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6 Opinión SÁBADO 31 12 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS MALAMUD INVESTIGADOR PRINCIPAL PARA AMÉRICA LATINA DEL REAL INSTITUTO ELCANO EL PATRIOTISMO SOCIAL UESTOS a sandeces, que 2005 ha sido pródigo en ellas, la última de José Luis Rodríguez Zapatero merece ser esculpida en piedra para que los nietos de nuestros nietos no puedan olvidar hasta qué punto llegaron los despropósitos, hijos de la falta de rigor intelectual, en el arranque político del siglo XXI. El presidente, dado a las acuñaciones peregrinas y huecas, se ha sacado de la manga el patriotismo social Una gran majadería que sorprende por la resistencia demostrada por el líder socialista a cualquiera de las formas del patriotismo clásico. Zapatero dice querer que la gente pueda vivir mejor ¿Hay alguien, por la izquierda o M. MARTÍN por la derecha, que no FERRAND tenga esa intención en sus planteamientos? Otra cosa será el nivel de aciertos que cada cual consiga en sus turnos de poder, no muchos en los dos años zapateristas; pero la intención puede darse por descontada. Desde hace dos mil años los cristianos predican la caridad y desde hace dos siglos los socialistas proclaman la solidaridad. Son conceptos superponibles y, en cualquier caso, ecuménicos. Reducidos a una patria- tierra natal o adoptiva ordenada como nación -pierden buena parte de su grandeza: el catolicismo se queda en las fronteras del Vaticano y el socialismo se hace provinciano y mínimo. Algo así como les ha ocurrido, en aras de su fervor nacionalista, a los militantes del PSC con sus líderes a la cabeza. El patriotismo social un eslogan barato, viene a ser la frase con la que Zapatero nos felicita la Navidad. Nacida en Sanlúcar de Barrameda, donde Estrabón residenciaba el oráculo de Menesteo, no se sabe si la frase fue pronunciada antes o después de saborear la exquisita manzanilla del lugar o, incluso, los mejores langostinos del mundo, que por allí recalan. La una y los otros serían justificación suficiente para el nacimiento de un patriotismo capaz de negociar la condición nacional de España en beneficio de una de sus partes e, incluso, de explicar el vacío e impreciso triunfalismo con que Zapatero hizo balance de sus muchos logros en sus dos primeros años de Gobierno. La autocrítica, hija exigente de la inteligencia, no es ni del tiempo ni del lugar. El patriotismo, como todos los grandes conceptos, los que tienen valor suficiente para regir nuestra conducta individual y colectiva, admite mal los calificativos. Del mismo modo que la libertad es una e indivisible, según el decir de Salvador de Madariaga, y se perjudica cuando se la limita a la expresión, la cátedra, la religión... algo tan grande como el patriotismo no debe jibarizarse con el realce de ninguno de los elementos que lo integran y sustentan. Ya sabíamos, por sus actos, que el presidente tenía una difusa idea de algo tan potente que sólo debe usarse con cuentagotas; pero ahora, en Sanlúcar, nos ha demostrado su ignorancia total sobre la cosa. P UN CÓNDOR PLANEA SOBRE LOS ANDES El autor analiza las que, a su juicio, son las claves del ascenso de Evo Morales al poder en Bolivia y las consecuencias que esta expansión del indigenismo y el populismo, que ahora planean también sobre Perú, pueden deparar a la región E L categórico triunfo de Evo Morales ha hecho correr ríos de tinta tanto dentro como fuera de Bolivia. Entre los titulares de la prensa mundial destacan dos mensajes: Un indígena presidente y los nexos entre el nuevo presidente y los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez. La suma de estas ideas conduce al meollo de la mayoría de los análisis y los temores sobre América Latina, una región que se encontraría al borde del colapso y atenazada por la explosiva combinación de indigenismo y populismo. En la misma línea van algunas encuestas que hablan en Perú del crecimiento en las encuestas del etnocacerista Ollanta Humala. Ante esta situación podemos quedarnos en la mera denuncia o intentar entender las razones y las contradicciones de los procesos que comentamos. Si bien muchas noticias que llegan de América Latina no son esperanzadoras, se necesita un balance ponderado, comenzando por recordar que estos fenómenos requieren la aquiescencia de las elites nacionales (económicas, sociales, políticas y culturales) Esto pasó con Lula y también con Evo Morales. Su candidatura obtuvo el 53,7 por ciento de los votos, un respaldo electoral muy superior al de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones legislativas y regionales. Buena parte de la clase media acomodada votó por Morales para acabar con la inestabilidad política y so- cial. Votar por Morales era votar para acabar con los cortes de carreteras y la protesta social, que en los años últimos había tumbado a dos presidentes y complicado la gobernabilidad. Para muchos era asumible llevar un indio a la presidencia si se recuperaba el orden. Desde la vuelta de la democracia, los partidos y las principales instituciones políticas, como el Parlamento y el Poder Judicial, habían caído en el descrédito. Si a eso sumamos la corrupción política se entiende lo desolador del panorama y que el voto por Morales fuera también un voto de castigo contra los partidos tradicionales impedidos de afrontar los mayores problemas del país. Bolivia es la nación más pobre de América del Sur, con un producto per cápita de 960 dólares anuales; más de la mitad de la población (cerca del 80 por ciento en las zonas rurales) vive bajo la línea de pobreza y numerosos indígenas (la mayor parte de la población) y mestizos, especialmente los campesinos, tienen una posición marginal en la sociedad y en el sistema político. Morales ganó porque durante la campaña supo negociar con distintos grupos y actores políticos, aunque sabemos poco de su resultado. Su reciente viaje a Santa Cruz, donde se reunió con el poderoso Comité Cívico local y reconoció el valor de la autonomía y garantizó la continuidad del proyecto minero de El Mutún, refle-