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60 MIÉRCOLES 28 12 2005 ABC FIRMAS EN ABC JUANA VÁZQUEZ ESCRITORA CONCHA ESPINA, UNA ADELANTADA A SU TIEMPO La escritora ha obrado como cualquier mujer de nuestro tiempo, con casi un siglo de antelación... N unas conferencias en Santander sobre los personajes femeninos del Quijote, coincidí con Carmen Sainz de la Maza, nieta de Concha Espina, y mediante una conversación distendida sobre la invisibilidad de muchas mujeres de valía salió a relucir su abuela. Carmen me contó una serie de anécdotas sobre la vida de la escritora que me dejaron perpleja, pues yo a doña Concha la creía rosa y me resultó morada de esfuerzo, valentía, acoso, maltrato psicológico, etc. Estas noticias me intranquilizaron, pues pensé que como yo, muchísima gente tenía una imagen distorsionada de la santanderina, y decidí averiguarlo y confirmarlos con documentación. Y he aquí que después de mucho investigar cayó en mis manos un libro: Vida y obra de Concha Espina de Gérard Lavergne, 1985. Libro que me ha llevado a escribir este artículo, para tratar de deshacer algunos malentendidos sobre nuestra antepasada. Ya que el cincuentenario de su muerte, que se ha celebrado en 2005, ha coincidido con el cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, el deshacedor de entuertos por antonomasia, trataré yo también, siguiendo tan insigne ejemplo, de deshacer algunos entuertos de esta escritora, tratando de subrayar aquellos hechos y circunstancias per- E sonales que a mi parecer son más desconocidas para el gran público. Me propongo con ello hacer algo de justicia a una mujer que llevó a gala su vocación de escritora, luchando por ella hasta convertirla en una profesión, pues incluso cuando quedó ciega, con 67 años (en el 1936) siguió escribiendo hasta su muerte (1955) por medio de unas tablillas para que las líneas le salieran rectas. Se lee en el libro que Concha Espina se encontró recién casada obligada a ganarse la vida, y a conocer los deberes y las cargas que impone una responsabilidad que, según ciertos códigos, es normalmente asumida por los hombres... (todo esto) en una situación familiar relativamente mala y de unas relaciones con su esposo a veces tensas. Es incluso posible que le pegara, según testimonios recogidos entre vecinos y conocidos En esta situación, Concha Espina intenta ganar con su pluma los medios de asegurar su subsistencia y la de su hogar Algo que le molesta al orgulloso marido, don Ramón que no admite que su mujer, por su trabajo, se haga cada vez más célebre, ni que sea ella quien subvenga a los gastos de la casa. De modo que la paz del hogar es frecuentemente turbada por los malos humores de un esposo violento y corto de miras Este ambiente se va enrareciendo cada vez más y doña Concha es sujeto de maltrato psicológico. En esta línea, un día la escritora encuentra sus Pastorelas escritas con gran esfuerzo la víspera, hechas pedazos sobre la mesa. La actitud hostil del marido se había manifestado una vez más. Ella recoge los trozos, los junta como quien hace un puzzle, y no dice una palabra. Pero ha tomado una resolución Poco tiempo después se separa del marido; ha triunfado pues su vocación de escritora y su valentía de mujer ante el despecho y el autoritarismo de don Ramón. La escritora ha obrado como cualquier mujer de nuestro tiempo, con casi un siglo de antelación, en una muy mala situación económica y con tres hijos pequeños a su cargo. Es una mujer con carácter que no sucumbe a los códigos sociales de su tiempo y atrapada en la autoridad marital, deja de lado la literatura pensando que la mujer se debe por entero a su esposo y ANTONIO LAGO CARBALLO ESCRITOR MARÍAS, EL AMERICANO S I Ortega confesó al humanista mexicano Alfonso Reyes que le agradaría ser apodado Ortega el americano, al igual que la historia antigua denomina a Escipión el africano, con más títulos merecería Julián Marías recabar para sí el título de americano: tan pronto como en 1951 hizo su primer viaje a tierras australes. Lo inició en Lima y lo continuó en otro lugar clave: el Cuzco, allí donde se fundieron las dos culturas madres del Perú. Desde entonces fueron muchas las veces que cruzó el Atlántico. Desde México a la Argentina su curiosidad de viajero culto y apasionado le permitieron llevar a cabo esclarecedores análisis tanto del pasado de aquellos pueblos