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ABC MIÉRCOLES 28 12 2005 Deportes 89 En noviembre de 2002 el mejor alero de la historia del rugby anunciaba su retirada. Avisó de que volvería, pero nadie le creyó. Un síndrome nefrítico diagnosticado en 1996 había dejado inservibles sus riñones. El 31 de mayo de 2003 Jonah Lomu sólo sobrevivía gracias a la diálisis VELA CHRISTMAS RACE La resurrección del hombre- montaña TEXTO DOMINGO PÉREZ Los equipos españoles de Tornado y 470, líderes en Palamós ABC PALAMÓS (GERONA) El viento del norte que sopló ayer, entre 8 y 14 nudos, hizo que se pudiera cumplir con el programa previsto en todas las clases en la Christmas Race. Las tripulaciones españolas son líderes en las clases Tornado y 470, tanto en categoría masculina como en femenina. Fernando Echávarri y Antón Paz (Movistar) demostraron su potencial y no dieron opción ganando las tres mangas disputadas de la clase Tornado. En 470 masculino, Marc Patiño y Omar Juan son primeros y destacados tras realizar un primer y dos terceros puestos. En féminas, Marina Gallego y Florence Van Vianen ocupan la primera plaza, con un tercero y dos segundos lugares. En la clase Finn es líder el sueco Daniel Birgmark (un tercero y dos primeros) seguido por dos españoles, Alberto Vadell y Diego Fructuoso. El medallista olímpico Rafa Trujillo ocupa la sexta posición. En 49 er, Alberto Padrón y Javier de la Plaza ocupan la tercera posición. Lideran la general los alemanes Jan- Peter Peckolt y Hannes Peckolt. En Europe comanda la general el alemán Arne Berg, seguida de los españoles Dani Cidna y Ascensión Roca. El Láser Radial lo domina la alemana Martje Uecker, que hizo un cuarto y dos primeros puestos. La catalana Silvia Roca es segunda. La clase Láser es la más numerosa, con 50 inscritos. Domina con tres primeros lugares el danés Anders Nyholm, seguido de los italianos Regolo Michele (Solvin) y Giacomo Bottoli. La cuarta posición es para el catalán Alex Muscat. Para hoy se prevén vientos del norte entre 8 y 15 nudos de intensidad, con mar de fondo en los campos exteriores. MADRID. En la memoria de los buenos aficionados se guardan muchos momentos inolvidables. Uno de ellos se remonta al 18 de junio de 1995. Semifinales de la Copa del Mundo. Inglaterra- Nueva Zelanda. Ese día, Jonah Lomu reinventó el rugby. Inglaterra jugaba en casa, en su catedral, Twickenham. Acababa de eliminar en cuartos a Australia, la campeona del mundo. Había arrollado en el Cinco Naciones. Su delantera presumía de ser la más poderosa, dura y cruel del planeta. Era la gran favorita. Minuto 3. Lomu atrapaba el balón con una mano con la facilidad con que sujetaría una pera y se ponía en movimiento. Parecía una montaña: 1,98, 118 kilos, 10.8 como marca en 100 metros. Tony Underwood (1,78, 86 kilos) uno de los mejores alas del Viejo Continente, no tuvo tiempo ni de sentir miedo. Se lanzó a los pies del gigante neozelandés, que se lo quitó de encima como si fuera una pluma. Luego, Will Carling, capitán inglés y uno de los grandes placadores del planeta, acabaría estampado en el suelo con la bota de Lomu machacándole la nariz. Y el allblack seguía devorando metros. Quedaban cuatro para marcar el ensayo y sólo Mike Catt, el zaguero, se interponía ya en su camino. Intentó pararle, pero rebotó en Lomu y el expreso de Auckland lo pisoteó antes de marcar el primer ensayo. Logró tres más de similar factura, arrasando todo lo que le salía al paso. Días más tarde se proclamaría campeón del mundo y se convertiría en el rugbista más famoso del orbe. Hasta el fútbol americano intentó su fichaje. Estaba en plenitud de facultades. Sólo tenía 20 años. Era imparable. Jonah Lomu logró ayer el primer ensayo después de su regreso ño: volver a jugar. Pero la realidad se lo ponía cada vez más difícil. Su regreso empezaba a ser una quimera cuando se cruzó en su vida un admirador muy especial. Grant Kereama era un viejo amigo de la infancia. Se conocían de Wellington, la ciudad donde recaló la familia Lomu recién emigrada de Tonga. Aquel compañero de juegos, locutor en una emisora de radio, fue a verle y le preguntó: ¿Jonah, qué necesitas? -Un riñón nuevo, Grant. -Yo te lo doy. -Pero lo utilizaré para jugar. -No me importa. Si te lo doy es tuyo. ¡Haz lo que quieras con él! El 20 de julio de 2004 se hizo el trasplante. Cinco horas de operación y 35 puntos de sutura desde el plexo hasta el ombligo. El doctor Stephen Munn, especialista del hospital de Auckland, conociendo los deseos de su paciente, decidió colocar el nuevo riñón delante de los dos ya inservibles de Lomu, pero un poco más arriba del lugar habitual para este órgano. Lo implantó bajo el diafragma, protegido por la undécima y duodécima costillas, para intentar salvaguardarlo de futuros golpes. El camino de retorno comenzaba, pero aún fue muy largo. Que no hubiera rechazo, que se curase la herida, que aceptase la medicación, recuperarse, volver a entrenarse y, por fin, saltar de REUTERS El fatal diagnóstico Pero muy pronto comenzaría su calvario. En 1996 le diagnosticaron un síndrome genético y congénito que estaba secando sus riñones, inutilizándolos. Para cualquiera hubiera supuesto el fin, pero él era el hombre- montaña Mantuvo un duro pulso con la enfermedad. Siguió jugando. Continuó asombrando al mundo con sus carreras, pero cada día eran un poco menos rápidas y él era algo menos fuerte. El mal fue ganando poco a poco la batalla. El 23 de noviembre de 2002 disputaría su último partido. Anunció su retirada, aunque pronunció un emotivo hasta luego que nadie creyó, y se dispuso a enfrentarse a su peor enemigo. Tuvo la guerra perdida. El 31 de mayo de 2003 ya sólo sobrevivía gracias a un tratamiento continuado de diálisis. Necesitaba limpiar su sangre cada noche. Aún hoy grandes cicatrices en sus antebrazos le recuerdan lo que sufrió. Apenas podía mantenerse en pie. Eternamente fatigado, su cuerpo estaba envenenado. Le salvó su mente y un sue- nuevo a un campo. Fue hace un par de semanas en Italia, en un partido entre el Cardiff galés, su nuevo club, y el Calvisano. Sólo disputó 60 minutos. Un auténtico milagro. Ya lleva tres partidos y precisamente ayer logró su primer ensayo. Pero quiere más. Estar en el Mundial 2007. Volver a entonar el cántico guerrero de los maoríes, la temible Haka Ka mate, ka mate, ka ora, ka ora A la muerte, a la muerte, a la vida, a la vida Con 30 años y un sólo riñón, vuelve a ser imparable.