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54 VIERNES 30 12 2005 ABC Cultura y espectáculos El Concierto de Año Nuevo invita a Mozart, en su 250 cumpleaños, para recibir el 2006 La Filarmónica de Viena, dirigida por Mariss Jansons, interpretará la obertura de Las Bodas de Fígaro b La televisión pública austriaca tiene previsto retransmitir el concierto a cincuenta países; se calcula que será seguido por 53 millones de personas ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS CORRESPONSAL VIENA. Apenas unas horas después de que las doce campanadas despidan el 2005, serán los acordes de la Orquesta Filarmónica de Viena interpretando a Johann Strauss los que den la bienvenida al 2006. Un año más, el concierto más famoso del mundo pondrá a la prestigiosa orquesta vienesa bajo la batuta de uno de los mejores directores. En esta ocasión será el letón Mariss Jansons quien ocupe el atril del salón principal del Musikverein, por el que han pasado en los últimos años artistas de la talla de Lorin Maazel, Riccardo Muti y Nikolaus Harnoncourt. El maestro Jansons, de 62 años, se estrena en la tarea de dar los buenos días al nuevo año, aunque no en diri- gir a los filarmónicos vieneses, con los que lleva trabajando desde 1992. Por eso, Jansons ha asegurado que el encargo es, para él, una gran alegría y un gran honor. También es, sin duda, una gran responsabilidad, pues este año la televisión pública austriaca tiene previsto retransmitir el concierto a 50 países y se calcula que será seguido por 53 millones de personas. Respecto al programa, el Concierto de Año Nuevo mantiene su habitual homenaje a la familia Strauss y el grueso del recital serán polcas, valses y mar- chas de Johann (padre e hijo) Joseph y Eduard Strauss. Algunas serán primicias en el Concierto de Año Nuevo, como la Polca Telephone de Eduard o el Mensaje de amor de Johann hijo. Por supuesto, no faltará la Marcha Radetzky para hacer las delicias del público. Un repertorio que a Jansons no le es desconocido, ya que, como él ha dicho, de niño conoció y amó las melodías de esta familia de compositores. Su padre, Arvid Jansons, fue durante años codirector de la Filarmónica de Leningrado y conductor en muchas ocasiones del Concierto de Fin de Año, que siempre incluía obras de los Strauss. El currículum de Jansons es ya suficiente carta de presentación y su doble función de director de dos de las mejores orquestas europeas, la Concertgebouw de Amsterdam y la de la Radiodifusión de Baviera, un motivo de peso para poder esperar un recital memorable. Pero, aunque los Strauss sean las estrellas del recital cada 1 de enero, el año 2006 tiene un indiscutible protagonista musical. Wolfgang Amadeus Mozart, que celebraría el 27 de enero su 250 cumpleaños, va a estar tan presente en 2006 que su obra no podía faltar en el primer gran acontecimiento musical del año. Por eso, la obertura de las Bodas de Fígaro se dejará oír por primera vez en el Concierto de Año Nuevo y servirá para abrir boca a los múltiples actos y homenajes que están programados para festejar el Año Mozart. Uno de esos homenajes llegará con la ejecución de Die Mozartisten de Joseph Lanner, también primicia en el Concierto de Año Nuevo y un homenaje al que es quizás el mayor músico de todos los tiempos. Retransmisión con danza Mariss Jansons, dirigiendo a la Filarmónica de Viena durante uno de los ensayos EPA NO LE DÉ MÁS VUELTAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE l principio da fatiga, para qué negarlo, pero también produce pereza pensar en la matinal tabla de gimnasia y luego todo son beneficios para el crujir de los huesecillos. El Concierto de Año Nuevo está al caer y esto no lo remedia ni el mentalista que ha puesto en juego su prestigio tras anunciar que parará el reloj de la Puerta del A Sol de Madrid en el justo momento en el que las doce uvas atraviesen el gaznate. Primera dificultad, por tanto: no atragantarse. Segunda: desperezarse, ya entrado el nuevo año, procurando mantener el compás como si todo fuera incorporarse al palmarés de ¡Mira quién baila! Bien pensado el asunto es relativamente fácil. El Concierto de Año Nuevo, cuya grandeza radica en haber sido capaz de demostrar que la globalización tiene sede en Viena, permite sustituir, por un día, la violencia del ejercicio por la melosa caricia del vals y la excitante regularidad de su aterciopelada parafernalia. Pero hasta en eso hay matices. Sobre todo desde que abandonase este mundo Willy Boskovsky, guardián de las esencias del tres por cuatro, y empezaran a sucederse importantes batutas dispuestas representar originalidad ante algo que, se mire por donde se mire, seguirá estando bien mientras siga pareciéndose a sí mismo. Todo un reto para Mariss Jansons y para el despertar al año de millones de espectadores, japoneses incluidos. No se le dé más vueltas. Aparte del espectáculo musical, la retransmisión televisiva del concierto incluirá escenas de danza clásica desde el Palacio Epstein y el Theater an der Wien, con coreografía de John Neumeier y la actuación de bailarines como Silvia Azzoni, Alenxandre Riabko o Ivan Urban. Gracias a la difusión televisada, la inmensa mayoría del público podrá disfrutar de un recital que está reservado a unos pocos privilegiados. Las 700 entradas que salen a la venta, con precios entre los 170 y los 570 euros, sólo pueden solicitarse por escrito entre el 2 y el 23 de enero de cada año. Entre las miles de peticiones (unas 30.000) se realiza un sorteo que no tiene en cuenta las ofertas económicas y en el que sólo vale la suerte. Para los menos afortunados, siempre queda ver el concierto por la tele y adquirir el CD o el DVD que la Deutsche Grammophon pone a la venta a partir del 6 y el 16 de enero, respectivamente.