como de su realidad presente. En ocasiones una intuición suya daba la clave para la interpretación de grandes hechos históricos. Por ejemplo, cuando explicó las dos concepciones que a su juicio diferenciaron la formación de la América del Norte y la de la América hispánica. La primera es el trasplante: las sociedades europeas se trasplantaron al suelo americano para formar sociedades enteramente europeas. Los españoles hicieron algo diferente, un injerto, que es la introducción en una planta de un elemento vivo con yemas de otra planta. La planta receptora, continúa y se modifica, da otros frutos, se espera que mejores. Eso fue lo que caracterizó la empresa española en América. De cuantas ideas ofreció Marías en torno a la relación de España con Hispanoamérica, una sobresale España tiene que desempeñar una función delicada y esencial respecto de la América española: tiene que ser su plaza mayor ¿Qué quería decir con esto? Pues que una plaza es un centro de convivencia donde se compra y se vende, se admira, envidia y dialoga. En esa plaza mayor se celebraría el permanente certamen de los pueblos jóvenes, que encontrarían una mayor densidad, crítica y normas por su parte, los españoles, tendríamos que librarnos de toda superioridad y evitar la frivolidad y el paternalismo. En la extensa obra de Julián Marías, las muchas páginas escritas con Hispanoamérica como tema, bien merecen ser recordadas y meditadas en esta hora de duelo y esperanza. que las bachilleras no eran una buena opción en el matrimonio, sino todo lo contrario, sobrepone la dignidad femenina y de su obra por encima de falsas convenciones sociales machistas. Su calvario (psicológico y ¿físico? habia durado 16 años Después de separada, Concha Espina se viene de Santander a Madrid con sus tres hijos a pesar de los movimientos de repulsa que suscita esta decisión. ¡Una mujer sola, irse a Madrid a vivir de su pluma y mantener con ella a su familia! Para ello vende una sortija de la que saca dos mil pesetas, una fuerte suma en aquella época, y, con este dinero, sus hijos y una novela no publicada, nuestra autora, a los cuarenta años, sale a la conquista de la capital y de una posición que le permita criarlos Comprobamos, pues, que Concha Espina subvierte el código que había heredado de una familia tradicional y con convenciones ancestrales, ya que en una época en que la mujer tenía pocas posibilidades de vivir sola y decentemente, sin ser monja, la escritora desprovista de fortuna, de empleo y esposo, se orienta resueltamente por un camino cultural, literario y de vida para el que no había sido preparada. Como escritora también Concha Espina es una adelantada en su tiempo, y en este aspecto, al ser invitada por su hermana a Astorga, doña Concha encuentra al pintor Monteserín, que le habla del drama de la Maragatería, y allá se dirige recorriendo un lugar en el que no hay prácticamente más que mujeres, pues todos los hombres se han ido... La escritora se empapa de esta realidad social y fruto de ella, y de sus conversaciones e investigaciones, es una de las más famosas de sus novelas: La esfinge maragata donde se denuncia la dura situación de las mujeres, reducidas a la esclavitud por una vida conyugal intolerable. La otra novela en que también sobresale lo social y la anterior preparación e investigación in situ antes de la escritura, es El metal de los muertos que trata de una población minera de Riotinto. Aquí denuncia la miserable existencia de los mineros que planean y realizan una huelga justa. Podríamos seguir sumando datos que configuran una mujer moderna, luchadora, defensora de su actitud como escritora y como ser humano ante una situación social contraria a las mujeres y a los desheredados, así como valiente ante los peligros que le acechan, sin reparar para nada en los obstáculos de discriminación de la mujer que la condicionan. Concluiremos, diciendo, pues, que más que una doña Concha rosa de mariposas, pajaritos, luces, fiestas y agasajos, Concha Espina es, sobre todo, una mujer morada llena de sufrimientos, obstáculos y dificultades que le impiden desarrollarse con tranquilidad como una escritora, pero que su valentía, hace que no se lo impidan. Es en definitiva una mujer libre, independiente y dueña de sus pensamientos y de sus actos No entiendo, pues, por qué ha pasado tan desapercibido el cincuentenario de su muerte.