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ABC SÁBADO 31 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES ESPAÑOLES M E siento español por encima de todo y de todos, y después amante fervoroso de cuanto tienen de personal y característico las regiones. Qué profunda y qué respetable es la diferencia que existe entre Andalucía y Galicia, y cómo existe, sin embargo, una corriente subterránea de subconsciencia, un eje espiritual que ata a sus hombres: el duende de quien hablo se manifiesta en un gesto, en un sonido, en una actitud y, sobre todo, en un sentimiento, cuya forma y fondo sería larguísimo de explicar Estas palabras han sido elegidas por la Asociación de Directores de Escena de España para felicitar el Año Nuevo. Esperemos que uno de esos tarjetones le haya llegado a Zapatero, que dirige la escena política española y que seguro las tomaría en cuenta con sólo saber quién las pronunció hace 72 años. Federico García Lorca. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR EL PATRIOTA SOCIAL BREVIARIO DE MITOLOGÍA CLÁSICA III DE MICHAEL KÖHLMEIER Edhasa Barcelona, 2005 246 páginas 12 euros N Para entender a los dioses Este es el tercer y último tomo (los dos primeros aparecieron, respectivamente, en septiembre de 1999 y septiembre de 2002) de una trilogía en la que los mitos se organizan como un relato sin fisuras o como la cartografía más entretenida y útil a la hora de moverse por un laberinto de historias cuya moraleja va siempre por detrás y, en ocasiones, a considerable distancia de lo truculento de las escenografías y del capricho, a veces terrorífico, de sus más suntuosos protagonistas. Su autor, Michael Köhlmeier, es un hombre de pluma desenvuelta y espíritu desenfadado, que puede iniciar su obra desdeñando el caos de todo principio canónico según los especialistas, para entrar directamente a la invención de la flauta en manos de Palas Atenea, y así seguir como si su narración tuviera menos que ver con los dioses que con los recursos de los poetas que los inventaron y dieron rienda suelta a sus pasiones. El resultado es una crónica de las maravillas, repleta de aventuras, peripecias y magias, que se puede abrir por cualquier cala con la seguridad de ir a dar con todo el estremecimiento del pánico o con un buen motivo para la risa. EDUARDO CHAMORRO UESTRO Paladín de las Causas Sociales ha querido abreviar su sobrenombre, y por distinguirse del folloncico de Rajoy, a quien bautizó con el remoquete de Patriota de Hojalata, ha querido intitularse como Patriota Social, que es tanto como cubrirse el pecho con una coraza de acero fundido de las que marcan pectorales. Decididamente, nuestro Patriota Social no requiere una abuela que entone sus loas, ni siquiera el cortejo de un séquito de turiferarios (con el que no obstante cuenta, por si acaso desfallece su estrella) él sólo se basta y se sobra para vivir levitando, encaramado en la nube de su propia apoteosis. Esta fórmula del patriotismo social tan elástica como un chicle de aire, sirve para hacer pompas la mar de vistosas, y aun para salir volando en globo aerostático, cuando arrecian las encuestas demoscópicas adversas. No entraremos aquí a dirimir el significado de JUAN MANUEL patriotismo término que desde DE PRADA que empezó a complementarse con epítetos extravagantes o rocambolescos sospechamos que designa, precisamente, el bochorno que a algunos les produce ser españoles. El patriotismo empieza a parecerse demasiado al gamusino de la jerga política, un principio de jitanjáfora con el que se engatusa a los ingenuos, mientras uno se dedica plácidamente a demoler los muros de la patria, si un tiempo fuertes ya desmoronados (y plurinacionales) Pero qué hago yo citando a Quevedo, que era un pedazo de facha con antiparras. No nos resistimos, en cambio, a la tentación de dilucidar el significado de social que como se sabe es término difuso y polisémico, en el que se cobijan muy diversas facetas de la acción política. Nuestro Patriota Social, en el año que ahora expira, ha brindado sobradas muestras de una especial sensibilidad hacia estos asuntos que lo hacen acreedor al título. Así, por ejemplo, de logro social puede calificarse la ley contra el tabaco que mañana entrará en vigor, uno de esos dechados de rigor jurídico que, amén de favorecer el ejercicio responsable de las libertades individuales, aboga por una sociedad sin conflictos, tolerante y risueña, en la que los fumadores dejarán de estorbar con sus humos en oficinas y empresas, entre otras razones porque nadie los contratará a partir de ahora. Pero la altura de un Patriota Social no se descubre tan sólo en la iniciativa legislativa, sino en esas pequeñeces de la política cotidiana- -primores de lo vulgar- -que no requieren el refrendo del BOE, sino una mera disposición humanitaria, para la cual a veces basta un poco de mano izquierda ¡sobre todo izquierda! y el concurso leal de algún aliado prioritario de la disposición humanitaria de nuestro Patriota Social, que le devolvía a Mohamed los negritos excedentes de la valla de Ceuta y Melilla, para que los facturase en autobuses y los destinara como carnaza a los alacranes del desierto, nadie podrá dudar. Otro rasgo que caracteriza al auténtico Patriota Social es la aprobación de un aumento de las tarifas eléctricas que castigue con especial ensañamiento a las familias numerosas, que son las que más energía consumen, mal de su grado. Y, desde luego, un Patriota Social también debe enorgullecerse de que el precio de la vivienda engorde y de que el crecimiento económico se sostenga artificialmente sobre la especulación inmobiliaria. Tampoco es moco de pavo en la brillante ejecutoria de un Patriota Social sacarse de la manga nuevas modalidades recreativas de matrimonio a las que se acoge una multitud innumerable de parejas, mientras las ayudas a la familia se arrastran por el suelo, reducidas a una calderilla que no sirve ni para propinas. Nuestro Patriota Social, sacando pecho, se acaba de definir: Ser patriota es, ante todo, pensar y comprometerse con los demás Este hombre, como se siga estrujando las meninges y comprometiendo tanto, nos deja pajaritos.