstoles, el bebé que iba a dar vida a Jesús enfermó, así que al final tuvo que darle vida un muñeco, por lo que ningún visitante pudo sorprenderse al ver moverse a un Niño Jesús real, tal como suele ocurrir. Las figuras no son vivientes, pero sí gigantes en San Lorenzo de El Escorial ABC ueno, parece que hay que echarse otro año a la espalda, no importa, a estas alturas ya se va uno acostumbrando. Pero, sí, no nos engañemos, cómo van pesando. No, definitivamente no ha sido el mismo año pero ha sido igual. Igual que los anteriores, igual que los que vendrán. Las mismas pérdidas, las mismas ausencias, tal vez con otro nombre. Alguna que otra despedida, claro está, y un reguero de esperanzas (las que nos hacíamos hace justamente ahora trescientos sesenta y cinco días) que han ido quedando por el camino. Madrid, esta Villa milenaria, ahí sigue, con la cabeza alta y moderamente viva, escasamente sensible y, sobre todo, procurando no meter la pata en tanto socavón, en tanto cráter. Madrid en obras, como siempre, como debe de ser, como mandan los cánones y como mandan las ordenanzas. Poco a poco, todas estas heridas se irán cerrando (eso dicen) y hasta es posible que no se abran otras, que están las carnes de los Madriles tan atormentadas de la inquisición tuneladora como los fumadores, el último chivo expiatorio que los gobernantes han encontrado por el camino. Ya, ya hablaremos. No de los chivos, no, ni de los gobernantes, hablaremos del tabaco, el sexto jinete del apocalipsis de la hipocresía. Pero tiempo habrá, que aún no lo han prohibido. Otro año a la espalda, y a través de la ventana aquí seguimos contemplando el mismo panorama: aprendices de golfillos j... la marrana con los petardos; las últimas compras, las últimas bolsas; el último (y supremo, se lo juro que lo he visto) esfuerzo de las cajeras del híper; la china que cerrará al alba, amor mío al alba (si los mil quinientos millones son como ella no nos pueda extrañar su milagro económico) y las luces de neón del bingo (otros valientes) y las uvas (las buenas y las otras, las de la ira) y las campanadas (tampoco este año, este 2005 nos ha hecho tilín, ni siquiera olímpicamente) y las burbujas, nacionalistas o no nacionalistas, que para gustos se hicieron los colores, hasta los tripartitos. Otro año que nos vamos a echar a la espalda, más peso con el que cargar por los vericuetos y laberintos del día a día, otro año para esperar una de catorce, que para lo del pleno al quince hace falta suerte, demasiada suerte. Otro año esperando que allá por junio al niño no le suspendan tres o cuatro. Y mientras la lluvia que no llega, ni sabe ni contesta, ni está, ni se la espera. Otro año a la espalda, sí, y que sean ustedes muy felices. Que uno también lo intentará. Si es que le dejan. B