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ABC MARTES 27 12 2005 Deportes 87 Ben Johnson, el recordman de la trampa Recluido en algún lugar de Canadá, dedicado a la instrucción de jóvenes atletas, repudiado por la comunidad internacional y estigmatizado para siempre como el pionero de la trampa, Ben Johnson insistía recientemente en The Times Al margen de lo que hice, sigo siendo el mejor atleta de todos los tiempos. A la mayor parte de la gente le encanta el entretenimiento y yo sé de qué va esto Lo dice el hombre que voló en Seúl 88 hasta los 9.78 impulsado por el estanozolol, un esteroide anabolizante que cinceló aquellos hombros hercúleos, esos trapecios descomunales que le dieron la celebridad y la ruina. Johnson fue precursor en todo. También en la estafa. Dio positivo en Seúl y reapareció con piel de cordero, aparentemente rehabilitado. Nada de eso. Los laboratorios volvieron a cazarle y él se puso digno. Se sometió voluntariamente a controles periódicos. Sólo pasó uno. Dio positivo en el segundo. Tres veces condenado. Y pasados quince años aún lo justifica: Mientras haya dinero y jóvenes con ambición, el atletismo no estará limpio EPA gos) como animal de compañía para demostrar que las vísceras del animal producían nandrolona en cantidades exageradas. Después de sacrificarlo como en una matanza, no encontró laboratorio que lo analizase. El nadador de larga distancia se valió de su dotes de showman para de- fender su positivo. La culpa fue del sarapatell, un plato típico de Brasil con vísceras de cerdo no castrado. Por eso protagonizó la fuga de Alcatraz y cruzó la bahía de San Francisco sin grilletes y con tiburones al acecho. Hay positivos por omisión. Ni rastro de lo que se dice. Kenteris y Tanou, los Fernando Alonso de Grecia, esquivaron el control previo a los Juegos de Atenas por un accidente de moto que no se consignó en ningún hospital. Y John Ngugi, el militar cinco veces campeón mundial de cross, quien rechazó hacerse un control porque no tenía la autorización de mis superiores