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ABC VIERNES 30 12 2005 Madrid 43 Aunque no llegaron en tren, el Museo del Ferrocarril ha reunido significativas obras literarias donde realidad y ficción se dan la mano en un imaginario viaje a la Luna. Y todo antes de la legendaria misión Apolo XI de julio de 1969 Historia de una obsesión TEXTO: MABEL AMADO FOTO: ABC MADRID. Para este viaje no será necesario utilizar costosos y contaminantes medios de transporte. Iremos en el vehículo más rápido, económico y respetuoso con el medio ambiente que existe: la imaginación. Y es que ésta es la protagonista de una singular exposición que hasta el 5 de marzo se puede visitar en la Sala Eiffel del Museo del Ferrocarril (paseo de las Delicias, 61) Viajes imaginarios a la Luna es el título de la singular muestra que trasladará la visitante, a través de fantasías literarias, hasta este satélite. Dante, Ariosto, Julio Verne, Edgar Allan Poe, H. G. Wells o Hans Christian Andersen serán algunos de los autores que desarrollaron con su pluma ingeniosas aventuras interestelares con gigantescos selenitas y exploradores infatigables. Y es que la llegada del hombre a la Luna no debe fijarse por un simple calendario aeroespacial centrado en la famosa misión del Apolo XI. Aunque el 20 de julio de 1969 Neil A. Armstrong puso por primera vez el pie en la Luna, un recorrido por la literatura de todos los tiempos nos ofrece viajes interplanetarios muy anteriores a ese histórico alunizaje. Primeras ediciones Así, presidido por una singular nave espacial, el visitante se sumergirá entre primeras ediciones, ilustraciones, colecciones de cromos, tarjetas, carteles cinematográficos y objetos y enseres utilizados por ilustres exploradores surgidos de un libro. De esta manera podrá comprobar cómo el hombre ha utilizado la imaginación para recrear viajes a la Luna, ya sea en bandadas de patos, con materiales antigravitatorios, proyectiles o zuecos encantados. Por ejemplo, en la historia de una obsesión que retrata Camilo Flammarion en Los mundos imaginarios y los mundos reales o en el Viaje al mundo de Descartes donde el padre Gabriel Daniel, ya en 1692, encuentra una Luna poblada de filósofos estoicos. Y Algunos visitantes a la exposición contemplan el interior de una cápsula espacial digna de Julio Verne en El hombre en la Luna de Francis Godwin (1638) quien describe a un hidalgo español que viaja por el espacio en un singular columpio. Ya sea con lenguajes basados en notas musicales, con combates entre los ejércitos del Sol y la Luna o con gigantes bondadosos, todas estas publicaciones plantean travesías fantásticas con los pies lejos del suelo. Las encontramos para todos los gustos y edades, como en Pablo en la Luna un Anónimo que recrea el viaje de un niño en su cometa y su encuentro con la Reina Lunática XXXVII, y en un clásico, Tintín. Objetivo la Luna de Hergé. Y también en clásicos tebeos, como Los aventureros del espacio Esta exposición nos muestra cómo el hombre ha utilizado la imaginación para recrear viajes a la Luna (1931) Viaje de la tierra a la Luna (1957) o Aventuras de Pepito Rayo en la Luna en coloristas cromos, y en juegos juveniles de exploración espacial con escalas en los planetas. En esta selección con la letra escrita como centro llama la atención anuncios publicitarios como éste de La Lechera: Si se enchufaran uno con otro los botes de leche condensada que du- rante 6 años se consumen en el mundo quedaría construido un tubo de comunicación desde la Tierra a la Luna Pinocho en la Luna Hasta Pinocho se atrevió a lanzarse en globo por la estratosfera de la pluma de Salvador Bartolozzi (1917) quien le hizo crecer y casi comprometerle con la hija del Emperador de la Luna... En esta selección no podían faltar clásicos como Viaje a la Luna (Edgar Allan Poe, 1835) De la Tierra a la Luna (Julio Verne, 1865) Las aventuras del Barón Münchhausen (G. A. Bürger, 1786) Los zuecos de la felicidad (H. C. Andersen, 1835) o La Divina Comedia (Dante, 1300)