Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión VIERNES 30 12 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA PABLO S. BLESA ALEDO UNIVERSIDAD CATÓLICA SAN ANTONIO UN EJERCICIO DE DOMA ESPUÉS de 414 días sin fumar estoy en condiciones de enfrentarme a la Ley Antitabaco, que entrará en vigor pasado mañana, con el ánimo libre y cortito de pasiones. Por eso me atrevo a responder la pregunta que me formula una inteligente lectora valenciana: ¿Si el PP hubiera estado en turno de poder, se hubiera aprobado esa ley en términos parecidos a los que promovió el PSOE? Hace unos días, cuando sólo llevaba 402 sin llevarme un cigarro a los pulmones, ya escribí aquí que no entra dentro de las funciones del Estado la fijación de pautas de conducta individual Esa afirmación es, precisamente, la que provoca la cuestión que, con picardía biM. MARTÍN polar, plantea mi corresFERRAND ponsal. Así visto, contrastada la unanimidad con que la dichosa ley sale a la calle y comprobado que la libertad individual no es, como debiera, el fin último de nuestros planteamientos de convivencia sólo cabe responder: sí, la actitud del PP en materia antitabaco no hubiera sido muy distinta que la de los socialistas. La libertad individual, por muchas protestas que sobre ella hagan los unos y los otros, no es el centro de la diana de ninguno de los dos grandes partidos nacionales; tampoco, por cuestión de principios, del tercero y, menos todavía, de los grupos y grupitos de vocación centrífuga e instalación periférica. El humo del tabaco, por supuesto, molesta a los no fumadores y eso, sin necesidad de demostrar el perjuicio, es suficiente para exigir la correcta moderación- -la buena educación- -de quienes fuman; pero, sin perturbar el orden de valores clásico de la democracia, no debiera ser suficiente para atentar contra la libertad individual de fumar o dejar de hacerlo. Se supone que los fumadores, por serlo o haberlo sido, morimos antes y, en consecuencia, constituimos un notable ahorro en la asistencia sanitaria y en las pensiones con respecto a quienes, por no fumar, llegarán a centenarios y vaciarán con las prestaciones que les correspondan las arcas del Estado. Los efectos dañinos del tabaco, que son evidentes, no justifican la prohibición promovida por las fuerzas políticas que tratan de modificar los hábitos de más de un tercio de la población. De lo que se trata es de, también en el territorio de la salud, aprovechar los vientos dominantes para ejercer sobre la ciudadanía un ejercicio de doma, algo equivalente a lo que, en otros niveles zoológicos, vemos en el circo. Si la libertad fuera un valor en cotización en este decaído Continente, no sería viable una prohibición de esa naturaleza; pero no lo es y el plan para llegar a controlar nuestras conciencias se pone en evidencia: primero se rebaja el valor y el contenido educativos y, mientras se difumina el principio de autoridad, se domestica a los díscolos con castigos corporales como, por ejemplo, dejar de fumar. Perverso, pero liberticida, que es de lo que se trata. D IDEOLOGÍA, PUREZA Y MINORÍAS Para el autor, el fin de Stalin, Mao, Pol Pot o Hitler no ha eliminado de la genética humana el amor a una pureza uniforme, a una tribu perfecta, a una raza elegida. En los albores del siglo XXI, brotes de esta misma simiente siguen amenazando nuestra kantiana paz perfecta ODOS partían de un amor excelso a la raza humana y de la premisa de que habría que hacer extenuantes sacrificios para purificarla. Todos compartieron unos mismos enemigos, que no eran hombres, sino números, cráneos imperfectos, razas estigmatizadas, seres impuros, la institución familiar, las clases dominantes, los libros y, englobando a lo anterior, la moral judeo- cristiana. De entre todos, los Vlad Tepes, vampiros y diablos del siglo XX, el cariñoso y visionario Tío Joe como lo llamaba Roosevelt, ocupa un lugar privilegiado. Al hombre de acero se le atribuye la frase de que matar a un hombre es un gran crimen. Matar miles de hombres es cuestión de estadística Stalin asesinó a veinte millones de soviéticos, pero todos esos crímenes eran justificados a la luz de una causa noble, lo que Bukharin llamó la manufactura de hombres comunistas que daría lugar a una humanidad feliz. El terror a gran escala de Stalin fue criticado por su sucesor, Jruschev. Los legatarios de Stalin desistieron de los grandes designios de ingeniería social de su predecesor. Esos proyectos encontraron su más distinguido heredero en el Gran Timonel de la Revolución comunista en China. Mao emprendió dos de las políticas más destructivas de la historia: se ha contabilizado que El Gran Salto adelante y la Revolución cultural provocaron entre veinte y treinta millones de víctimas. Junto a las víctimas inocentes e indirectas de su transformación social, Mao concebía que entre los seiscientos millones de chinos había treinta millones de enemigos por exterminar. El que sus políticas y progra- T mas de exterminio supusiesen la eliminación de un sexto de la población china no preocupaba especialmente al poeta, filósofo y gran líder. Según Mao, tenemos tanta gente. Nos podemos permitir el lujo de perder unos cuantos. ¿Qué diferencia supone en realidad? Pol Pot estudió en Francia y había leído a Voltaire y Víctor Hugo, pero la inspiración de su acción política procedía de Mao. Como el timonel chino, sus Jemeres Rojos atacaron la familia, los libros, la religión y la cultura tradicional, en la justificación de que la destrucción daría lugar a una sociedad rebosante de armonía y felicidad Trastornados con asegurar la pureza de su revolución, los Jemeres destruyeron sin piedad al 25 por ciento de la población de Camboya, casi tres de los ocho millones de ciudadanos. La aportación de Hitler a las ideologías de la pureza del siglo XX no se basó en el raudal de sus asesinatos de Estado- -en las que Mao o Stalin lo superaron con creces- sino en la mezcla de tribalismo nacionalista y darwinismo social e higiene racial El tribalismo significaba la unidad de la raza, por tanto, la invasión de los espacios de otras naciones habitados por la alemanes. El darwinismo sugería la imposición de la raza fuerte sobre las débiles: el dominio germano en Europa. La higiene racial implicaba la protección del patrimonio genético ario mediante una política de biología poblacional preconizada por el profesor Eugen Fischer, rector entonces de la Universidad de Berlín. Pero la maldición de Stalin, el olvido de Mao, la repulsión