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ABC VIERNES 30 12 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA PAZ, UN PROBLEMA DE COOPERACIÓN Y ENTENDIMIENTO POR SANTIAGO GRISOLÍA BIOQUÍMICO Desde un punto de vista práctico y, a pesar de que nos gusten mucho otras lenguas, incluyendo aquellas de las minorías, que es un gran tesoro cultural, la realidad pragmáticamente hablando es la necesidad de que nuestros líderes hablen idiomas... OS o tres días antes del actual y preocupante enfrentamiento entre Irán e Israel, escribí lo siguiente, que me parece cada vez de mayor interés. Decía que, a mi parecer, la única forma de disminuir o quizás evitar el terrorismo mundial sería solucionando el conflicto israelo- palestino. Mientras esto no ocurra no habrá paz, y el terrorismo seguirá y aumentará. Tuve la ocasión de conocer los intentos de facilitar la paz en Palestina de Edward Said y de Daniel Barenboim, al que conocí hace años en un concierto en el Palau de la Música de Valencia, seguido de una cena que ofreció la directora del Palau, Mayrén Beneyto. También conocí a Edward Said durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias el año 2002, en el que recibieron conjuntamente el Premio a la Concordia. Poco después de la muerte de Edward Said tuve la ocasión de saludar a su viuda en otra reunión de los Premios Príncipe de Asturias. D perialistas y coloniales tanto europeas como las más recientes de los Estados Unidos Efectivamente, otros quieren la paz: por ejemplo, Zubin Mehta dijo a la prensa en una ocasión en Valencia, después de un concierto en el Nuevo Palacio de las Artes, que para él hay compositores que pueden ayudar a cambiar la sensibilidad social y, en este sentido, declaró que aquí y en todos los lugares del mundo después de dos horas de concierto hay un sentimiento de paz que se está generando a través de la música Naturalmente, no todos los muchos interesados por la paz, que creo son mayoría, son músicos, pero la conjunción de personas trabajando juntas y entendiéndose especialmente en un idioma es más eficaz para poder lograr objetivos que cualquier otra reunión o cumbre de las que se celebran por doquier, pero confiando en intérpretes. En la actualidad, se multiplican las reuniones llamadas a solucionar grandes problemas de la humanidad, especialmente las llamadas cumbres. No hace mucho la revista The Lancet, bajo el título De la Cumbre de la ONU 2005 al atasco de los parlanchines decía que la Sesión Plenaria de alto nivel, de la sexagésima sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas era un gran título para una burla de reunión, sin brillantez, que se celebró en Nueva York el pasado mes de septiembre. Seguía diciendo The Lancet, que esta cumbre se había criticado ampliamente y daba como ejemplo el que un columnista del New York Times la llamara la asamblea de hipócritas más grande de la historia Todos los días vemos propuestas similares, en teoría muy generosas y humanas, pero en realidad Como es sabido, Edward Said fue, además de un prolífico escritor y activista, un gran pianista y crítico de música. En el año 1999, conjuntamente con Daniel Barenboim, creó la West- East Divan Orchestra, que reúne cada verano a un grupo de prominentes jóvenes músicos israelíes y árabes, para tocar juntos. Como todos sabemos, para que una orquesta suene bien se necesita no solamente un líder, sino también una excelente compenetración y cooperación entre sus músicos. Esta, creo, es la única forma eficaz de llegar al objetivo fundamental de una posible paz. Nunca pregunté a Daniel Barenboim en qué idioma se entendía con Edward Said- -imagino que en inglés- aunque Barenboim nació en Argentina, donde también como él nacieron y emigraron después a Israel muchos refugiados judíos. Desde luego, Edward Said, aunque nacido en Jerusalén, a pesar de pertenecer a una familia árabe- cristiana, sabía muy bien inglés, porque pasó mucho tiempo en escuelas inglesas, tanto en Jerusalén y Egipto como en los Estados Unidos, donde se graduó en la Universidad de Harvard, donde obtuvo el doctorado y donde enseñó en otras universidades importantes tales como Yale o la Johns Hopkins. Durante muchos años se dedicó a defender la idea de la reunión y comprensión mutua entre las personas de origen árabe y judío, lo que le causó muchos disgustos, pero él persistió, con una gran capacidad moral y ética; no tuvo duda en enfrentarse a cualquiera que veía como un enemigo de la posible, y por él anhelada, reunión entre árabes y judíos. A Edward Said se le conoce mejor por lo que él llamó orientalismo a fin de intentar modificar los errores, sobre todo de muchas naciones, para con los países del Este. En sus palabras se lamentó del persistente perjuicio egocéntrico contra las gentes árabes e islámicas y su cultura, lo que ha servido como justificación para las actuaciones im- todos sabemos que son para obtener más la foto que un resultado eficaz, especialmente en temas como la paz, la pobreza, el hambre o la inmigración. En este sentido, ya hace muchos años el Comité de Expertos de la Expo de Sevilla, que tuve el honor de presidir y cuya Presidenta de Honor fue la Reina Doña Sofía, publicó un magnífico libro sobre muchos de estos temas. Pero mucho me temo que sigan sin solucionarse. Una de las razones, en lo que se refiere a España, es porque nuestra influencia en estas reuniones es mínima, frecuentemente porque la mayoría de nuestros líderes no pueden convencer por deficiencias idiomáticas. Todos sabemos que los traductores no pueden expresar, por buenos que sean, los pequeños detalles de la interacción directa entre las personas. Pienso que la sugerencia hecha hace unos días por varios de mis colegas, durante una comida que compartimos después de la presentación de un libro que conmemora el Centenario de Severo Ochoa, hecho en conjunción con Sanofi Pasteur MSD y el Consell Valencià de Cultura, de pedir que con estos nuevos cambios que se van a introducir en la Constitución podría requerirse que nuestras mayores autoridades conociesen al menos el lenguaje internacional que hoy es el inglés, no era mala idea. Desde un punto de vista práctico y, a pesar de que nos gusten mucho otras lenguas, incluyendo aquellas de las minorías, que es un gran tesoro cultural, la realidad pragmáticamente hablando, es la necesidad de que nuestros líderes hablen idiomas, especialmente, ahora que se recomienda que los europeos conozcan al menos dos. Desde luego, el intentar participar en una reunión política, cultural o científica sin un conocimiento, al menos básico del inglés, es un desastre. Así, en la comida a la que me he referido, recordó uno de mis distinguidos amigos, Alfonso Monfort, que si él recibiese el currículo de una persona que le solicita un puesto de trabajo, y tiene toda clase de referencias, masters, cursos y otros conocimientos, pero que no conoce idiomas, automáticamente, no proseguiría con la posibilidad de emplear a dicha persona. De hecho, Pepe Lladró me ha comentado en varias ocasiones lo mal que lo pasa en reuniones internacionales, cuando no puede enterarse de lo que se habla y se siente como un estúpido, y puedo asegurar que es un hombre muy listo. Acabo de asistir a una reunión internacional sobre los nuevos avances en medicina reproductiva, en la que han participado unos 250 miembros de la mayor parte de los países que trabajan en este tema tan importante, mediática y científicamente hablando. En él tomaron parte principal no sólo sus organizadores, los doctores Antonio Pellicer, Premio Rey Jaime I a la Medicina Clínica, y Carlos Simón, sino también el personal de su laboratorio, y todos ellos se entendieron en la actual lengua franca, el inglés.